
Prensa Libre (Segunda Parte)
Teorema
Un estimado lector observó que en la parte final del artículo anterior cometí un desliz: Escribí Pedro Julio (en vez de Isidoro) cuando referí que él, y dos embajadores, habían sido asesinados por la guerrilla. Mis disculpas por tal error. Otro lector aportó un dato valioso: Ramiro Samayoa ayudó a completar el dinero que hacía falta, comprando publicidad anticipada para el cine Reforma y otros de su propiedad. Además, hizo un préstamo a Álvaro Contreras y a Salvador Girón para que ellos pudieran completar su cuota de participación en el nuevo periódico. De un tercero recibí la siguiente información: María Mercedes, hija del fundador Salvador Girón Collier, preside el Consejo de Administración y Christian Blank nieto del mismo fundador es su CEO. Confieso ignorancia de la parte administrativa de Prensa Libre. Me he referido exclusivamente a la parte editorial y noticiosa. Sin embargo, ofrezco mis disculpas a esas dos distinguidas personas por haberlos omitido.
Pedro Julio García nació en la ciudad de Guatemala el 14/2/1922. Su carrera periodística empezó cuando tenía 17 años. Siendo aún muy joven, a los 21 años, fue nombrado Director de Nuestro Diario (1943). El régimen de Ubico empezaba a declinar. Un año después, 311 ciudadanos le pidieron a Ubico que renunciara (24/6/1944). Su respuesta fue censurar a la prensa independiente. Pedro Julio en Nuestro Diario y David Vela en El Imparcial clausuraron sus ediciones, lo que aumentó la presión sobre el presidente, quien renunció una semana más tarde. Siete años después, aquel joven dirigía Prensa Libre, dotándola de un carácter institucional austero, riguroso, noble, disciplinado e idealista.
Pedro Julio se graduó como periodista en la USAC e hizo estudios de postgrado en la Universidad de Austin, Texas. Fue profesor en la Escuela Centroamericana de Periodismo y maestro de connotados periodistas. El 8/10/1983 fue secuestrado frente a su casa poco antes de medianoche por miembros del PGT (ellos se hicieron responsables del hecho). Ofrecieron liberarlo a cambio de publicar en Guatemala y en otros países, un manifiesto sobre su 34 aniversario. Pedro Julio permaneció dos semanas en cautiverio, temiendo por su vida.
Pedro Julio, también fue compositor y cantante; participó con éxito en varios certámenes. Álvaro Contreras, quien también era compositor, más de una vez, jodón y cariñoso, se refirió a él como el “Grillito cantor”. En 1991, Taiwán lo reconoció como el mejor periodista de Latinoamérica, una distinción honrosa y muy merecida. En 1991 recibió la Orden del Quetzal. El editorial de Prensa Libre ―artículo que refleja la opinión editorial del diario, su postura responsable― fue responsabilidad de Pedro Julio. Sus editoriales los distinguía, su coherencia, congruencia y consistencia. Además, de ser escritos con una prosa cultivada, los caracterizada el empleo de las palabras precisas. Más que comentar un hecho, aportaba información al lector y lo invitaba a reflexionar. No le interesaba entretener, lo suyo era opuesto a lo superficial.
Tuvo dos hijos, Dina y Gerardo. Pero fue su nieta Dina Fernández (soy502) su sucesora como periodista. Una larga y penosa enfermedad lo condujo a la muerte física el 13 de diciembre de 2001.
Álvaro Contreras Vélez nació el 8 de abril de 1921, en San José, Costa Rica. Su familia se estableció en Guatemala, permanentemente, cuando él tenía doce años, en 1933. Hubo ecos de leyenda en sus palabras cuando relató que, con solo 14 años, mientras cursaba el último grado de primaria, se armó de valor y llegó a las oficinas de El Imparcial, periódico líder de la época, donde pidió hablar con David Vela, su director. Cuando lo recibió, le dijo: Quiero ser periodista. En aquellos días era usual que algunos talleres recibieran jóvenes en calidad de aprendices, pero eso era propio de carpinterías, herrerías, zapaterías, sastrerías y otras ocupaciones manuales. Pero no en periodismo. A Vela debió sorprenderle el desparpajo de Álvaro y lo presentó con el abogado y escritor Carlos Rodríguez-Cerna Rosada y con su colega fundador Alejandro Córdova. Lo aceptaron, creando el puesto de Reportero escolar, cargo que lo hizo saberse importante y madurar prematuramente.
