Editoriales

Una condena semiejemplar

El Tribunal Tercero de Sentencia Penal dictó ayer una condena de 11 años de cárcel a la exjueza Jisela Reinoso. Los delitos imputados a la juzgadora son lavado de dinero y enriquecimiento ilícito. Asimismo, el juzgado la absolvió por incumplimiento de deberes. La condena está muy por debajo de lo demandado por el Ministerio Público. Es decir, 30 años por los delitos anotados. Además, la penalidad se reduce a seis años inconmutables y seis conmutables a Q5 diarios.

En resumen, a pesar de que el correctivo resulta inédito en términos simbólicos, el castigo es mucho menor al daño hecho por Reinoso, en la medida de su cargo, por ser portadora del equilibrio en la impartición de justicia, requería una conducta ética intachable. Como sea, la providencia de la justicia queda corta, aunque sienta un precedente que es sano, pero a la vez, es una advertencia para otros jueces que suelen ejercer prácticas corruptas para emitir resoluciones a favor de quien mejor paga. Bien lo decía el filósofo Spinoza: No hay ética sin libertad.

Este caso recuerda la trágica muerte del magistrado César Barrientos Pellecer, quien se inmoló con tal de salvar a su familia por terribles y oscuras extorsiones y quien no cedió ante los chantajes de un sistema político corrupto que cooptó y coopta aún, el sistema de justicia. Las lecciones de este y otros casos vienen como anillo al dedo para reflexionar las razones más profundas de la ruina a la que nos llevó una clase política clientelar durante los últimos 25 años.

He ahí el fondo del asunto. El frustrado ingreso a la modernidad, reliquia arqueológica en otros países, se debe entre otras razones, a los repetidos fracasos en la construcción del Estado y una institucionalidad republicana estable y sólida. De cualquier modo, algo se mueve y empezamos a estar ajenos al cambio de época. Tampoco es de cerrar los ojos a una realidad: construimos una posmodernidad de cuarta, donde el esfuerzo ideológico puso énfasis en la condena casi axiológica de la idea de Estado, para privilegiar la idea del mercado casi como un valor ontológico.

El neoanarquismo de derecha privó a lo largo de los últimos 30 años y su narrativa se escribe en panegíricos que defienden a ultranza una teoría absolutista de la libertad. El fallo contra Reinoso es una bocanada de oxígeno, pero falta mucho camino por recorrer para entender, como hizo el francés Sartre que la libertad es el fundamento de la condición ética del hombre y de la autenticidad moral. Por lo mismo, libertad no es un dogma ligado con el mercado y sus encadenamientos conceptuales, es mucho más que eso, y decimos desde esta esquina, al igual que Spinoza: lo social es tan definitorio de lo ético como lo individual.

Por lo mismo, el proceder de los jueces es la raíz última de la libertad y la defensa de los derechos fundamentales de cualquier ciudadano. Ahí radica la posibilidad de futuro, la certeza del presente, la pasión por la vida.

Redacción

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