
La duración de la interrupción y la inestabilidad energética determinarán los efectos crediticios del conflicto con Irán
Los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel y la posterior represalia de Irán durante el fin de semana han incrementado drásticamente el riesgo geopolítico y han hecho subir los precios de la energía.
El asesinato sin precedentes del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, y los llamados de EE. UU. (Aa1 estable) a favor de un cambio de régimen añaden mayor incertidumbre sobre cómo podría evolucionar el conflicto y cuánto tiempo podría persistir la inestabilidad.
Si bien no se ha atacado directamente la infraestructura energética esencial, el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz se ha desacelerado casi por completo debido al retiro de coberturas por parte de las aseguradoras y a que los operadores evitan la zona mientras continúen las hostilidades. Varios puertos de Medio Oriente también han suspendido sus operaciones después de que Irán atacara la infraestructura de la región. Partes significativas del espacio aéreo de Medio Oriente están cerradas o fuertemente restringidas.
La perspectiva crediticia general depende en gran medida de si una interrupción del estrecho de Ormuz resulta ser de corta duración y de si pueden implementarse arreglos alternativos que mantengan la disponibilidad de energía. En el corto plazo, la existencia de petróleo almacenado fuera del Golfo, incluso en buques petroleros en alta mar que zarparon antes de los ataques, ofrece un colchón similar al utilizado tras el ataque de 2019 contra las instalaciones petroleras saudíes, lo que ayudó a evitar importantes pérdidas de exportación en aquel momento. El aumento previsto por parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados(OPEP+) de 206,000 barriles diarios a partir de abril brinda una mitigación adicional, aunque limitada.
Nuestro escenario base es que el conflicto sea relativamente breve —probablemente cuestión de semanas— y que la navegación a través del estrecho de Ormuz se reanude a gran escala. Este escenario probablemente no genere un impacto crediticio significativo en los emisores que calificamos.
Sin embargo, cualquier interrupción prolongada del estrecho de Ormuz impulsaría un aumento sostenido de los precios del petróleo, profundizaría la aversión global al riesgo y probablemente generaría una mayor presión sobre los diferenciales crediticios en los mercados de alto rendimiento. Este escenario incrementaría los riesgos de refinanciamiento para emisores con vencimientos en el corto plazo, especialmente en industrias intensivas en energía y sectores cíclicos que ya enfrentan elevados costos de insumos. También complicaría la trayectoria de las tasas de interés y la toma de decisiones de los bancos centrales.
Más allá del impacto directo en los flujos de energía, una transición política desordenada en Irán —ya sea por colapso institucional, vacío de poder o conflicto civil— aumentaría la incertidumbre en torno ala evolución de cualquier conflicto regional y el manejo de los activos militares y el inventario de uranio enriquecido de Irán. Esta dinámica mantendrá elevada la aversión al riesgo, incluso si la interrupción física de los flujos energéticos resulta ser finalmente de corta duración.
Efectos soberanos en la región Israel (Baa1 estable) enfrenta mayores riesgos de seguridad, aunque su economía y sus finanzas públicas han absorbido históricamente conflictos breves. El impacto crediticio se intensificaría si las hostilidades se prolongaran, lo que frenaría la inversión y aumentaría el gasto en defensa. Las restricciones persistentes del espacio aéreo debilitarían aún más los ingresos vinculados al turismo.
Entre los exportadores de hidrocarburos del Golfo, Irak (Caa1 estable) y Baréin (B2 estable) experimentarían presiones fiscales y del balance externo inmediatas si las exportaciones energéticas quedaran significativamente limitadas, dada su dependencia de los ingresos por hidrocarburos, su dependencia casi exclusiva del estrecho para exportar y sus reservas limitadas. Kuwait (A1 estable), Catar (Aa2 estable) y Abu Dabi (Aa2 estable) tienen una dependencia similar de estos ingresos, aunque poseen importantes colchones fiscales y externos que proporcionan cierto grado de apoyo si el cierre efectivo del estrecho resulta temporal. Abu Dabi y Arabia Saudita (Aa3 estable) también cuentan con alternativas parciales al estrecho a través de oleoductos, aunque estos no pueden sustituir totalmente los volúmenes de exportación.
Los soberanos importadores de hidrocarburos de la región —Egipto (Caa1 positiva), Jordania (Ba3 estable), Líbano (C estable) y Turquía (Ba3 estable)— sentirían los efectos principalmente a través del aumento de los precios de la energía, el deterioro de los desequilibrios externos y el endurecimiento de las condiciones de financiamiento. Omán, que no depende del estrecho para sus exportaciones, podría beneficiarse de precios elevados y transporte marítimo ininterrumpido.
