Editoriales

La difícil tarea de un juez

Analizar un caso en el que se deben vincular las acciones de 57 personas, quienes además tienen relación con otros casos, es una tarea de suyo difícil.

Se requiere, sin duda, de una amplia capacidad de atención, de análisis, de abstracción y de síntesis para poder concluir sobre la responsabilidad que cada uno tenga, según el papel que haya jugado en el caso.

Por todo ello, ser juez o, lo que es mejor, ser un buen juez, no es una tarea fácil. Principalmente si se toma en cuenta que aplicar la ley y administrar la justicia implica una responsabilidad grande porque es echarse sobre los hombros la libertad de otros.

Ayer, después de 27 jornadas, finalmente concluyó la audiencia de primera declaración en el caso Cooptación del Estado. En él se encontraban vinculadas 57 personas, a quienes se acusaba, entre otros delitos, de asociación ilícita, lavado de dinero, cohecho activo, cohecho pasivo y financiamiento electoral ilícito.

En las diferentes sesiones se pudo escuchar a varios de los acusados, pues algunos prefirieron no declarar y solo ser representados por un abogado. También se escuchó a la parte acusadora, en este caso representada por el Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Cada quien, por supuesto, dándole sentido a sus argumentos para convencer al juez de la inocencia o culpabilidad de cada acusado, según fuera el caso.

La última parte de las exposiciones formales le correspondió al juzgador, quien usó cinco días para mostrar sus análisis sobre lo sucedido, para luego emitir su resolución, la cual en ningún caso equivale a una sentencia.

Miguel Ángel Gálvez, el juez de Mayor Riesgo B, tiene la particularidad de ser extenso y detallista en sus argumentaciones. Al final, en su fallo decidió que 53 de los 57 acusados enfrenten juicio. Y para cada uno de ellos, ofreció una explicación de el porqué lo decidió así, delito por delito.

Eso hizo de estas últimas jornadas amplios períodos de exposición, cansancio y hasta sueño.  Incluso hubo críticas hacia el juzgador, señalándolo de exagerado y exhibicionista. Pero en realidad lo que sucede es que en este país no estábamos acostumbrados a juicios de este tipo. Mucho menos a la intervención detallista de un juzgador. Y por si esto fuera poco, tampoco a juicios de esta naturaleza. Claro, esta es la primera vez que llevamos a funcionarios de alto calibre, incluido un presidente y una vicepresidenta, al banquillo de los acusados. Eso debiera ser suficiente para entender el por qué de la tardanza en las sesiones.

Pero en fin, el proceso finalizó. Al menos en esta primera fase. Ahora vendrá el juicio, donde tanto los acusadores, MP y CICIG, como los defensores, deberán sacar todas sus armas disponibles para demostrar lo que sustentan.

De momento, las cartas parecen estar del lado de los acusadores, pues durante esta primera parte, la defensa fue pobre y de ahí que sus clientes sigan guardando prisión preventiva.

Redacción

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