
Adiós Rocky gracias por todo

Hay muchas ocasiones en que un escritor que ha dejado el oficio vuelve a las andadas después de bastante tiempo sin escribir. Esta es de las peores: la muerte de un gran amigo, un hermano; más que una mascota, un compañero que dejó huella en mi vida. Por eso, Rocky, esta es para ti.
Aún recuerdo aquel 2013 cuando te conocí; eras un pequeño Westy hermoso. Mi papá te trajo en un brazo y en la otra mano llevaba tu camita. Eras una bola de pelos divina. Era un mundo nuevo para ti a los 3 meses, luego de estar encerrado en una vitrina en Arca de Noé de la Pradera.
Lo olías todo, lo explorabas todo. Tu hermana Piru, que en paz descanse, se enojó tanto por los celos que pasó babeando tres días del coraje; luego se volvieron inseparables.
Me enseñaste muchas cosas desde cachorro. Todos los días me despertabas con besos; así aprendí a decirle «buenos días» siempre a las personas que amo. Con tus “zoomies” me enseñaste que hay que disfrutar cada momento y que, si sientes alegría, hay que demostrarla como si nunca hubiera un mañana. Me enseñaste a tener paciencia con tus travesuras cuando mordiste y rompiste mis zapatos nuevos; me enseñaste que las cosas materiales no son importantes.

Te agradezco cada segundo que pasaste conmigo. Sé que fuiste muy feliz. Te encantaba hacer las siestas a mediodía en mi regazo; amabas que te diera pollo o papa, pero sobre todo nunca olvidaré tu pasión por los frijoles: dabas vueltas de alegría cuando sabías que te daría un pan untado con frijoles.
Recuerdo tu fascinación por los paseos y que te gustaba ir caminando de la casa a Cayalá; lamentablemente siempre puse excusas y no te pude acompañar hasta allá.
Perdiste la batalla con la edad y con el asqueroso cáncer y así, pues, lo que inició como una familia feliz con tres canes ahora volvió a perder otro miembro, pero sé que ya estás con tu hermana Piru esperándonos.

Tu hermano el Gonzo, tu compañero de aventuras inseparable como les decía, (la uña y la mugre), está muy triste. Entendió tu deceso, pero su dolor de alma es muy evidente: aquel que no paraba de pedir comida ahora ya no lo hace; tampoco quiso salir a pasear ni se anima a echarse en la camita donde pasaste tu último día, solo la ve con tristeza.

Mi mamá, con quien te acurrucabas siempre, también te extraña mucho y por ratos llora por tu ausencia. Mi papá, en su manera de ser, sé que también te extraña mucho. Yo siento que me arrancaron un pedazo del alma por tu ausencia, pero siento paz al saber que ya no sufres.
Este escrito es de los más difíciles que he elaborado. Sabes, Rocky, eras tú con quien mi alma creó los lazos más fuertes, a quien mi corazón le dio el espacio más grande; por eso se me dificulta tanto.
Tus últimos días estabas muy débil, pero siempre intentabas mover la cola de alegría y usabas tus últimas fuerzas para recibirme con alegría cuando llegaba a la casa. Incluso en tus últimas horas buscabas el momento para hacerme saber que estabas muy feliz de que estuviera contigo.
Nuevamente me tocó estar frente a esa mesa fría de metal y llorar como sucedió con tu hermana Piru, pero esta vez eras tú el que estaba postrado ahí esperando lo inevitable. Fuiste valiente hasta tu último segundo; me viste destruido y llorar, pero a pesar de que estabas muy débil, me miraste. Con esa mirada me explicaste que todo estaría bien y lo mucho que me amabas.
Gracias, amigo mío; gracias, mi Rocky; gracias, mi canito; gracias, mi hermano. Me harás mucha falta y, aun en tu ausencia, me enseñaste que no debo dejar de escribir y que lo vuelva a hacer. Gracias, mi niño. ¡HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR! Un abrazo al cielo, pronto llegaré.
Muchas gracias, lectores, por tomarse el tiempo para leer estas letras en honor a Rocky. Si tienen mascotas, cuídenlas, aprovechen el tiempo con ellas, porque los HUBIERA no existen.

Descansa en paz, el Westy Rocky Alvarado, mi hermano de alma.