Más allá del canal directo de exportación, varios soberanos son particularmente vulnerables a una revaluación de las primas de riesgo. Irak y Baréin enfrentan el mayor riesgo debido a sus débiles posiciones fiscales, sus elevadas necesidades de financiamiento bruto y su dependencia de la confianza externa. En el caso de Líbano, los acontecimientos recientes podrían reducir aún más las perspectivas de reestructuración de la deuda que algunos inversores habían previsto para este año.
La ampliación de las restricciones al espacio aéreo también afectaría los ingresos vinculados al turismo y el desempeño del sector de servicios en todo el Golfo, incluso en economías que de otro modo estarían fuera del escenario de un conflicto directo, como Egipto y Jordania.
Los efectos sobre la confianza del mercado comienzan a hacerse evidentes, incluida la suspensión temporal de las operaciones en la bolsa de valores de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), lo que se suma a las presiones derivadas del cierre del espacio aéreo, las preocupaciones por la mano de obra expatriada y el debilitamiento de la confianza en las economías regionales orientadas a servicios.
La frágil economía, las instituciones débiles y el panorama político fragmentado de Irak aumentan aún más su vulnerabilidad en caso de una transición desordenada en Irán.
Implicaciones globales por sector
Un período prolongado de deterioro de los flujos marítimos afectaría a los sectores intensivos en energía en Europa y Asia, especialmente aquellos con limitado poder de fijación de precios y necesidades inmediatas de refinanciamiento.
Los emisores de infraestructura —especialmente los expuestos a oleoductos, instalaciones de gas natural licuado o transporte energético en la región— podrían enfrentar riesgos operativos. Sin embargo, muchas estructuras de financiamiento de proyectos cuentan con sólidas cláusulas de fuerza mayor que mitigan los efectos del flujo de efectivo a corto plazo, incluso en casos de daño físico.
Las empresas de aviación, turismo y logística también enfrentarían mayores tensiones debido a las restricciones del espacio aéreo, la cautela de los viajeros y las interrupciones operativas, particularmente en centros del Golfo como Dubái, Doha y Manama. Cualquier ataque indiscriminado de represalia en estos centros socavaría aún más la confianza en regiones dependientes de la mano de obra expatriada, lo que aumentaría el riesgo de éxodos de población y los desafíos operativos que estos conllevan.
Un cierre prolongado del estrecho de Ormuz sería negativo desde el punto de vista crediticio para los puertos de los EAU, ya que interrumpiría los flujos comerciales y reduciría los volúmenes, en particular para Jebel Ali de DP World Limited (Baa2 estable) en Dubái y el Puerto de Khalifa de Abu Dhabi Ports Company PJSC (A1estable) en Abu Dabi, que dependen exclusivamente del estrecho como punto de acceso marítimo. Sin embargo, su diversificación geográfica ayudaría a suavizar el impacto.
Las instituciones financieras no enfrentarían un deterioro crediticio inmediato a causa de los efectos de la primera ronda, pero los riesgos de la segunda ronda aumentarían si la disrupción se prolonga. Los bancos estarían expuestos a una actividad económica más débil, una reducción del apetito de los inversores y posibles presiones de liquidez, especialmente en los sistemas que dependen de depósitos de no residentes que son sensibles a los acontecimientos geopolíticos.
Para las aseguradoras de Medio Oriente, el principal canal de transmisión sería el riesgo de mercado sobre los activos invertidos, ya que las interrupciones de las exportaciones de petróleo, gas y el turismo podrían hacer caer los precios de los activos locales, especialmente los inmuebles. Desde la perspectiva de la suscripción de seguros, se espera que el impacto directo sea limitado, porque el riesgo de guerra normalmente se excluye de las pólizas estándares.
Los beneficiarios incluyen contratistas de defensa y productores de energía con capacidad de exportación diversificada.
Qué estamos observando
A medida que evolucione la situación, varios indicadores serán esenciales para evaluar si el conflicto se mantiene contenido o si pasa a una fase más significativa para los mercados crediticios. Entre ellos se encuentran:
» la duración del cierre de facto del estrecho de Ormuz
» el restablecimiento o posterior retiro de la cobertura de seguros marítimos
» cambios observables en el comportamiento de la navegación
» la velocidad a la que se reduce el almacenamiento en alta mar
» la utilización de oleoductos alternativos
» las condiciones de los mercados de financiamiento
» los ataques iraníes contra activos no militares—desde infraestructura energética hasta áreas comerciales y residenciales— orientados a maximizar la disrupción
» las señales políticas que surjan dentro de Irán respecto del proceso de sucesión y la intención estratégica.
En conjunto, estos indicadores ayudarán a determinar si la volatilidad actual del mercado disminuye a medida que se estabilicen las tensiones o si evoluciona hacia un shock de oferta prolongado y más perjudicial para el crédito.
Este reporte es una traducción del original titulado Geopolitical risk – Global:Duration of energy disruption and instability will determine credit effects of Iran conflict publicado el 02 marzo 2026.
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