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ELUL: El jardín del encuentro 

Desde La Ventana de Mi Alma

En este tiempo que se abre ante nosotros, la vida parece invitarnos a detener el paso y mirar hacia adentro. No como un ejercicio de nostalgia ni como un reproche, sino como un acto de amor. Amor hacia uno mismo, hacia los demás, hacia la fuente que nos dio el aliento.

En este mes de Elul, correspondiente al año 5785 en el calendario hebreo, se abre un umbral sagrado para la humanidad: un tiempo de arrepentimiento, perdón y renovación. Es un llamado silencioso pero insistente a regresar a la esencia, a volver al jardín interior donde el alma se encuentra con su Creador. No es sólo un calendario el que nos habla, sino la voz eterna que nos recuerda que cada día es una oportunidad de empezar de nuevo, de abrazar la vida con un corazón limpio y un espíritu dispuesto.

La introspección es el lenguaje secreto del alma, el puente que nos conecta con lo eterno. No se trata de buscar perfección, sino de reconocer lo que aún late en nosotros como herida, como sombra o como promesa no cumplida, y entregarlo con humildad a la mirada amorosa del Creador.

¿Acaso no es este el tiempo perfecto para reconciliarnos con nuestra propia historia?
¿No es este el momento de comprender que incluso nuestros tropiezos han sido parte del camino que nos trajo hasta aquí?

En la tradición mística, este mes es un llamado suave pero insistente: el Amado sale al encuentro en el jardín, esperándonos con paciencia infinita. Y cada ser humano tiene la oportunidad de responder, de abrir su corazón y dejarse abrazar por esa ternura divina que no juzga, sino que renueva.

Conectar con el Creador en estos días es como regresar a casa después de un largo viaje. Es mirar al cielo y reconocer que somos amados, aun en nuestras imperfecciones, porque el amor que nos sostiene es más grande que cualquier caída.

Por eso, más que un tiempo de arrepentimiento con temor, es un tiempo de reencuentro con esperanza. Una invitación a limpiar el alma, a dejar entrar la luz, a descubrirnos capaces de empezar de nuevo.

Porque en cada latido, en cada suspiro, se escucha la misma promesa:
«Ani l’dodi v’dodi li»
“Yo soy de mi Amado, y mi Amado es mío.”

Hay momentos en el calendario que no son simples fechas, sino portales que se abren silenciosamente en el alma de la humanidad. El mes de Elul es uno de ellos. Un tiempo de profunda introspección, de regreso a la esencia, de limpiar los rincones ocultos del corazón para presentarnos renovados frente al Creador.

Este período nos invita a detener la prisa, a mirar hacia dentro, a escuchar con atención el murmullo de nuestra alma que tantas veces queda acallado por el ruido cotidiano. Es un llamado a reconciliarnos con nosotros mismos, con los demás y con Dios, recordando que la vida es un regalo que merece ser cuidado con gratitud y amor.

«Ani l’dodi v’dodi li» — «Yo soy de mi amado, y mi amado es mío». Esta frase, que ilumina el sentido de Elul, no es sólo un eco de antiguas escrituras, sino una invitación presente: vivir con la certeza de que el amor divino nos sostiene, nos busca y nos llama a la intimidad más pura. En ese jardín secreto, en esa unión silenciosa, el alma encuentra su raíz y su destino.

Hoy, más que nunca, este mes se convierte en una oportunidad de despertar. Que cada respiración sea una plegaria, que cada gesto sea una semilla de perdón, y que la vida entera se transforme en un canto de gratitud. Porque en Elul, Dios se acerca suavemente… y nosotros, con humildad, aprendemos a acercarnos a Él.

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Angie Lu

Lcda. en Ciencias de la Educación. Universidad Estatal.Guayaquil. Lcda. en Filosofía y Letras. Universidad Central del Ecuador. Columnista Periódico "EL SOL" Cartagena- COLOMBIA. Columnista Diario. La TRIBUNA. México. Articulista: Revista TOP MAGAZINE. Orlando-Florida Articulista Diario EXTRA. San José. Costa Rica. Articulista periódico Canarias Opina. Telde, Islas Canarias. ESPAÑA. Escribo por vocación para comunicar y por necesidad vital, creo que la palabra escrita es inmortal y es el acto libertario mas poderoso que existe y más aún podemos crear sinergia colectiva a través de la lectura. Escribo para divulgar mis emociones recogiendo metáforas simples o complejas, que me permitan meditar para existir y coexistir buscando la armonía con mis congéneres, y para celebrar con la palabra la belleza de la vida y el universo.

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