
Jay-Jay Okocha y compañía – los genios africanos antes de Drogba y Eto’o
Hoy en día, los aficionados al fútbol están obsesionados con la estadística pura: contamos los goles esperados, los kilómetros recorridos y cada acción medida al detalle. Pero en los años noventa el fútbol era distinto. Los jugadores africanos llevaron a la Europa pragmática la magia del fútbol callejero. Actualmente, las grandes marcas lanzan promociones y ofertas exclusivas para Guatemala o Asia con el objetivo de ampliar su audiencia. Sin embargo, hace treinta años lo que atraía al público era el talento en estado puro. Jay-Jay Okocha se convirtió en el rostro de aquella generación. El mediocampista nigeriano saltaba al campo para divertir a la gente. Muchos niños en África soñaban con jugar como él. Los aficionados iban al estadio no solo para ver un partido, sino para disfrutar de sus regates, su creatividad y esos trucos que convertían cada encuentro en un espectáculo.

El futbolista que no tenía prisa
Okocha poseía una técnica única. El balón parecía pegado a sus botas. No perseguía los títulos con la misma ansiedad que las estrellas modernas. Jay-Jay regala emociones. Su gol legendario ante Oliver Kahn en la Bundesliga quedó grabado en la historia: dejó en el suelo a toda la defensa y al guardameta con una sucesión de amagos imposibles. Desafiaba la gravedad y se burlaba de sus rivales. Los aficionados del Bolton y del PSG lo querían más por lo que hacía sentir que por los trofeos ganados. Jugaba con una sonrisa, convirtiendo un partido tenso en un auténtico carnaval. Sus movimientos eran tan ligeros que parecía bailar sobre el césped. A menudo, los rivales no sabían qué iba a hacer a continuación.
A su lado brillaron también otras leyendas de aquella época:
- George Weah – el único africano en ganar el Balón de Oro.
- Nwankwo Kanu – un delantero de casi dos metros con técnica de mediapunta y campeón olímpico.
- Abedi Pelé – el motor del Olympique de Marsella que conquistó la Liga de Campeones.
Esta lista confirma la grandeza de la escuela africana. Fueron ellos quienes abrieron el camino hacia los grandes clubes para las generaciones futuras. Niños de todo el mundo aprendían viéndolos, rebobinando una y otra vez viejas grabaciones de partidos.
El legado de un estilo
Didier Drogba y Samuel Eto añadieron más tarde atletismo y disciplina a ese talento natural. Se convirtieron en auténticas máquinas de ganar. Pero Okocha y los suyos siempre fueron artistas. El deporte moderno se ha transformado en una industria del entretenimiento. Los clubes generan promociones de apuestas y ofertas exclusivas personalizadas para apostadores de Guatemala y otros países, monetizando cada paso del aficionado. Sin embargo, el carisma no se puede comprar. Jay-Jay Okocha demostró al mundo que el fútbol es, ante todo, un juego. Sus regates se recuerdan más que el marcador final. Los aficionados aún lo evocan con una sonrisa, y su estilo sigue inspirando a los futbolistas de hoy.
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