
ESTADO DE SITIO: La Tregua de los criminales
Barataria
Cuando se exacerba la inseguridad, la criminalidad o bien se presume que el poder político se encuentra en riesgo; la Constitución prevé la facultad del presidente de la república de decretar en Consejo de Ministros un estado de excepción encaminado a suspender ciertas garantías constitucionales para facilitar la eficacia de las fuerzas armadas de tomar el control de la situación. En Guatemala muchos gobernantes han decretado estados de excepción tanto a nivel nacional como departamental en algunos casos.
Recientemente, aunque ya se le haya olvidado a muchos, los criminales mareros procedieron a realizar un artero ataque a las fuerzas policiales que dejó el asesinato de diez policías nacionales y algunos otros heridos. En un país como Guatemala, acostumbrado a leer en diarios y redes sociales noticias a diario de muertos ya sea homicidios o asesinatos, no se le da un valor real a estas noticias. En cuanto a los policías nacionales asesinados pasaran a engrosar una larguísima lista de asesinados en el país sin siquiera conocer quienes cometieron ese crimen, porque la impunidad es tal, incluso que a quienes se les ha acusado de haber sido autores materiales de estos crímenes se burlan abiertamente de lo que hicieron llamando “puercos” a los asesinados.
Se supone que al existir un Estado de Sitio como el decretado por el señor Arévalo, sus ministros y su flamante Ministro de Gobernación, la situación al menos pintaría mejor, es decir que los delincuentes por lo menos temerían salir a las calles a continuar teniendo no solo de rodillas sino a rastras a la población guatemalteca. No podemos ignorar lo que ocurrió en esta semana, en pleno estado de sitio y que supone que las fuerzas de seguridad medianamente tendrían algún control de la situación, el asesinado de una joven mujer Ana Cecilia Lima de tan solo 24 años de edad, maestra de párvulos y estudiante de pedagogía.
El asesinato de esta joven maestra no debería pasar como muchos otros han pasado sin son ni ton, es decir como si agua va agua viene o con la indiferencia de las autoridades encargadas de la seguridad del país. No resulta posible que Ana Cecilia haya sido asesinada porque, en medio de un asalto cotidiano de buses, quiso descender para no ser víctima del robo y que por ello algún idiota como esos asesinos acostumbrados a disparar cuando están en manada porque solos son unos cobardes. El desprecio a la vida en Guatemala es tal que cualquier idiota asaltante lo primero que piensa es en dispararle a todo aquello que se mueve, ni siquiera estamos en el viejo oeste en donde los pistoleros al menos tenían honor de no disparar a nadie que no estuviera armado ni prevenido, mucho menos a mujeres y niños.
Lo peor y más grave es lo que actualmente está pasando del lado de las autoridades de gobernación y el mismo presidente de la república. El famoso estado de sitio solo es una pantomima, una pantalla, un simulacro de pretender hacer creer a los guatemaltecos que todo está nuevamente bajo control cuando en realidad el control no lo tienen las fuerza de seguridad sino lo tienen los criminales que aterrorizan y matan impunemente como si nada hubiera cambiado desde la muerte de los diez policías y el eventual estado de sitio que se impuso.
Esta claro que en Guatemala la delincuencia ha sobrepasado en poder, logística, planificación y ejecución a las fuerzas de seguridad. Las fuerzas de seguridad no fueron capaces de advertir el plan para asesinar policías hace unas semanas esto quiere decir que de inteligencia no hay nada, no existe en Guatemala porque no se previó ninguna escalada de violencia de tal magnitud. Y, si pensamos con una lógica principiante que, en medio de un Estado de Sitio en donde se encuentran suspendidas garantías como la de portación de armas de fuego, reuniones etcétera, los delincuentes sin más ni mas pueden andar haciendo fechorías como si nada hubiera pasado ¿Qué se puede pensar que ocurre cuando no hay Estado de Sitio?
Es decir, si las autoridades no hacen nada porque literalmente temen que se les acuse de violadores de derechos humanos o que se les tilde de represores y una sarta de calificativos; entonces mejor renunciar porque ya se sabe de antemano que nada harán y que la población no puede más que buscar defenderse como puede porque quien tiene el poder, quien está legitimado para ejercer todas aquellas facultades y garantizar el derecho a la vida, no está haciendo absolutamente nada en materia de seguridad.
Cierto es que el problema de la inseguridad en Guatemala no es nada nuevo, viene de muchos gobiernos atrás, pero si seguimos la lógica de que “todos los problemas de Guatemala los ha heredado el gobierno actual y por lo tanto no puede hacer nada” ¿Para qué nos empeñamos en tener una democracia? ¿Si el siguiente gobierno va a decir lo mismo, todos los problemas son heredados y no se puede hacer nada? Se asume que el ejercicio del poder por parte de las personas que elegimos es precisamente para ello “ejercer el poder” y esto significa y representa el tomar decisiones basadas en una política pública y la ley, para erradicar aquellos problemas que aquejan a los guatemaltecos. Excusarse estúpidamente en que el gobierno que llega al poder ha heredado problemas y nada puede hacer resulta tan inmoral como aceptar que se ha mentido descaradamente a la población. Nadie exige que quien gobierna cambie el país de la noche a la mañana, pero lo que sí se exige es que inicie un procedo de cambio y que medianamente al dejar el poder las cosas sean diferentes en el sentido de mucho mejor y con mayor beneficio para todos.
Lo que esta ocurriendo en Guatemala es un deterioro total del ejercicio del poder, quienes llegan a los cargos públicos lo hacen por intereses mezquinos que no representan las necesidades de la población. Nadie cree que derrotar a las maras y al crimen organizado se realice de la noche a la mañana, pero todos exigimos que la seguridad sea palpable en las calles, en los buses y que ya no existan zonas rojas en dónde entrar por equivocación es una sentencia sumaria de muerte porque quien se atreve a entrar es asesinado allí mismo.
En otras palabras: ¿Hasta cuándo el señor Arévalo y su flamante Ministro de Gobernación van a continuar ese obsceno maridaje que mantienen con las maras y con todos los grupos de criminales y asesinos?

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