
Muy pronto
Es detestable de que manera se ensucia la memoria de Pavel Centeno por altas autoridades, que en una reciente conferencia de prensa vertieron afirmaciones falaces, tales como que al momento del torpe allanamiento que terminó con la muerte trágica del exministro, este se encontraba borracho. Tal vez lo más despreciable sea la manera en que algunos ciudadanos les hacen coro en las redes sociales, tratando a la víctima como a una persona vil, e incluso condenándolo por actos de corrupción de los que, ya está más que claro, no tuvo responsabilidad alguna. Son, sin duda, los síntomas de una parte de la sociedad enferma de cobardía, que teme a la descalificación social si se descarrila de los asquerosos rieles de la corrección política.
Viendo cómo nos restriegan en las narices toda esa suciedad, no me extraña que se esté urdiendo en mi contra una conspiración para desacreditarme, o incluso para encarcelarme, utilizando para ello a fiscales que comentan acerca del asunto en reuniones públicas. Parece que el embajador cree que soy el responsable de que en lugar de haber en la cárcel tres mil veteranos de guerra, como sucede en Sudamérica, solo haya unas pocas decenas de nuestros héroes guardando prisión. Cree también que soy el responsable de que no se hayan concretado pagos corruptos, como el de casi Q80 millones que no se atreven a hacer efectivo con nuestros impuestos a la fundación Myrna Mack.
Piensa el embajador también que soy el culpable de que ya muchos, muchísimos, le hayan perdido el respeto por haberlo expuesto tanto a él como a Iván Velásquez como lo que son: un par de inmorales que pretenden cambiar la Constitución con la intención de implementar en nuestro país una agenda socialista, aliándose con terroristas a quienes la historia los señala de graves violaciones a los Derechos Humanos, como el asesinato de un embajador estadounidense, y a estafadores de pacotilla, que se cobijan con la impunidad que les proporcionan el embajador y el comisionado. Muy pronto, el presidente electo Donald Trump se enterará de primera mano, y de forma detallada, de los desmanes de Todd Robinson aquí, que atentan incluso contra la seguridad interna de su país.
Mientras tanto, yo seguiré llevando mi vida de siempre, con mi rutina de siempre; utilizando mi carro de siempre, que no es blindado y es mío y no del Estado, y tampoco la protección de guardaespaldas privados, y mucho menos pagados con los impuestos de los contribuyentes, como muchos oenegeros, protegidos de Robinson, que viven de la victimización y la agresión al Estado de derecho.
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