Carlos «El Chacal» pide salir de prisión en Francia: su abogado alega alzhéimer y busca su deportación a Venezuela
A sus 77 años, el hombre que alguna vez fue considerado el terrorista más buscado del planeta libra hoy una batalla distinta: la de convencer a la justicia francesa de que ya no representa ningún peligro. Ilich Ramírez Sánchez, el venezolano universalmente conocido como «Carlos el Chacal», solicitó formalmente la libertad condicional ante los tribunales de Francia, en un intento por lograr algo que persiguió durante años sin éxito: salir de prisión y regresar a Venezuela, el país que lo vio nacer.
La noticia, confirmada el pasado 31 de julio por fuentes de la Fiscalía Nacional Antiterrorista francesa (PNAT), reabre uno de los expedientes judiciales más recordados del terrorismo internacional del siglo XX. Pero esta vez, el argumento central no es jurídico sino humano: según su defensa, Ramírez Sánchez ya no es el hombre que fue.
Una petición presentada en marzo, revelada en julio
Aunque la confirmación pública llegó a finales de julio de 2026, la solicitud en realidad fue formalizada meses antes. Fue en marzo cuando el abogado Bernard Ripert la presentó ante el juez antiterrorista encargado de la ejecución de penas, con un objetivo claro: obtener la libertad condicional de su cliente para que pueda ser expulsado del territorio francés y enviado de vuelta a Venezuela.
Como alternativa —y por si el primer camino no prospera—, Ripert planteó también la suspensión de la condena por motivos estrictamente médicos, una figura legal que en Francia permite excarcelar a reclusos cuyo estado de salud resulta incompatible con la vida en prisión.
Según precisaron las fuentes fiscales, el caso se encuentra en fase de instrucción técnica y no está previsto que se celebre ninguna audiencia pública durante la evaluación del expediente, lo que significa que la decisión se tomará puertas adentro, lejos de las cámaras que durante décadas siguieron cada capítulo de la vida de «El Chacal».
El argumento que lo cambia todo: alzhéimer y pérdida total de autonomía
Lo que distingue esta solicitud de las anteriores —porque no es la primera vez que Ramírez Sánchez busca beneficios penitenciarios— es el peso que su defensa le ha dado al deterioro de su salud. De acuerdo con Bernard Ripert, un informe médico concluyó que el venezolano padece alzhéimer y perdió casi por completo su autonomía para realizar actividades cotidianas.
El propio abogado relató que, durante una visita realizada en febrero, encontró a su cliente en un estado que lo sorprendió: un hombre debilitado, sin memoria, que apenas sabía quién era o qué había hecho en su vida, y que ni siquiera lo reconocía a él.
Con ese cuadro clínico como base, la defensa pidió además que se le retire la condición de «detenido especialmente vigilado», una categoría que consideran ya injustificada dado su deterioro físico y cognitivo. Para Ripert, mantener a un hombre en ese estado tras las rejas es, en sus palabras, una situación «absurdamente inútil» que urge resolver, apelando al derecho a un final de vida digno.
Quién es Carlos «El Chacal» y por qué su nombre marcó una época
Para entender la magnitud del debate que ha reabierto esta solicitud, hay que remontarse a los años 70 y 80, cuando Ilich Ramírez Sánchez —nacido en Michelena, Venezuela, el 12 de octubre de 1949— se convirtió en sinónimo de terrorismo internacional. Formado bajo la influencia del marxismo-leninismo y respaldado en distintos momentos por la Stasi alemana y la KGB soviética, protagonizó algunos de los episodios más violentos del terrorismo político de esa era.
Su golpe más recordado fue el asalto de 1975 a la sede de la OPEP en Viena, cuando un comando armado tomó como rehenes a decenas de personas, incluidos varios ministros de petróleo, y la operación terminó con tres muertos. Fue también responsable, según las condenas dictadas en su contra, de asesinatos de agentes de contrainteligencia franceses y de una serie de atentados con explosivos en París que dejaron numerosas víctimas civiles, entre ellos el ataque contra el Drugstore Publicis en 1974 y el coche bomba de la calle Marbeuf en 1982.
Durante uno de sus juicios llegó a admitir haber matado, a lo largo de su vida, a decenas de personas, aunque siempre insistió en que nunca atacó a «inocentes» y se definió a sí mismo con orgullo como un revolucionario. Esa falta de arrepentimiento explícito ha sido, precisamente, uno de los argumentos que históricamente han jugado en su contra a la hora de evaluar cualquier beneficio penitenciario.
Su captura, en agosto de 1994, puso fin a años de fuga por distintos países árabes y del antiguo bloque comunista. Agentes de los servicios secretos franceses lo localizaron en Sudán y lo trasladaron a Francia, donde permanece encarcelado desde entonces, ya sin interrupciones, durante más de tres décadas.
Tres cadenas perpetuas y un historial judicial sin precedentes
Ramírez Sánchez no acumula una, sino tres condenas a cadena perpetua, dictadas en distintos juicios a lo largo de los años: la primera en 1997 por el triple asesinato de dos agentes de la contrainteligencia francesa y un informante en 1975; una segunda por una serie de atentados con explosivos cometidos en Francia en 1982 y 1983; y una tercera, confirmada en 2021, por el atentado de 1974 contra el Drugstore Publicis de París, que dejó dos muertos y decenas de heridos.
Esa acumulación de sentencias convierte su expediente en uno de los más complejos del sistema judicial francés, ya que cualquier solicitud de excarcelación debe sortear no una, sino tres condenas máximas, cada una con sus propios criterios y precedentes legales.
Lo que viene ahora
La legislación francesa contempla la posibilidad de solicitar la libertad condicional una vez cumplidos ciertos requisitos, pero la última palabra siempre recae en los jueces, quienes deben ponderar factores como la peligrosidad del condenado, su comportamiento en prisión, el riesgo de reincidencia y, de forma muy especial en casos como este, el impacto que una eventual liberación tendría sobre las familias de las víctimas.
Del lado de esas familias y de buena parte de la sociedad francesa, la respuesta ha sido de rechazo. Para las asociaciones que representan a los afectados por los atentados de aquellos años, la gravedad de los crímenes y el historial del condenado hacen que cualquier beneficio penitenciario resulte, cuando menos, difícil de justificar.
Mientras el tribunal competente estudia el expediente sin fecha pública de resolución, el caso de «Carlos el Chacal» vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que Francia arrastra desde hace más de treinta años: ¿qué hacer cuando el paso del tiempo, la vejez y la enfermedad alcanzan a uno de los rostros más emblemáticos del terrorismo del siglo XX?