Digresión: El Imparcial fue fundado en 1922 por David Vela, Alejandro Córdova y Porfirio Barba Jacob, tres hombres que contribuyeron a consolidar la alta calidad literaria y noticiosa de los periódicos de hace un siglo. Esa fue la cuna periodística de Contreras Vélez donde hizo varios reportajes, sin recibir sueldo, pero unos meses después, antes de cumplir 15 años lo trasladaron al semanario Acción ya con sueldo.
Después fue contratado como reportero en Nuestro Diario, con un sueldo de diez quetzales mensuales (unos dos mil de ahora). Allí estuvo hasta cuando algunos funcionarios y adeptos al gobierno de Árbenz, se convirtieron en socios de ese periódico, comprometiendo la preciada libertad editorial. Pedro Julio García, director de ese diario protestó, buscaba salvaguardar la independencia, pero fue despedido. Álvaro y otros reporteros, en un acto de solidaridad con su director, también protestaron. Los despidieron a todos. Finalmente, Álvaro, otros cuatro periodistas y un industrial, fundaron Prensa Libre.
Recibió más de trescientos diplomas y varias medallas otorgadas por Instituciones guatemaltecas y extranjeras. Formó parte activa y como director de los Bomberos Voluntarios. Rigoberto Bran Azmitia, en nombre de la Hemeroteca Nacional lo declaró oficialmente «Decano de los columnistas guatemaltecos«. El Gobierno de Jorge Serrano otorgó la Orden del Quetzal en el grado de Gran Oficial a Prensa Libre y sus cinco fundadores (dos ausentes por fallecimiento). Al recibir tan justa y merecida distinción, los fundadores, a su vez, honraron esa presea algunas veces otorgada con cierto descuido.
Álvaro publicó más de catorce libros, compuso nueve canciones, algunas adquirieron fama internacional. Muchos que vivimos buena parte del siglo pasado, recordamos la letra y la música de “Lo llaman pecado” (los que no saben de amor), con la que obtuvo un lugar destacado en un certamen español de 1958.
A principios de 1982, Álvaro Contreras Vélez fue secuestrado en su casa con suma violencia (asesinaron a una persona a su servicio) y a él lo sacaron amordazado y lo tuvieron en cautiverio durante seis meses. Guerrilleros del PGT ordenaron publicaciones a cambio de liberarlo, después de cumplir ese requisito exigieron dinero como rescate el cual fue pagado. Aún así lo retuvieron en cautiverio varios meses más, hasta el 31 de julio de ese año, cuando fue liberado. Una vez recuperado de su infame calvario, volvió a sus actividades habituales y escribió “Los ruidos del silencio”, libro en el que narra su secuestro.
Quiero cerrar esta serie de artículos sobre Prensa Libre en una tercera parte, refiriendo hitos de la vida de los otros dos fundadores y los descendientes suyos que también se convirtieron en periodistas y escritores de columnas de opinión, pero no puedo dejar de relatar una nota personal: El domingo 30 de julio de 1995 en la noche, cuando ponía el pijama a mis hijos sonó el teléfono. La llamada era de Álvaro, para felicitarme por el artículo que había publicado esa mañana, con el título “La madame”, sobre la señora Menchú. Me contó que estaba en su casa con Pablo Royer (padre) con quien había discutido aquel escrito y decidió llamarme. Aquel fue el mayor elogio que recibí jamás, venía del gran maestro y él no solía elogiar a nadie.

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