Una democracia querida y fracturada
Sueños…
¿Oh pedazo de miseria, en qué vida
tienes tus manos albas y tu cabeza triste?…
Y tanto andar, y tanto llorar las cosas idas
sin saber qué dolores fueron los que tuviste.
Pablo Neruda
El oscuro mundo de la coyuntura
Hubo un tiempo en que creíamos en unos valores inalterables que nos permitían confiar en los demás y vivir en sociedad. Convencidos de que teníamos una historia común y que estábamos preparando un futuro mejor para nuestra gente. Este siglo quiere terminar con este sueño. Vivimos una coyuntura similar a los antiguos griegos, cada día se le ocurre a un dios cambiar de rumbo y llevarnos a mundos desconocidos.
Ya no tenemos la certeza de una acción nos lleva a una reacción. Que las causas tienen efectos. Ahora las circunstancias son los hechos importantes que cada día, cada minuto cambian las vidas en el planeta. En cada momento de nuestras angustiadas vidas surgen nuevos productos, nuevas aplicaciones, nuevas tecnologías que cambian el sentido de la vida. En nada se puede creer, en nadie se puede confiar.

Hoy podemos leer que un acontecimiento, un texto, una propuesta política, una reforma económica nos brindará la certidumbre de lo que pasará mañana. Al despertar todo eso abra desaparecido y surgirán nuevos acontecimientos, textos, propuestas y reformas que nunca se harán realidad, y que sin embargo transformarán nuestra existencia.
La coyuntura ya no es la combinación de factores y circunstancias que se presentan en un momento determinado. Es el día a día sin ningún rasgo estructural o permanente.
Heroicos defensores de la democracia
En un mundo en caos, en donde la democracia fuerte basada en los tres poderes del Estado, separados pero unidos para la fortaleza del pueblo se desgarra. Cada poder del Estado ha sido atrapado, es propiedad de un grupo de poder, de un grupo corporativo que defiende una visión y privilegios mutuos frente al resto de la sociedad. Ya no existe el sueño de la democracia popular, del poder de todo un pueblo. Hoy tenemos una democracia corporativa. Los distintos grupos de presión buscan controlar y mantener sus feudos frente a los contrincantes. La visión de una sociedad de unidad nacional desaparece. En sus intersticios surgen espacios de poder controlados por el narco, bandas corruptas, que saquean a la población y las instituciones públicas.
Cada vez que el congreso ataca al poder judicial, que el poder judicial ataca al ejecutivo y el ejecutivo destroza a cualquiera de los otros es parte del juego para destruir la soberanía nacional y justificar la emergencia de un poder internacional que por la fuerza nos regule a todos. 1984 se ha convertido en una cruda realidad.

Como dijeran los intelectuales se debilita la codificación de un discurso nacionalizador que las élites políticas e intelectuales debieran difundir. El Estado pierde su razón de ser si no existe un discurso de unidad. La trifulca de los poderes del Estado deja a las instituciones en un vacío tenebroso. El Estado capitalista-feudal es el final de la historia, por el momento.
Cicerón, en su De Oratore, lo previó. Los mitos de unidad nacional son esenciales para labrar el futuro, la historia magistra vitae, un pasado real o ficticio compartido nos permite convivir juntos a millones de personas y labrarnos un futuro compartido.
Si no tenemos una historia compartida la sociedad se fragmenta no solo en clases sociales, sino que en grupos corporativos que se preocupan solo por sí mismos. En todos los países, sean desarrollados o del tercer mundo, queda poco de unidad nacional, ni la defensa de una geografía, ni costumbres, ni culturas antiguas nos dan respiro.
La economía nos permitirá sobrevivir
Aunque la gente común y silvestre no lo perciba así, los organismos internacionales ven que la economía ha sobrevivido pese a tres semestres de confrontación e incertidumbre mundial. En el año 2025, la economía mundial mostró una capacidad para sobrevivir impecable. En promedio mundial el crecimiento fue del 3,5%, según Cepal, “impulsado principalmente por el dinamismo de los Estados Unidos, la resiliencia de China y la elevada inversión asociada al desarrollo de la inteligencia Artificial”.
En el 2026 la situación es más oscura, las hostilidades en contra de Irán, y la expansión del conflicto hacia casi todo el medio oriente, y la próxima participación de otros países, incluidos China y Korea del Norte nos dejan sin aliento.
La situación es clara, los centroamericanos dependemos de un mundo pacífico y con potencialidad de acuerdos de protección de la naturaleza, fortalecimiento de la democracia y bienestar de las mayorías. Pero, en la región casi todos los gobiernos se inclinan ante el poder más fuerte de la Tierra, y no es Estados Unidos. Los riesgos que enfrentamos son la interrupción del suministro mundial de petróleo, la volatilidad de los mercados internacionales de energía y los choques negativos de oferta de alimentos y materias primas.
Centroamérica en la balanza
Es conocida la metáfora de Adam Smith, quien mencionó que los individuos al actuar en beneficio propio son llevados como por una mano invisible a promover los intereses de la sociedad. No obstante, hay que introducir una salvedad a la argumentación smithiana. Pues, aunque el mercado ha resultado ser el asignador más adecuado para el estímulo del proceso productivo, no obstante, el cúmulo de los oficios y necesidades sociales rebasa las funciones del mercado. La imposibilidad de alcanzar simultáneamente los objetivos de la eficiencia productiva y cohesión social, por parte del mecanismo del mercado es conocida como “fallas del mercado”.

