
Geografía, geopolítica y poder: determinismo estratégico en el siglo XXI
Del Escritorio del General
La historia de la humanidad no puede comprenderse sin atender a la interacción constante entre el ser humano, el espacio que habita y el poder que ejerce para sobrevivir, prosperar y dominar. La geografía, lejos de ser un elemento pasivo, ha condicionado desde siempre las decisiones políticas, económicas y militares de las civilizaciones. En el siglo XXI, este vínculo se intensifica bajo nuevas formas: la globalización, la geoeconomía, el desarrollo tecnológico y la disputa por recursos estratégicos han transformado la geopolítica en un factor determinante de la seguridad y la defensa de los Estados.
Desde los albores de la humanidad, el hombre pasó de ser cazador-recolector a organizador social. Las migraciones, motivadas por la búsqueda de alimento y condiciones favorables, marcaron los primeros desplazamientos estratégicos. Con el tiempo surgió la necesidad de gobernar, administrar y proteger territorios, dando origen al poder político. La economía se convirtió entonces en un instrumento de dominación, y los recursos naturales —el suelo, el subsuelo y las rutas comerciales— adquirieron un valor estratégico fundamental.
A lo largo de la historia, los imperios se han construido y derrumbado siguiendo patrones geográficos y geopolíticos claros. Las conquistas y la colonización no fueron hechos fortuitos, sino respuestas a la necesidad de expansión territorial y control de espacios vitales. El determinismo histórico demuestra que los Estados que comprendieron esta realidad lograron imponerse.
La geopolítica como herramienta de análisis del poder permite comprender cómo el territorio condiciona la política, la economía y la guerra. En el mundo contemporáneo, esta lógica se expresa con mayor claridad en la geoeconomía, donde el control de mercados, cadenas de suministro y recursos energéticos define el equilibrio global.
Centroamérica se encuentra hoy en una encrucijada crítica. Su posición geográfica la convierte en un corredor estratégico para el comercio global, pero también en una ruta privilegiada para el crimen organizado transnacional. La fragilidad institucional, la corrupción y la falta de control territorial debilitan la paz social.
Frente a este escenario, las estrategias de contención adquieren un carácter integral. La seguridad requiere inteligencia eficaz, control territorial, presencia estatal, desarrollo sostenible, gobernanza local y cooperación internacional.
En conclusión, la relación entre geografía, geopolítica y poder sigue siendo el eje estructural de la seguridad y la defensa en el siglo XXI.
Adelante con espíritu de vencedores.

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