Columnas

Empatía y comprensión en tiempos de pandemia

Lugar Hermenéutico

Todos sabemos dónde empezó o por lo menos nos han hecho creer que empezó en una ciudad de la China a finales de 2019, pero nadie se atreve a predecir cuándo, dónde y como concluirá la pandemia que azota a la sociedad global.

En las condiciones actuales suena incluso arrogante asegurar que sobreviviremos para contar el final de ésta, ojalá que así sea, pero realmente al ver como sucumbieron los sistemas de salud de países del primer mundo, aterra pensar como nos ira por estos lares al llegar al pico de la pandemia.

Por si fuera poco, segundo a segundo van y vienen millones de mensajes por las nubes de información y desinformación, una verdadera avalancha de datos y el constante torbellino de símbolos en un contexto tan complejo, convulso y dinámico como el que vivimos.

Ello hace que necesariamente hagamos un llamado a despertar o estimular nuestro sentido de la interpretación, nuestra empatía, como capacidad de ponernos en los pies del otro, así como desarrollar nuestra disponibilidad mental de escrudiñar lo que hay detrás de los constantes mensajes que nos llegan de todos lados y de todas las formas posibles.

En una sociedad tan fragmentada como la nuestra, donde el pensamiento crítico no es una virtud que se ejercite en las familias o en los sistemas educativos, no siempre se logran aplicar frases como las del eco teólogo brasileño Leonardo Boff, cuando anota que “cada punto de vista es probablemente la vista desde un punto”, vaya frase maestra.

Por ello, mucho más valiosos que presumir de tener acceso a ese torbellino de datos que inundan nuestro espacio real y virtual en cada momento, los elementos que vemos o leemos simple y sencillamente es la visión de algo o de alguien, no tiene por qué ser correcto o incorrecto, es simplemente la comprensión de su algo, de su espacio muchas veces quizá mucho más estrecho de lo que imaginamos.

Ponerse en el lugar de quien escribe un texto o bien emite una opinión y comentario, analizando ampliamente su contexto, puede ser un buen ejercicio para comprender la dimensión y alcance de sus opiniones.

En momentos tan difíciles como los que vivimos, es fácil hacer un llamado a quedarse en casa, cuando se tiene la estabilidad económica para soportar una semana, un mes, un año o toda una vida para vivir tranquilamente, una realidad lejana para más del 50% de la población en Guatemala que vive en extrema pobreza.

No es lo mismo hablar de los efectos económicos de esta pandemia, desde una oficina de gobierno, un cómodo foro virtual entre “expertos”, una columna de prensa, desde un set de televisión, que vivir los efectos desde la venta ambulante, el desempleo o la sequía del campo.

Pero como escribiese un filosofo italiano, “hay que ver las cosas con la negatividad de la razón, sin perder el optimismo de la voluntad”.  sea esta voluntad las que nos permita sobreponernos a la realidad.

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