En la presentación de bienes públicos los mercados no responden adecuadamente al estímulo de los precios, y por lo tanto es necesaria la intervención de un ente social general. La interacción Estado-mercado vuelve a presentarse a escena. La falla del mecanismo de los precios da lugar, también a que ciertos grupos sociales de interés, o grupos de presión, actúen en forma corporativa, asignándose por medio del mecanismo de la negociación del interés político, cuotas de poder y riqueza estatal. Dando lugar a fallos del Estado.
En esas circunstancias tenemos que en el año 2026 la región enfrenta presiones inesperadas: las remesas sufren variadas coacciones, por un lado el ataque a los migrantes, que son atrapados y ya no pueden producir; también impuestos a las remesas que las reducen en el origen; luego el uso de las mismas por gobiernos y bancos en el destino. Además se sufre el encarecimiento energético y las presiones sobre el sector turístico.
Aquí Centroamérica ha sido privilegiada. Según Cepal al istmo llega un aumento del 18% en entradas del turismo, América del Sur experimenta una contracción cercana al 1%. Y, el Caribe se estanca. Al ver las remesas, una entrada esencial para algunos, que vivimos como mendigos internacionales, la situación es la siguiente en el primer trimestre de 2026, “las remesas hacia México comienzan a mostrar signos de recuperación (2,2% interanual)”. En Centroamérica, destacan Honduras con aumento en ese ingreso del (25%), El Salvador (19%) y Guatemala (19%).
Por su elevada pobreza y desigualdad estos países notan que los ingresos de remesas pesan en la sostenibilidad externa pues son más del 20% del PIB, como es el caso de Honduras, El Salvador y Nicaragua. Allí se quita el sueño, las remesas se enfrentan a poderosos riesgos que amenazan fuertes disminuciones. Reiteramos que una de esas amenazas es la disminución de remitentes. O son expulsados de USA o tienen que usar el dinero para mantenerse cobijados en el norte.
Las caóticas políticas del gobierno USA afectan además la otra fuente de empleo e ingresos de los centroamericanos.
Hay un menor ingreso de capitales de IED, solo compensado con aumentos en la reinversión de utilidades. Además, los mismos países de la región compiten entregando mayores concesiones a los extranjeros. Por lo que los capitales se trasladan de un país o región a otro. Además, la reinversión muestra un menor dinamismo en la producción y la preparación para salir del país. Disminuyendo la creación de empleo y una menor transferencia de tecnología.

Conclusión
La solución de los problemas del desarrollo pasa por recuperar la confianza en las instituciones públicas, en los poderes del Estado. Tema muy complejo que no parece tener remedio. ¿Cómo devolver una visión compartida a una sociedad cada vez más fracturada? Dónde puede estar la nueva dirigencia capaz de levantar las banderas de la unidad nacional fundamentada en la equidad social, la protección de todos los seres vivos, la sensibilidad humana orientada al bienestar colectivo y la protección de la naturaleza.
Por el momento el panorama parece oscuro. En palabras de Isaac Felipe Azofeifa: «De veras, hijo, ya todas las estrellas han partido, pero nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer».



