
GUATEMALA: un país con vocación electorera
Antropos
“En una democracia, la voluntad de la comunidad es siempre creada a través de una discusión entre mayoría y minoría y de la libre consideración de los argumentos en pro y en contra de una regulación determinada”. Hans Kelsen en Teoría general del derecho y del Estado.
Desde la antigüedad la democracia se llevó a la práctica con la participación de la ciudadanía. Siempre existió una institución en la que sus miembros, en términos generales, eligieron a sus autoridades. Pero a su vez, también tuvieron la oportunidad del diálogo, de los acuerdos, así como de una fuerza que los movía de manera natural, al logro de la convivencia humana. En ese sentido argumenta Norberto Bobbio que “La diferencia entre el arte de la política y las otras artes es que no se enseña, y no se enseña porque es patrimonio de todos. Eso explica el motivo por el cual todos tienen derecho a participar en el gobierno de la ciudad”. Obviamente los esclavos que fueron los cultivadores de la tierra, de la producción de otros bienes materiales, y de la construcción de casas, monumentos de esas sociedades, no tuvieron ninguna oportunidad de estar integrados a las deliberaciones de quienes dirigían el aparato de conducción política y administrativa.
Conforme pasaron los años, nos ubicamos históricamente en la Edad Media, en donde surge el escolasticismo como expresión política, ideológica y religiosa, del modo de producción feudal. Desaparece el espíritu de comunidad que tenía una larga tradición en la antigüedad de Grecia y Roma, en donde los ciudadanos debatían y elegían a sus funcionarios. En la época medieval se construyen castillos. En paralelo desaparece lo comunitario y se impone el vacío en el que cada señor feudal, era una especie de gobernante de su propio territorio, los que vivían de los impuestos que cobraban a los siervos, para financiar su vida licenciosa de juegos de caballería y de comidas exorbitantes, todos en el fondo, amparados por el Papa quien realmente era el que decidía la suerte de las personas, junto con su sínodo de obispos. Esto provocó un aislamiento casi total. Esta forma de vivir los condujo al quiebre porque llegó un momento que no podían financiar sus fiestas solamente con impuestos y acudieron a los judíos comerciantes para pedirles créditos, a cambio de algunos territorios. Esta situación fue de alguna manera, el caldo de cultivo que dio origen a otra forma de organización social, en la que incidió también, la revolución copernicana, el surgimiento de una nueva economía que advino con muchas cosas, acompañado todo esto, con la reforma protestante en Alemania, Francia e Inglaterra principalmente. Sin embargo, habrá que reconocer que las órdenes religiosas en la época medieval le apostaron al estudio y a la escritura. Nacieron las universidades y sobresalieron pensadores como San Agustín y Santo Tomás que dieron grandes aportes al estudio de la política.
Con el pasar del tiempo, la humanidad experimentó grandes momentos. Nació el Estado y se consolidó la democracia política. Con la revolución francesa los derechos y responsabilidades ciudadanas alcanzaron su plenitud. La independencia de Estados Unidos y los documentos que le dieron fundamento a esa joven nación, consolido la institucionalidad del Estado con todas sus responsabilidades republicanas. Así mismo, la revolución bolchevique afianzó los derechos de los trabajadores. A su vez, después de la segunda guerra mundial, Naciones Unidas aprueba un documento que alcanzó dimensiones universales, acerca de los derechos políticos, civiles, sociales y posteriormente se amplió a otros de carácter más profundo a favor de la dignidad de la persona humana.
El Estado entonces, como expresión jurídica y política de la sociedad, le dio consistencia a la convivencia humana a partir del ordenamiento de la sociedad a través de las leyes y de la justicia. Esencialmente tiene el propósito de resguardar los derechos que protejan en toda su plenitud a la dignidad de la persona humana. Es quien administra los impuestos para atender las necesidades de la sociedad. El espíritu republicano le definió tres funciones centrales, el poder ejecutivo o sea el gobierno como tal, el poder legislativo para discutir y debatir las diferentes propuestas de ley que le dan orden a la sociedad, el poder judicial, quien vela por el cumplimiento de los deberes ciudadanos y las penalidades correspondientes.
Esta descripción es lo ideal, pero del hecho al trecho, como dice el refrán popular, hay mucho trecho. Sin someter mis consideraciones a los diversos países de América Latina, me interesa detenerme en Guatemala, país que he logrado definir como aquel que tiene vocación por las elecciones. A lo mejor, pensaría, que es una manera suigéneris de entender la participación democrática. Ahora bien, las otras expresiones de la democracia en el ámbito social, económica, ciudadana, educativa, cultural, ambiental, respeto a la diversidad étnico cultural y democracia global, me parece que no están presentes, sino que sólo a la llamada democracia política y por ello, esa esmerada atención que se le da, a los procesos electorales.
Esta actividad electorera también está presente en la única universidad pública que existe, o sea la Universidad de San Carlos. Hay elecciones para rector, para los cuatro miembros de las diez facultades que integran el Consejo Superior Universitario, para los diferentes cuerpos directivos de todas las unidades académicas, incluyendo facultades, escuelas no facultativas, centros universitarios. Pero lo más, grave, esta universidad se ve involucrada en la elección de los diferentes puestos del Estado, como es el Tribunal Electoral, Fiscal general, Corte de Constitucionalidad, Junta Monetaria, IGSS, y más de ochenta representaciones del sector público. O sea, en la Universidad sus funcionarios están más dedicados a la gestión de esta gran cantidad de elecciones, que la atención a la academia, que es su razón de ser. Esta tradición politiquera que viene de años atrás ha venido a deformar el sentido y significado del quehacer universitario. Sería conveniente una reforma radical para eliminar esta mala praxis de nuestro centro de educación superior y sembrar esfuerzos para el logro de una mejor universidad al servicio de la ciencia, el arte, la cultura, la educación, el medio ambiente, a fin de convertirse en faro de luz y de ser una muestra para la sociedad y el Estado, de lo que se debe de hacer por la dignidad de la persona humana.
A nivel nacional, esto es mucho más grave. Se elige presidente, diputados, alcaldes, gobernadores, fiscales, jueces, magistrados, contralores de cuenta, procuradores de derechos humanos, entre otros más. Lo que se traduce, en la práctica, que cada uno de estos cuerpos e individuos de la administración pública, están dedicados, enteramente a la politiquería para elegir y ser electos.
Pequeña conclusión cubierta de una honda preocupación ciudadana, pareciera que el Estado guatemalteco que fue en esencia organizado para atender a las necesidades de la población y a sus aspiraciones para vivir con dignidad, no existe. Antes bien, lo qué si es real, es la ambición de individuos y grupos para ostentar los puestos en el Estado a través de la vía electorera, que no es realmente democracia política, sino una manera de disfrutar con vanidad los placeres que da el poder o de los almuerzos suculentos que son aprovechados para hacer crecer las riquezas de unos pocos.
A fin de entender lo dicho, me parece que lo justo y objetivo, sería que el Tribunal Supremo Electoral, como órgano central del Estado guatemalteco, debería de estar al frente de esa gran cantidad de elecciones y evitar así que los mismos funcionarios, se elijan entre ellos mismos atendiendo sus intereses mezquinos.

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