
Pese a su aislamiento, la región sigue afrontando estrés indirecto por la disrupción del estrecho de Ormuz
Por: Christian Anguiano
América Latina tiene una exposición directa limitada a la disrupción prolongada del estrecho de Ormuz y una dependencia mínima de los suministros energéticos de los países del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo, pero los efectos secundarios podrían agravar los desafíos crediticios a los que se enfrenta la región. La mayoría de los sectores empresariales de América Latina presenta una exposición moderadamente negativa a las restricciones globales de suministro energético, que esperamos se prolonguen hasta el otoño del hemisferio norte. La vulnerabilidad se manifiesta principalmente en forma de precios de la energía más altos, condiciones financieras globales más restrictivas y menor apetito por el riesgo, más que en vínculos comerciales o de producción directos.
- América Latina es en gran medida autosuficiente en energía, con una exposición limitada al suministro de Medio Oriente. Aun así, los precios globales de la energía persistentemente altos y volátiles aumentarían los costos de producción, y el aumento de los precios del diésel, en particular, haría subir los costos de transporte y alimentos. Esto podría agravar las presiones inflacionarias y retrasar o interrumpir los ciclos de flexibilización monetaria en toda la región. Un período prolongado de tasas de interés más altas complicaría, a su vez, los esfuerzos de consolidación fiscal. El incremento de los precios de los combustibles también plantea una difícil disyuntiva: trasladar los costos a los consumidores podría intensificar las presiones sociales, mientras que absorberlos mediante subsidios incrementaría los déficits fiscales.
- El prolongado conflicto tiene implicaciones crediticias mayormente indirectas para las empresas no financieras de América Latina. Estas incluyen mayores costos operativos y la perspectiva de condiciones financieras más restrictivas. Los riesgos son más claros para los sectores intensivos en energía, incluyendo aerolíneas, y fabricantes de productos químicos y materiales de construcción. Para los productores de commodities, los mayores costos de logística, flete y energía pesan sobre la rentabilidad, mientras que una demanda global más débil o volátil ejerce presión sobre los materiales cíclicos, en particular los metales intensivos en energía.
- Los operadores de infraestructura enfrentan riesgos indirectos derivados del aumento de los precios de la energía, tasas de interés elevadas, inflación persistente y un menor crecimiento económico general. Los altos precios de la energía representan la mayor amenaza para la calidad crediticia de las empresas de generación eléctrica, aunque el riesgo varía según la combinación de combustibles, las condiciones hidrológicas y la estructura contractual de cada empresa. Las generadoras de energía de Chile (A2 estable) y Colombia (Baa3 estable) serán más vulnerables a los altos precios del gas natural licuado (GNL). Es probable que los altos precios mayoristas de la energía se traduzcan en un retraso en la recuperación de costos de las empresas reguladas de servicios públicos. Los aeropuertos y las autopistas de peaje enfrentan un riesgo más gradual derivado de una menor demanda de viajes.
- El impacto directo en los bancos latinoamericanos es limitado y, en términos generales, neutral. Su sólida capitalización, amplia liquidez y franquicias locales diversificadas les ayudarían a absorber cualquier shock externo a causa de un conflicto prolongado. Además, la región no tiene una exposición directa significativa a Medio Oriente a través de carteras de préstamos, actividades comerciales o estructuras de financiamiento. El impacto indirecto del conflicto adoptará la forma de presiones inflacionarias y sobre las tasas de interés, junto con posibles shocks en la demanda y las cadenas de suministro.



