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Creación de la Escuela Normal Superior en Guatemala

Antropos

A la memoria de los insignes normalistas y grandes maestros Carlos González Orellana, Raul Osegueda, Rodolfo Ortiz Amiel, Jorge Mario García Laguardia, Mario René Matute, Oscar Gabino Peláez Ochoa.

La educación tiene como función esencial iniciar y hacer crecer en las personas el significado de la palabra libertad como un principio democrático fundamental y como un derecho humano que la hace ser parte de la sociedad a la que pertenece. Beatriz Villarreal, tomado de su libro: Educación y Libertad. 

Debo iniciar este artículo mencionando que soy hijo académico de la Escuela Normal Central para Varones, en donde tuve la oportunidad de contar con maestros  como  Hugo Guzmán, Arcadio Madrid, Amilcar Echeverría, Carlos Gordillo Barrios, Enrique Arriaza, Luis Siecavizza,  José María Dardón, Oscar Brunni, Víctor Meléndez, el beliceño Paul Lewis, Guayo Barrios, Guillermo Echeverria, Prudencio Dávila, el músico Antonio Vidal, Aquiles Marroquin, Oscar Ramos Alvarado y hermano, llamados los azacuanes,  Héctor Cabrera Guzman, Guillermo Roulet, Marco Tulio González, entre otros. Ellos nos enseñaron a aprender, entendiendo como dice mi estimado amigo Francisco Revolorio, que “los estudiantes forman parte del jardín y nosotros los maestros somos los jardineros”.  Hermosas palabras para ser siempre tomadas en cuenta como una especie de los propósitos de la educación.  Y para hacer un poco de historia, en la entrada del antiguo edificio de este centro educativo, quedó estampado el pensamiento del apóstol José Martí cuando impartió clases invitado por su director José María Izaguirre: Y me hice maestro que es hacerme creador.  

Rosando los tiempos de la revolución democrática, cuando Juan José Arévalo Bermejo siendo presidente y exalumno de la normal, apoyo a fondo a este centro educativo que por cierto lo inspiró para escribir el libro Inquietud normalista, el cual es ahora y siempre, una lectura obligatoria para todos los educadores. Y fue también el momento que intelectuales de la estirpe de Mardoqueo García Asturias, padre por cierto de otro gran normalista Jorge Mario García Laguardia, siendo director de la Escuela Normal, dijo estas palabras: “¿Qué puede hacer el maestro, encadenado a un medio en donde la preparación es un estigma y en donde se suprime como entidad peligrosa la Escuela Normal? Sin maestros, pero maestros auténticos, la redención del país por la escuela no puede ser”. 

Conforme pasaron los años, estas escuelas fueron trasformadas a partir de la firma de un Convenio de Cooperación entre el gobierno de la República y la Universidad de San Carlos en el año 2013 que a la letra dice: Convenio específico de cooperación para la transición inicial docente a nivel superior en la República de Guatemala. Entre los acuerdos está escrito que se deben de llevar a cabo  programas de Formación Inicial Docente (FID) a partir del año 2015, sobre la base  que a nivel de educación secundaria se abrió el Bachillerato en Ciencias y Letras con orientación en educación por dos años y los otros dos, para completar los cuatro que estaban planificados para la conclusión de la carrera, en este sentido los otros dos se llevarían a cabo en un centro de educación superior a fin de obtener el diploma de Profesores en Educación Primaria Bilingüe Intercultural y Profesorado en Educación Primaria Intercultural complementado en áreas de expresión artística,  física, deportiva. El proyecto fue una buena idea en el sentido que un centro de educación superior formara a los maestros. No hay duda de estas buenas intenciones. Pero habrá que reconocer que una acción de esta envergadura tiene a la larga algunos aciertos y desaciertos. Lo primero consistió qué con este acuerdo gubernativo, desaparecieron las escuelas normales responsables de formar por décadas, a los maestros. Escuelas que han significado en nuestra historia de la educación, parte significativa de la identidad cultural guatemalteca. 

Cuando esto sucedió, sugerimos en su momento, como educadores, una tercera vía que fue la creación de la Escuela Normal Superior amparada por la universidad junto con los maestros Bayardo Mejía y Mario Roberto Morales. Obviamente no tuvo éxito esta idea, porque la voluntad política del gobierno y la USAC, de crear el programa de Formación Inicial Docente, inspirado en modelos similares de algunos países de América Latina, ya estaba en marcha.  

Ahora surge otro cambio educativo al existente por una nueva ley que este 3 de febrero 2026, aprobó el Congreso de la República como Ley de las Escuelas Normales Superiores según Decreto 4-2026. Esta acción política, ratifica el espíritu normalista y nos encaminamos a una renovación creativa de las escuelas normales. Esfuerzos que se deben a diputados entre otros, a Marleni Matias, Inés Castillo, Lucrecia Marroquín de Palomo, por su capacidad de dialogo y comprensión. Una de ellas, fue la ponente original de esta iniciativa que contó, obviamente, con la revisión, análisis, reflexión en torno a mejorar el documento final bajo responsabilidad académica y política del Ministerio de Educación, propuestas de este ente rector de la educación del país que están contenidas en la ley aprobada. Así mismo están en la memoria otras personas como el diputado Ovidio Monzón que en su momento siendo presidente de la Comisión de Educación del Congreso hizo aportes sustantivos, también el educador Doctor Carlos Aldana, que en su momento se plantó en una lucha a favor de las normales de manera conjunta con los estudiantes normalistas. De la misma manera estuvo también comprometida en todo este proceso la Asociación Nacional Normalista lidereada por el Doctor Edgardo Laparra en gestiones ante él MINEDUC y el congreso de la república en pro de rectificar la existencia de las escuelas normales. 

Ahora que tengo ante mis ojos  el decreto en cuestión, me percato que en sus considerandos se encierra una filosofía de la educación inspirada en un ideal educativo que a la letra dice: “Que los docentes desempeñan un papel preponderante en el proceso enseñanza aprendizaje, cuyo propósito es formar a los educandos, fortaleciendo los principios y valores de la sociedad guatemalteca y su identidad nacional de modo que el Estado debe establecer un proceso de formación de los docentes que garantice la libertad de enseñanza y el criterio docente bajo los más altos estándares de calidad educativa”. 

Se agrega a esta renovada ley de las Escuelas Normales Superiores, temas centrales como es la creación de un Consejo de investigación, evaluación y seguimiento, el cual tendrá la responsabilidad de diseñar y llevar a la práctica proyectos de investigación que deberán ser expuestos en los encuentros normalistas cada dos años promoviendo a su vez el pensamiento crítico. Por las características que le asignan, podrán estas escuelas establecer convenios con universidades o bien entes educativos, culturales a nivel nacional e internacional en función de las especialidades que deberán desarrollar, además de contar con sus propios presupuestos anuales. Así mismo para ser docentes en estas escuelas normales, se deberá contar al menos con una licenciatura en ciencias de la educación o pedagogía, o bien con las maestrías respectivas. Esto indica un cambio de fondo. Y a los alumnos que aspiren a ingresar, deberán de tener aprobado el ciclo básico con una nota no menor a 75 y cursarán tres años y un cuarto de especialidad, sea en algunas de las áreas que el estudiante tenga competencias o vocación, tales como ciencias exactas, ciencias sociales, expresiones artísticas, deportes, entre otras. 

Vienen nuevas tareas para el Ministerio de Educación porque ahora tiene entre sus manos un enorme reto para hacer respirar de nuevo el espíritu del normalismo con imaginación, creatividad, pensamiento crítico, dialogo y compromiso a fondo con la educación.

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