
El legado de Alaíde Foppa
Convencida de que el mundo que se avecinaba le tenía reservado un nuevo papel a la mujer, Alaíde Foppa dedicó su vida a luchar por el feminismo y la revolución. Treinta y seis años después de su desaparición a manos del Ejército de Guatemala su legado se abre paso en la memoria.
Poetisa, escritora y crítica de arte, Alaíde Foppa fue sobre todo una revolucionaria del pensamiento. Una “mujer de vanguardia”, en palabras del ministro de Cultura de Guatemala, José Luis Chea.
Hija de un diplomático argentino y una concertista de piano guatemalteca, Alaíde es una de las intelectuales más queridas del país. Educada en la Europa de entreguerras, llegó a Guatemala en 1944 en busca de sus raíces, relata su hijo Julio Solórzano Foppa.
Alaíde encontró en aquella Guatemala revolucionaria que despedía la dictadura de Jorge Ubico una relación pasional con Juan José Arévalo, convertido entonces en el primer presidente popularmente electo en el país centroamericano.
“Mi madre nunca dejó de aprender. Empezó como una feminista influenciada por los movimientos americanos y europeos de los años 60 para después profundizar en el papel de las mujeres trabajadoras e indígenas”, señala su hijo Julio en una entrevista.
En pocos años, Alaíde se convirtió en un referente para el feminismo en América Latina: se integró en agrupaciones de mujeres, organizó exposiciones y fundó la revista Fem, uno de los primeros semanarios de México desde el que trasladó al público latinoamericano las ideas de pensadoras como Simone de Beauvoir.
A pesar de su exilio, los Solórzano Foppa nunca olvidaron su revolución, y varios de los hijos de la familia se involucraron en el conflicto armado.
Víctima de su compromiso con las mujeres, Alaíde Foppa desapareció, junto a su chofer, el 19 de diciembre de 1980, en uno de sus viajes a Guatemala.



