
El discurso dirigido a los empobrecidos
Tanmi Tnam
Muchos guatemaltecos conocemos y vivimos los efectos de la pobreza que han limitado condiciones deseables para vivir por lo menos bien. Con esta situación llegamos otra vez a este año electoral donde los candidatos a puestos de elección popular ya están afinando soluciones a todos los problemas del país, incluido el tema de la pobreza. Los candidatos que ya confirmaron su participación, algunos ya visitan comunidades y el interior del país. Solo falta pintar piedras y puentes y las canciones de siempre.
En este contexto, empiezan a preparar las interpretaciones de la pobreza que estarán presentes en los discursos de interesados de llegar a puestos públicos. El lugar ideal para estos discursos está en las áreas rurales, donde la población tiene pocos años de formación escolar, carentes de información básica sobre las causas de la pobreza, los que cuentan con alguna educación fundamentada todavía en los principios de la colonia y sin posibilidades de disentir de lo que dicen las autoridades por temor a represalias.
Unos piensan y afirman que la pobreza viene de dios y que tal condición y sus efectos no se pueden cambiar, salvo que la voluntad divina intervenga. Pero que primero dios, harán el intento de buscar las respuestas necesarias debido a que gran parte de la población padece este mal que no los deja vivir en paz. Por lo mismo, tienen el descaro de invitar a la ciudadanía para que voten por el partido que representan.
Otros prefieren invitar a luchar aquí en la tierra para alcanzar la otra vida. Afirman que todos somos pasajeros sobre esta tierra y que no vale la pena acumular bienes, dicen que son pocos los años que vivimos sobre la tierra. Por eso, señalan que bien hacen los compatriotas que creen en la otra vida, la otra vida que no es terrenal, es la vida que se encuentra en el cielo. Terminan su discurso diciendo que su partido político es el mejor que puede resolver los problemas de pobreza en las comunidades y que la mejor decisión es que se vote por ellos.
Más de algún liderazgo considera que los pobres no saben trabajar, que son pobres porque son haraganes. Insisten en que la gente que no trabaja no puede acumular riquezas. Reafirman que los haraganes quieren gozar de todo lo bueno pero sin hacer nada. Este liderazgo no reconoce que los pobres son quienes más trabajan todos los días del año, no tienen días de asueto, sin período de vacaciones, no cuentan con días laborales para celebrar cumpleaños y no toman días para celebrar asambleas generales.
Los pobres están para hacer ricos a otros. Hay discursos que reconocen que los que tienen dinero son la salvación de los pobres porque generan puestos de trabajo, con salarios menores que el señalado por los acuerdos nacionales entre patronos y trabajadores. Remarcan en el discurso, que hay pobres por falta de fuentes de trabajo. Estos aspirantes afirman que por el momento no hay fuentes de trabajo, culpando de esta situación tanto al Estado como al sector privado, pero aclaran, al nada más llegar al poder, todo cambiará por nuestra lucha. Así que terminan el discurso invitando al pueblo para que vote por el programa de gobierno que anuncian oralmente.
Pero cuesta identificar algún discurso que revise el acompañamiento del Estado para proteger, acompañar y facilitar los grandes negocios, el seguir las orientaciones de las economías regionales y globales o la ejecución de proyectos que fomentan la dependencia y la continuidad de la pobreza. Estos tiempos necesitan de alternativas que activen la producción desde distintos actores y regiones.




