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El pensamiento crítico en el contexto pedagógico

Reflexiones

«El pensamiento crítico es el pensamiento reflexivo y razonable centrado en decidir qué creer o hacer”.
Robert Ennis

El pensamiento crítico se define en el marco de la taxonomía de Benjamín Bloom, como el proceso cognitivo de conceptualizar, aplicar, analizar, sintetizar y evaluar de manera coherente la información adquirida o generada por la observación, la experiencia, la reflexión, el razonamiento o la comunicación, como una guía para la deconstrucción y la praxis. En su esencia, no se trata simplemente de acumular información, sino de la forma en que se procesa y se cuestiona para alcanzar conclusiones fundamentadas y lógicas.

Este modo de pensar implica un compromiso con la claridad, la exactitud, la precisión, la relevancia y la profundidad de ideas. El pensador crítico busca identificar supuestos subyacentes (mitos y creencias), evaluar la calidad de la evidencia (método Cartesiano) y considerar múltiples perspectivas antes de emitir un juicio de valor. En un mundo saturado de información y desinformación, ésta capacidad (pensamiento crítico), se ha convertido en una competencia esencial para la ciudadanía activa y el éxito académico.

El origen del pensamiento crítico se remonta a la antigua Grecia, específicamente a las enseñanzas de Sócrates, hace más de 2,500 años. Sócrates estableció la importancia de buscar evidencia, examinar de cerca el razonamiento y las suposiciones de sus discípulos y analizar con rigor los supuestos subyacentes. Su método, conocido como “Mayéutica”, sigue siendo la estrategia pedagógica más reconocida para fomentar el pensamiento crítico, destacando la necesidad de coherencia lógica y claridad en las ideas.

Posteriormente, durante el Renacimiento y la Ilustración, pensadores como Francis Bacon (1620) y René Descartes (1637), aportaron nuevas dimensiones. Bacon advirtió sobre los «ídolos de la mente» (distorsiones cognitivas que nos impiden ver el mundo con claridad), o sesgo cognitivo, que distorsionan nuestra percepción de la realidad. Por su parte, Descartes introdujo la duda metódica (escepticismo metódico), argumentando que cada parte del pensamiento debe ser cuestionada y probada antes de ser aceptada como verdadera.

El pensamiento crítico no es una habilidad innata, sino una facultad que se cultiva mediante la educación (proceso de enseñanza-aprendizaje). Desde las preguntas de Sócrates hasta los modelos estructurados de Paul y Elder, la historia nos enseña que para pensar bien se requiere disciplina, humildad intelectual y la voluntad de cuestionar nuestras propias certezas. En la era de la inteligencia artificial y la sobrecarga informativa, el legado de estos teóricos es más relevante que nunca, proporcionándonos las herramientas necesarias para una buena singladura en la complejidad del presente, con autonomía y rigor.

Considero pertinente citar a algunos de los teóricos más influyentes:

  • John Dewey (1859-1952): Considerado el padre del pensamiento crítico moderno, lo denominó «pensamiento reflexivo» en su libro >Democracia y Educación (1916)> y lo define como la reconstrucción activa y deliberada de la experiencia, pasando de la mera actividad a la indagación consciente para resolver problemas. El pensamiento crítico es una actitud científica de la mente que implica la suspensión del juicio, al no aceptar directamente las opiniones de otros, ni los propios prejuicios, sin antes someterlos al raciocinio y la experimentación.
  • Robert Ennis: Es uno de los teóricos más citados por sus reflexiones en cuanto al pensamiento crítico. Su definición se centra en la toma de decisiones y la acción, destacando que el pensamiento crítico no es solo un ejercicio académico, sino una herramienta práctica para la vida diaria.
  • Richard Paul y Linda Elder, fundadores de la Foundation for Critical Thinking (Fundación para el pensamiento crítico). Desarrollaron un modelo integral que incluye los «Elementos del Pensamiento» (propósito, pregunta, información, inferencia, conceptos, supuestos, implicaciones y puntos de vista) y los «Estándares Intelectuales Universales», (los nueve estándares principales son: claridad, exactitud, precisión, relevancia, profundidad, amplitud, lógica, significación y equidad/justicia).
  • Matthew Lipman: Creador del programa «Filosofía para Niños», definió el pensamiento crítico como aquel que facilita el juicio porque se basa en criterios, es autocorrectivo y sensible al contexto.

Se puede inferir que el pensamiento crítico es tener el deseo de buscar, la paciencia para dudar, la afición de meditar, la lentitud para afirmar, la disposición para considerar, el cuidado para poner en orden y el odio por todo tipo de impostura.

Para concluir es importante indicar que el pensamiento crítico es un proceso mental que permite razonar y evaluar evidencia disponible respecto de un problema o hecho social (Émile Durkheim). Este proceso puede ser facilitado desde la praxis docente, potenciando así las capacidades de aprendizaje de nuestros estudiantes.

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