Columnas

Más que un piropo callejero

Julio Abdel Aziz Valdez

No cabe la menor duda de que el referirse a una mujer completamente desconocida en la calle, centro de estudios o de trabajo a partir de sus características físicas estamos frente a una agresión psicológica, ya que para ello usa de una serie de insultos de carácter sexual que además cosifican el cuerpo de una mujer y la reducen en su propia esencia humana.

Hasta acá, los esfuerzos de entes como la PDH en atender el clamor contra el acoso callejero pueden encontrar poca resistencia y cuestionamiento.  Aun cuando el piropo puede ser considerado como parte de la cultura popular, es claro que es una parte que es imprescindible que desaparezca porque refleja la esencia del desprecio hacia la mujer.

Ahora bien, en relación con la anunciada campaña, nuevamente las ONG a favor de los derechos de las mujeres y la PDH dan cátedra de como simplificar un problema complejo y reducir el todo a partir del señalamiento hacia el hombre.

Durante la pasada temporada de Huelga de Dolores en la USAC, el Comité de la Escuela de Ciencias de la Comunicación tuvo la idea de organizar un Bikini Open para recaudar fondos para las festividades. Para los que ignoran qué es esta actividad, una pequeña explicación: un grupo de mujeres bailan y se quitan la ropa hasta quedar en bikini.

Ante la avalancha de cuestionamientos por haber realizado aquel evento en la universidad, no fueron pocos los estudiantes de esa casa de estudios que justificaron la actividad a partir de “aclarar” de que “chuliar” mujeres se da en todos lados y que detrás de estas críticas en realidad había una doble moral; sin embargo, no llegaron a entender el daño colateral hacia el mismo colectivo.

Lo interesante de aquél hecho deleznable es que estudiantes mujeres no lo cuestionaron, a pesar de que era el cuerpo de varias mujeres el que estaba siendo mostrado como mercancía. Esto nos plantea un problema aún mayor que el del acosador fácilmente identificable, el de una cultura que justifica la comercialización del cuerpo de la mujer (ver: https://www.youtube.com/watch?v=CsBpSeOg-qA)

Millones de dólares en publicidad, presentadoras de telenoticieros, licores, cigarrillos y hasta eventos deportivos con edecanes que están catalogadas por medidas, estatura, color de tez y cabello, cientos de concursos de belleza, la trivialización completa de la agresión por medio de centenares de chistes, señalamientos y murmuraciones que provienen de aquellos que creen que ser hombre es mostrarse activo sexualmente y para ser mujer es imprescindible elevar el ego constantemente sobre cómo luce o cree lucir.

Si no se le entra a erradicar esta cultura carente de valores, ¿cómo se pretende ser ecuánimes o justos en juzgar a un depravado callejero? Como bien afirma el viejo refrán “señalar la luna y fijarse en el dedo”.

El abordaje de este problema radica no solo en la aplicación de leyes contra hombres disfuncionales sexuales, si no en ver la totalidad del problema, en el cual las mujeres juegan un papel principal y no solo en la denuncia del hecho de violencia, sino en mostrarse indignada por todo lo que represente comercio sexual; si no, esto jamás cambiará o al contrario empeorará, como lo han demostrado estudiantes universitarios que se cree que son la esperanza de la sociedad.

Durante la pasada temporada de Huelga de Dolores en la USAC, el Comité de la Escuela de Ciencias de la Comunicación tuvo la idea de organizar un Bikini Open para recaudar fondos para las festividades

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