
Fundación Contra el Terrorismo y absurdas y ridículas sanciones de la Unión Europea
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El Consejo de la Unión Europea impuso a los ciudadanos guatemaltecos Ricardo Méndez Ruiz, Presidente de la Fundación contra el Terrorismo, y Raúl Falla Ovalle, representante legal de esa fundación, estas sanciones: “congelación” de bienes poseídos en los países miembros de la unión; prohibición de que ciudadanos y empresas de esos países les asignen recursos, y prohibición de visitar esos países.
El motivo de las sanciones es que esos ciudadanos atentan contra la democracia y el Estado de derecho de Guatemala. Atacan al gobierno “democráticamente electo” del Señor Presidente; y acuden “indebidamente” a recursos legales contra “funcionarios electos, defensores de derechos humanos, periodistas, líderes indígenas y operadores judiciales independientes.” Las sanciones son impuestas también al juez penal Jimi Rodolfo Bremer Ramírez.
Empero, esas sanciones son manifiestamente absurdas por una razón ofensivamente simple: jurídicamente no son sanciones. No lo son porque no obligan a cumplir un deber jurídico ni obligan a indemnizar por un daño, ni son un castigo o una pena impuesta por infringir la ley.
Es el caso que el Consejo de la Unión Europea no puede obligar a los ciudadanos guatemaltecos a cumplir un deber jurídico, ni puede imponer el deber jurídico que habría que cumplir. Es el caso que ese consejo no puede obligar a los ciudadanos guatemaltecos a pagar una indemnización por un daño, en el supuesto de que ha habido tal daño. Es el caso que ese mismo consejo no tiene autoridad para juzgar sobre el incumplimiento de la ley en el territorio de Guatemala.
Esas sanciones no solo son absurdas. También son ridículas porque suponen que Méndez Ruiz, Falla Ovalle y Bremer Ramírez sufrirán horriblemente y sentirán la proximidad del infierno. Y clamarán por un urgente auxilio divino para que no sean “congelados” sus fabulosos tesoros en uno o varios de los países de la Unión Europea; y para que los ciudadanos y las empresas de esos países estén dispuestos a asignarles miles de millones de euros; y para que puedan visitar esos mismos países.
Por supuesto, esas absurdas sanciones no pueden impedir la continuación de la obra de Méndez Ruiz. ¿Acaso él desistirá de denunciar presuntos actos criminales de cualquier ciudadano o desistirá de ser “querellante adhesivo” en procesos judiciales penales? ¡No! Ni pueden impedir que Raúl Falla Ovalle prosiga con la representación legal de la fundación. ¿Acaso él desistirá de esa representación y se convertirá en abogado de aquellos cuyos presuntos actos criminales la fundación denuncia? ¡No! Ni pueden impedir que el juez Jimmi Rodolfo Bremer Ramírez persista en actuar con la independencia que manda la Constitución Política. ¿Acaso él desistirá de esa independencia con el fin de complacer al Consejo de la Unión Europea? ¡No! Tampoco, por supuesto, pueden impedir la prosecución de la intrépida, valiente y benéfica labor de la Fundación Contra el Terrorismo. ¿O esa fundación será disuelta, también con el fin de complacer a ese consejo? ¡No! No son sanciones, sino son delirantes ficciones punitivas, hijas del idiotismo, madres de la estupidez y hermanas de la imbecilidad.
Son sanciones absurdas y ridículas que sugieren abusivas y demenciales pretensiones del Consejo de la Unión Europea, como estas:
Primera. Solo con su aquiescencia los ciudadanos guatemaltecos pueden denunciar actos presuntamente criminales.
Segunda. Solo con su aquiescencia los autores de denunciados actos criminales pueden ser sujeto de persecución penal pública.
Tercera. Solo con su aquiescencia los jueces pueden iniciar un proceso penal y dictar sentencia condenatoria.
Cuarta. Le compete discernir entre los guatemaltecos que atentan y los que no atentan contra la democracia o contra el Estado de derecho.
Quinta. Le compete definir aquello que, en Guatemala, es o no es democrático, o es o no es legal.
Sexta. Le compete dictaminar sobre los casos en los cuales, en Guatemala, es o no es debido recurrir a los jueces o a los tribunales.
El Consejo de la Unión Europea acusa a la Fundación contra el Terrorismo, de atentar contra el Estado de derecho en Guatemala porque “persigue e intimida” a periodistas, abogados, jueces y fiscales, y ha “intimidado a la sociedad civil y al poder judicial.”
Esa acusación es una exhibición de ignorancia. Efectivamente, la fundación actúa sometida al régimen legal de Guatemala; y sus actos pueden ser impugnados judicialmente y puede ser sujeto de persecución penal. ¿O la ley prohíbe esa impugnación y esa persecución? ¡No! La fundación no puede intimidar a la llamada sociedad civil porque ella misma es parte de esa sociedad y porque no tiene un poder legal que no puedan tener otras partes de esa sociedad. ¿O la fundación tiene un privilegiado poder legal con el cual puede intimidar a esas otras partes? ¡No! La fundación tampoco puede intimidar al poder judicial porque tiene que acatar sus veredictos, aunque sean adversos. ¿O por mandato de la ley tiene la opción de no acatarlos, según su conveniencia? ¡No!
Algunos ciudadanos guatemaltecos incurren en la estulticia de conferir el estatus de legítimos jueces a los políticos extranjeros o internacionales, como los miembros del Consejo de la Unión Europea, que acusan y condenan a ciudadanos guatemaltecos. También incurren en la estulticia conexa de creer que las pretendidas sanciones de esos políticos son realmente sanciones. Hasta incurren en la estulticia complementaria de creer que un aumento del número de países cuyos políticos imponen esas sanciones, incrementa la legitimidad de sus acusaciones. Esas tres clases de estulticia revelan ausencia de actitud crítica, o ineptitud analítica, o abyección cívica, o corrupción ideológica, o deshonestidad política, o servil lealtad a intereses extranjeros o internacionales.
Post scriptum. Las pseudo sanciones del Consejo de la Unión Europea reclaman ser despreciadas por Méndez Ruiz, Falla Ovalle y Bremer Ramírez, y deben ser devueltas a los miembros del consejo para que las oculten en algún ruinoso baúl inmaterial de su pavorosa miseria mental. ¡Sea dada a la Fundación Contra el Terrorismo una triunfal corona de laurel! Y a los miembros del Consejo de la Unión Europea… ¡sea dado un rústico cesto artesanal pletórico de algas verdes extraídas de un cenagal!

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