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GUATEMALA, EL SISTEMA Y LA DECISIÓN 2

Zoon Politikón

Un sistema que funciona exactamente como debe

Lo que parece caos es equilibrio. Entenderlo cambia todo.

El artículo anterior instaló una lectura: el sistema guatemalteco no está fallando, está produciendo exactamente lo que produce porque esa configuración le conviene a quienes tienen poder dentro de él.

Ahora hay que demostrarla.

No con retórica. Con la lógica interna del propio sistema.

La pregunta central es qué significa que un sistema funcione.

No significa que produzca los resultados que declara buscar. Significa que produce de manera consistente los resultados que los actores con más poder dentro de él necesitan que produzca.

La distinción parece sutil. No lo es.

Un Estado que recauda el 54.5% de su potencial tributario —podría llegar al 22% del PIB sin aumentar una sola tasa, solo corrigiendo exenciones injustificadas y evasión— [1] no es un Estado fiscalmente débil por descuido. Es un Estado que está cumpliendo exactamente la función que ciertos actores necesitan que cumpla: permanecer lo suficientemente limitado para no poder regular sus intereses ni financiar las instituciones que los afectarían.

Un Ministerio Público que recibe dos mil quinientos casos documentados de lavado de activos y no produce una sola acción formal no es una institución lenta ni sobrecargada. Es una institución que ha aprendido a separar el discurso de la acción de manera funcional para quienes se benefician de esa separación. La inacción no es el residuo de la ineficiencia. Es el producto.

Un sistema penitenciario donde el Barrio 18 controla las condiciones internas en la mayoría de los centros donde tiene presencia documentada, extorsiona desde las celdas y coordina operaciones fuera de los muros independientemente de cuántos operativos se anuncien, no tiene fallas de gestión. [2] Tiene un equilibrio negociado, implícito y estable, entre quienes administran formalmente el sistema y quienes lo gobiernan realmente.

Tres instituciones distintas. Tres brechas distintas. Un solo patrón.

Ese patrón tiene un nombre más preciso que caos.

El nombre es equilibrio.

Un sistema caótico es impredecible. Se rompe solo. Sorprende a todos, incluidos los actores que lo sostienen. Los sistemas caóticos colapsan o se reorganizan bajo presión externa.

El sistema guatemalteco no hace ninguna de esas cosas.

Se reproduce con una regularidad que debería llamar la atención de cualquier observador serio. Gobierno tras gobierno, las mismas brechas. Estrategia tras estrategia, los mismos bloqueos. Cooperación internacional tras cooperación internacional, los mismos resultados. Esa regularidad no es el signo de un sistema que falla. Es el signo de un sistema que está logrando precisamente lo que necesita lograr.

Cada actor, dentro de su propia lógica, está tomando la decisión racional.

Conviene entender eso antes de proponer soluciones. Porque las soluciones que asumen irracionalidad o mala fe no funcionan en un sistema donde el problema es exactamente el opuesto: demasiada racionalidad, demasiado bien alineada con el statu quo.

El crimen organizado no cambia porque el control territorial le produce renta estable y predecible. Los bloques legislativos no cambian porque el bloqueo de reformas protege los intereses de quienes los financian. El aparato de persecución penal no cambia porque la selectividad es más rentable que la universalidad. El ejecutivo no puede cambiar solo: opera con 23 de 160 escaños, [3] sin mayoría legislativa, sin burocracia leal, sin instrumentos propios para las instituciones que necesita transformar.

Nadie está tomando una decisión colectiva de mantener el desorden. Cada uno está optimizando dentro de su espacio. El resultado agregado es lo que se ve en los titulares.

Pero el mecanismo real no es el caos. Es la estabilidad del caos.

Lo que sostiene esa estabilidad no es simple. Son tres mecanismos que se alimentan entre sí y que explican por qué el sistema sobrevive a cada intento de reforma. [4]

El primero es fiscal. Un Estado que recauda la mitad de su potencial no puede financiar una policía profesional, ni cárceles seguras, ni inteligencia funcional. La debilidad de las instituciones de seguridad consolida las economías criminales. Las economías criminales generan los recursos y las relaciones que bloquean la reforma fiscal. El ciclo se cierra sin necesidad de coordinación entre sus partes.

El segundo es institucional. Cuando el Estado anuncia medidas sin dotarlas de presupuesto ni mando real, no está fallando en su comunicación. Está produciendo señalización a bajo costo: muestra actividad sin amenazar los arreglos que le dan estabilidad a quienes controlan las instituciones. Cada decreto sin recursos, cada institución sin mando, cada plan sin seguimiento refuerza la distancia entre lo que el Estado dice y lo que hace. Y esa distancia, una vez instalada, reduce el costo político de seguir ampliándola.

El tercero es territorial. En las zonas donde el Estado no llega con capacidad real, otros actores llenan el espacio. No porque quieran gobernar en sentido amplio. Sino porque el control territorial produce rentas predecibles: extorsión sistemática, rutas logísticas, mercados protegidos. Esos actores tienen un interés directo y los recursos suficientes para influir en que el Estado no recupere ese espacio.

Ninguno de los tres mecanismos opera de manera aislada. Los tres se refuerzan mutuamente. Cuando se interviene en uno sin los otros, el sistema absorbe la perturbación y se reequilibra.

Eso no es mala suerte. Es diseño de sistema.

Y si los tres siguen sin ser intervenidos simultáneamente, el margen disponible para hacerlo se estrecha con cada ciclo que pasa.

Lo que falta decir en este punto es lo más incómodo.

El equilibrio no es abstracto. No es una fuerza anónima ni el resultado inevitable de una historia difícil. Es el producto de actores concretos que tienen nombre, que tienen interés en preservarlo y que tienen los mecanismos específicos para hacerlo.

El sistema no es una máquina sin operador.

Tiene beneficiarios.

Y algunos de ellos están leyendo esto.

Notas

[1] Potencial tributario del 22% del PIB · Cifra estimada por el ICEFI bajo el supuesto de corrección de filtraciones, exenciones injustificadas y evasión, sin modificar las tasas nominales vigentes. Fuente: ICEFI, Revisión del Marco Tributario de Mediano Plazo 2024-2030.

[2] Barrio 18 en el sistema penitenciario · La presencia del Barrio 18 como actor de gobernanza interna en centros penitenciarios guatemaltecos está documentada por múltiples fuentes independientes, incluyendo la PDH y reportes de InSight Crime. El término «presencia documentada» se usa deliberadamente para distinguir lo verificado de estimaciones no confirmadas sobre el número exacto de centros afectados.

[3] 23 de 160 escaños · El partido Movimiento Semilla obtuvo 23 escaños en las elecciones de 2023, situando al ejecutivo de Bernardo Arévalo en minoría legislativa desde el inicio de su mandato en enero de 2024. Fuente: Tribunal Supremo Electoral, resultados oficiales 2023.

[4] Tres mecanismos de retroalimentación · La descripción de estos bucles como sistema autorreforzante sigue la lógica del análisis sistémico aplicado a captura institucional. Para una formalización académica de mecanismos similares en contextos latinoamericanos, véase Garay-Salamanca y Salcedo-Albarán, Narcotráfico, corrupción y Estados (Debate, 2012).

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Edgar Wellmann

Profesional de las Ciencias Militares, de la Informática, de la Administración y de las Ciencias Políticas; Analista, Asesor, Consultor y Catedrático universitario.

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