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Nos estamos sacrificando ¿y el gobierno?

Evolución

Luego del irresponsable, exorbitante y escandaloso aumento de la deuda pública aprobado por el Congreso en complicidad con el Ejecutivo, el gobierno no tiene argumento alguno para quejarse de falta de recursos. Un incremento en la deuda pública que equivale a más de la mitad de los ingresos fiscales de un año completo son más que suficientes para que el gobierno “sobreviva” varios meses y aún tenga recursos más que suficientes para gastar en programas puntuales relacionados con el manejo de la crisis, como los costos de los servicios médicos y algunos programas de asistencia a la población más vulnerable. Esto, por supuesto, si se focalizan y priorizan los recursos y, sobre todo, si no se pierden en la corrupción intrínseca al aparato estatal y la burocracia esclerótica.

El sector productivo del país está atravesando una situación muy complicada y lo que se viene será peor. Ya expliqué que se viene una recesión mundial, que este incremento monstruoso en la masa monetaria derivado la obscena deuda provocará una inflación sin precedentes – pérdida del poder adquisitivo de la moneda e incremento generalizado en los precios – y que a ello se sumará también una fuerte devaluación del quetzal debido a la caída de las remesas por la situación en Estados Unidos y a la irresponsabilidad del Banco de Guatemala en dizque favorecer ciertos intereses. La paralización de la economía ya está repercutiendo en despidos y, por todas las circunstancias que he expuesto, este problema solo se agravará. Hoy el sector productivo está haciendo enormes sacrificios para sobrevivir, lo que es necesario para preservar el empleo, lo que a su vez evita una caída en un espiral más estrepitoso; y es tiempo que el gobierno haga su parte y se sacrifique también.

Empecemos por reducir el gasto público en forma drástica, como hoy lo tienen que hacer muchas empresas. Empecemos por eliminar esos pactos colectivos abusivos que otrora se les otorgaron a sindicalistas mafiosos y que representan costos crecientes e inmorales. Eliminemos todos esos programas de gobierno innecesarios y que únicamente son focos de corrupción. Eliminemos todos esos programas de “obras” que solo sirven para engordar los bolsillos de oenegeros y políticos corruptos. Desaparezcamos agencias burocráticas innecesarias o que duplican funciones y reduzcámoslas a su expresión mínima necesaria.

Este miércoles el CACIF interpuso un amparo en contra de la Superintendencia de Administración Tributaria para que se prolongue la suspensión del pago de impuestos mientras duren las restricciones impuestas durante el estado de calamidad. Lógicamente con el cierre forzado de muchas empresas y restricciones de horario para otras, éstas no están percibiendo los ingresos necesarios para afrontar sus obligaciones contractuales, laborales y por supuesto que también fiscales. Es inmoral que el gobierno pretenda por un lado cerrar empresas y por otro cobrarles impuestos cuando no están generando ingresos. Esperemos que la Corte de Constitucionalidad esta vez tenga la sensatez y la decencia de hacer lo correcto y suspenda el pago de impuestos hasta que se normalice la situación.

Pero más allá de una suspensión coyuntural, se necesita dar certeza y sobre todo confianza a todo el sistema económico de manera que se estimule la actividad económica y se incentive la inversión. La forma correcta y certera de hacer esto es que gobierno y congreso den un mensaje claro de respaldo al sector productivo del país y den una amnistía temporal por un tiempo prudente para estabilizar la economía; que se elimine de una vez por todas el inconstitucional y confiscatorio Impuesto de Solidaridad (ISO); que se reduzca el Impuesto Sobre la Renta  a una tasa del 15% sobre utilidades o del 3% sobre ingresos para estimular la inversión; que se reduzca el Impuesto al Valor Agregado a una tasa del 8% para estimular el consumo; y que se eliminen o reduzcan aranceles al máximo para abaratar costos de insumos, materias primas y bajar los precios de los bienes para los  consumidores. Estos últimos tres durante al menos dos años.

Concluyo con dos ideas importantes a tener en cuenta. Primero, de nada sirve al gobierno mantener los esquemas impositivos actuales en una economía colapsada. La mejor estrategia para los intereses del propio gobierno es dinamizar la economía puesto que solo así puede tener la expectativa de que los recursos fiscales tampoco caigan drásticamente. Si a ello se agrega la inmensa deuda que ahora tendremos que pagar, tiene mucho más sentido aún la estrategia de dinamizar la economía y reducir el gasto, de otra forma no habrá impuestos que alcancen para mantener el gasto y pagar la deuda a la vez. Segundo, esta crisis es mundial, todos los países del mundo están en situación similar. Y todos los países del mundo adoptarán medidas para salir adelante, unas más efectivas que otras. Eso nos pone en una competencia férrea con el resto del mundo, por lo que en la medida que nuestras políticas públicas sean más atractivas en comparación a las de otros países, tendremos mejores posibilidades de salir adelante; como más posibilidades tendremos de hundirnos aún más si permitimos que nuestro gobierno se equivoque.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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Alejandro Baldizón

Abogado y Notario, catedrático universitario y analista en las áreas de economía, política y derecho.

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