
Intimidades
Antropos
Hay momentos en nuestras vidas que nos urge la intimidad de la soledad, del sosiego, de la contemplación, de la meditación, de la reflexión y de la comunicación profunda con los seres queridos que nos rodean cada momento.
El barullo de las voces estridentes, confusas, agudas, con gritos y hasta iracundas que se entrelazan con el rugido de motores corriendo de un lado hacia otro, molestan las membranas de nuestra alma. Arañamos las paredes de la casa para sobrecogernos y defendernos desesperadamente de estas explosiones estridentes que afean nuestra propia intimidad.
Es este mundo ruidoso, lleno de intrigas, traiciones, desconfianzas y violencia, pero también de amor, en el cual vivimos. No hay otro, a no ser aquellas noches que nos cobijan en la profundidad de su silencio el sueño placentero que nos envuelve entre sábanas de instantes.
La intimidad es entonces, una especie de escape para ganarle al trajinar del caminar diario, un punto ideal para sembrar energías que abran con vitalidad los senderos de la vida. Es mucho lo que debemos de hacer. Es mucho lo que debemos pensar. Es mucho lo que debemos de querer. Es mucho lo que debemos de amar para ahuyentar a los demonios siniestros que vigilan con maldad la vida ciudadana.
No habrá que permitir que nuestra intimidad sea mancillada, porque esta es sagrada en virtud de ser el corazón de la vida personal. Debemos de comprender qué en la intimidad de nuestra conciencia, crece la creatividad, la imaginación, la sensibilidad, los sueños, ideales, propósitos y la acción decidida para trabajar colectivamente con la idea de que nuestras familias vivan amorosamente y nuestra nación, sea una mejor nación.

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