
Iván Velásquez Gómez y el Clan del Golfo
Kidon
Tiempos aquellos en que la corrupta izquierda vitoreaba la llegada a Guatemala de Iván Veláquez Gómez, para hacerse cargo de la derrotada CICIG, un experimento fallido y único en el mundo destinado supuestamente al traslado de capacidades de investigación a la Fiscalía, así como para apoyar en la persecución y desmantelamiento de las CIACS.
Desde luego, en el país se encendieron las alarmas al saber que Velásquez, era el nominado para dirigir esa aberración inconstitucional, pues al perfilarlo pudimos establecer que el exmagistrado, tenía fuertes vínculos con grupos de izquierda radical, en especial con los narcoterroristas de las FARC, y los integrantes del grupo guerrillero M-19, entre otras facciones de antisociales.
Pudimos establecer además, como Iván Velásquez, en su natal país, había sido sindicado en múltiples procesos judiciales, como responsable directo de la manipulación de testigos, implementando métodos ilegales incluso para privarlos o influir en su voluntad para declarar, así como de utilizar la toga para fabricar casos en contra de sus enemigos y rivales políticos e ideológicos, con el objeto de refundirlos en prisión y como mediante un continuo traficó de influencias en el poder judicial había logrado otorgar una serie de beneficios procesales indebidos a un puñado de narcotraficantes y delincuentes terroristas.
Todas esas artimañas, le valieron el calificativo del chungo, pues, al venir al país, no tardó en implementar las tácticas marrulleras, utilizadas en Colombia, las cuales redefinió en tres ejes de operación, con miras a tomar el control del país para someterlo a sus aliados narco-comunistas. El primero consistió en tomar por asalto el control total de la fiscalía, para ello se valió del pasado criminal de Thelma Aldana y los complejos del resentido Juan Francisco Sandoval, lo que le permitió utilizar a la FECI, como una herramienta de persecución selectiva, enfocada en criminalizar a cuanto empresario, abogado, juez, militar y demás personas que no fueran de su agrado.
Luego, atentó en contra de la independencia judicial, logrando reclutar a diversos jueces de su misma línea ideológica, tales como Miguel Ángel Gálvez, Erica Aifán, Carlos Ruano, Pablo Xitumul y Jazmin Barrios, entre otros, para desde allí dar rienda suelta a sus pasiones, encarcelando injusta e indefinidamente a varios ciudadanos inocentes, muchos de los cuales pasaron casi una década en prisión preventiva, otros fallecieron encerrados y otros más fueron asesinados por estos antisociales. Lo más lamentable de todo es que años después, estas personas injustamente encarceladas fueron declaradas inocentes, algunas post mortem.
Para finalizar, fichando a un sinfín de sicarios de la información, todos con tendencias socialistas pero con un gran amor al dinero fácil, para que, bajo la falsa consigna de la lucha contra la corrupción, lo blindaran mediáticamente dándole “buena prensa”, y así replicaran los guiones previamente consensuados para influir en la opinión pública y en especial en sus círculos de financiamiento, para que fluyeran los dólares y euros a costa de mantener a una falsa narrativa y a una caterva de incautos sedientos de sangre inocente.
Pero la mayoría del pueblo no le compró el libreto, pues pudo establecer de forma directa como el supuesto paladín de la justicia, por algún motivo olvidó o muy convenientemente pasó por alto, perseguir, investigar y buscar el procesamiento de estructuras criminales de narcotraficantes, pandilleros, sicarios, delincuentes terroristas, y otros grupos organizados transnacionales que trafican dinero, armas y personas y que al día de hoy siguen operando con total impunidad.
Derivado de sus delirios y de atentar en contra de la seguridad nacional, el comisionado fue declarado non grato y expulsado vergonzosamente del país, con la prohibición de no volver a ingresar nunca más, bajo pena de encarcelamiento. Años después, logramos obtener una orden de aprehensión en su contra, así como en contra de la fiscal general de Colombia Luz Adriana Camargo, sindicados de amañar el caso Odebrecht, y de esa cuenta generar impunidad en favor de los personeros de la citada entidad.
Por ello, no nos sorprendió cuando el comunista Gustavo Petro, lo nombró como su ministro de la defensa nacional, como tampoco nos sorprendió que iniciara su gestión desplazando y despidiendo a varios general del ejército realmente comprometidos con la lucha antiterrorista del país, y menos nos sorprendió escuchar los audios filtrados recientemente por el ex comisionado de la paz, Danilo Rueda, quien señaló directamente a Velásquez como el principal responsable del retiro de oficiales de inteligencia, así como de manipular operativos militares en busca de proteger a grupos de narcoterroristas que azotan el país, en especial a los integrantes del denominado Clan del Golfo, una temida organización criminal declarada internacionalmente como terrorista.
Por fortuna ya se iniciaron las investigaciones pertinentes por parte de la Fiscalía, a lo que habrá que sumar la pérdida de inmunidad diplomática de Velázquez en unos días, así como la toma de poseción del gobierno de derecha conservadora de Abelardo de la Espriella, quien ya anticipó que personalmente velará de manera muy enfática porque en ese caso se haga justicia y se lleve a la cárcel a los responsables de haber atentado en contra de la seguridad regional.
Por último, es curioso ver como en el mundo la noticia de los audios filtrados causó un impacto de tal magnitud, pero que dejó en un silencio absoluto a los delegados de la corrupta ONU, madre putativa de la CICIG, así como a un sinfín de demócratas pervertidos como Todd Robinson, Brian Nichols, Norma Torres, Nancy Pelosi y Juan González, a exembajadores de la talla de Edgar Gutiérrez y Eduardo Stein, periodistas, malos empresarios y activistas sociales, y todo aquel lumpen que un día aplaudió, se fotografío con él, asistió a sus conferencias o seminarios, o financió la actuación del hoy vinculado al Clan del Golfo, cumpliéndose así la profecía de que el poder es efímero y que al final pasa factura.
¡Iván Velásquez, preso, prófugo o extraditado!



