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Víctor Corcoba Herrero

Hacer lo que se debe

Nadie puede quedar excluido a la hora de hacer lo que se debe. La especie avanza cuando crece humanamente. Y así, más allá de las técnicas productivas, está la consideración hacia el ser. La riqueza del mundo vendrá de la mano, de esa apertura del espíritu de diálogo como forma de encuentro, como manera de vivir; cooperando, colaborando y participando.

Tiempos difíciles

La legión de abusadores no cesa en este planeta en el que proliferan tantos dominadores sin miramiento alguno. Por cualquier rincón encontramos gentes que son explotadas, comercializadas, sometidas al antojo de un poder sin escrúpulos. Cada día son más los timadores de existencias. La plaga se extiende como la pólvora. Las redes irresponsables y corruptas de determinados imperios injustos acaban por arruinarnos interiormente la propia esperanza que llevamos consigo.

Tejiendo sueños

Toda vida se rodea de sueños, abrazados por el entusiasmo de tejerlos. Soñar es importante. Desde luego que sí. Necesitamos crecer y recrearnos con ellos. Su sigiloso abecedario nos mantiene en vivo, en sintonía con esa poética mirada por la que traspasamos sensaciones en cada instante, porque la misma existencia de cada cual es un andar del alma, que no puede adormecerse, sino realizarse como constructor de nuevos horizontes más fraternos y pacíficos.

En actitud positiva siempre

Quizás tengamos que retornar al niño que todos llevamos dentro para poder disfrutar de ese espíritu de belleza, de bien y de verdad, transformándonos en un comportamiento, tan afectivo como efectivo; pues todos los deseos que siembran positividad nos alientan a ese gozo de mansedumbre, de benevolencia, de bondad en suma.

Balances y propósitos en la década de la acción

Sin duda, hemos de trabajar para lograr consensos y conquistar ilusiones, en esta década de reacciones y acciones encaminadas a un lozano renacer de la especie, con erradicación de la pobreza y el hambre, garantizando un buen vivir para todos, a través del fomento de sociedades libres de miedo y violencia, protegiéndonos además contra la degradación, mediante la urgente acción sobre el cambio climático.

La maldita mentira

Vivimos en el terreno de la confusión, propiciada por la maldita mentira o por esa verdad mal entendida, utilizada como propaganda sectaria, que hace tanto daño como la falsedad. Indudablemente, construir la paz bajo esta atmósfera es un amor imposible. Hay que restaurar la verdad en el mundo, llamando a las cosas por su nombre, no mezclándolo todo, pues actuando así podemos caer fácilmente en denigrar vidas de inocentes.

La sed en nuestros corazones

Ante esta atmósfera de desconciertos, donde se mantienen las apariencias y se acrecienta el soplo hipócrita, urge tener el valor de interrogarse así mismo, al menos para poder revertirse de otros anhelos y calmar la innata sed en nuestras entrañas.

El planeta y la persona

Lo más importante que tenemos es nuestra herencia cultural, que nos transmite lo trascendente que es nuestro quehacer diario, sobre todo aquel que nos vincula a trabajar unidos y a ser promotores de dos elementos claves, lo auténtico a la hora de mostrarse y ese espíritu solidario que nos convierte en donantes perpetuos.

Jamás desfallecer

Hay una receta para no desfallecer, que no es otra que impedirlo. La cuestión no está en caer en la desdicha, sino en permanecer caído. Siempre hay que levantarse, encender el entusiasmo, hallarse para poder evolucionar y revolucionarse en vida, ponerse a imaginar con lo mejor de uno mismo, esperanzarse e ilusionarse, reivindicar espacios y oportunidades. Sin duda, la Declaración Universal de los Derechos Humanos,
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