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Innovación educativa

Reflexiones

 “Innovar es una actividad de riesgo, cuyo principal riesgo es no practicarla”.
Michael Gerber

En el ambiente académico existirán quizás trescientas definiciones que reflejan la idea de lo que se concibe como innovación educativa. La mayoría de los teóricos, investigadores y docentes convergen en algo: tecnología, pero al profundizar en la reflexión de este concepto observamos que va más allá de la aplicación de herramientas digitales. 

La innovación educativa podemos estudiarla desde dos grandes campos: a) el macrocurrículo y b) el microcurrículo. El primero relacionado al modelo de gestión educativa, va desde la planificación educativa a nivel nacional o institucional, estableciendo las bases y directrices generales para el diseño curricular, es el primer nivel de concreción del currículo, donde se definen los principios y fines del sistema educativo nacional. En otras palabras, el macrocurrículo establece el marco general, incluyendo la estructura filosófico-pedagógica-administrativa y las políticas educativas. 

El segundo se centra en la práctica pedagógica diaria, traduciendo los lineamientos generales del currículo en acciones concretas y adaptadas a las necesidades, problemas e intereses de los estudiantes. Es la planificación detallada de cómo se enseñará y aprenderá un tema específico en el aula, dentro de una asignatura o área de estudios (secuencia didáctica). Es el nivel más concreto de la planificación curricular, donde se definen los objetivos o competencias de aprendizaje, contenidos, actividades, metodologías y evaluación para cada clase o unidad didáctica. Ambos necesitan ser innovados.

La Real Academia Española (RAE) define innovación como la introducción de algo nuevo, una novedad o una mejora. En el contexto educativo, la innovación implica introducir cambios en las prácticas educativas vigentes con el objetivo de mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Estos cambios pueden involucrar nuevas ideas, estrategias, metodologías, enfoques o el uso de tecnologías para mejorar la calidad de la educación. Implica la creación o adaptación de prácticas y recursos para responder a las necesidades cambiantes de la sociedad. 

La innovación educativa se entiende como la introducción de novedades en el ámbito educativo que buscan mejorar el proceso de aprendizaje. Expusimos anteriormente que la mayoría de los expertos señalan que la innovación está determinada por la tecnología y que al realizar un estudio a más profundidad se demostró que existen aspectos de orden conductual que tienen un impacto realmente sorprendente e innovador en el hecho educativo.

Estudios han demostrado que existe una correlación entre las habilidades blandas del docente y la innovación educativa. Los docentes con sólidas habilidades blandas, como comunicación efectiva, empatía y capacidad de trabajo en equipo, liderazgo, pensamiento crítico, capacidad para resolver problemas, inteligencia emocional y capacidad de adaptación están mejor equipados para implementar estrategias pedagógicas innovadoras y crear un ambiente de aprendizaje positivo, afectivo y colaborativo. Estas habilidades facilitan la aplicación de nuevas metodologías y de herramientas digitales, creando experiencias de aprendizaje más significativas para los estudiantes. 

Podemos convenir a través de esta columna de opinión que la innovación educativa responde también a la aplicación de nuevos enfoques pedagógicos, en este contexto es pertinente señalar que se deberá hacer uso de metodologías activas, del aprendizaje basado en proyectos, de integración de plataformas educativas y materiales multimedia.

Es fundamental entender que deben realizarse cambios en el modelo de gestión educativa (filosófico-pedagógico-administrativo), debido a que en este nivel de concreción se gestan las transformaciones hacia el microcurrículo. Esto implica mejoras en los procesos y procedimientos administrativos, estrategias de evaluación de desempeño e institucional. La innovación educativa busca transformar la educación para hacerla más efectiva, relevante y adaptada a las necesidades del siglo XXI no solo desde la aplicación de la tecnología sino también desde la actitud del docente, como la predisposición interna, la forma de pensar y sentir hacia el estudiante para su desarrollo intelectual y moral, y hacia la educación como proceso de desarrollo sostenible de la persona humana y la sociedad.

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