
La congoja de Irán y la Inversión extranjera
Sueños…
Que nos deja la guerra de Irán
A lo largo de América se hacen sentir los temores y oportunidades que se abren ante un nuevo mundo. Algunos países y sus dirigentes corren a refugiarse bajo las botas de las dos grandes potencias que dominan el mundo. Unos pocos tratan de sobrevivir con una soberanía agrietada de los Estados. Nigel Chalk, uno de los gurús del FMI resume la guerra en Oriente Medio tendrá un impacto desigual en las Américas, los efectos sobre el crecimiento variarán de un país a otro, pero la inflación aumentará en todos. El aumento de los precios en toda la región y el temor de invasiones militares abiertas genera incertidumbre y un repliegue en las demandas democráticas de la población.
Chalk nos dice que la región comenzó el año 2026 un crecimiento positivo, y en la mayoría de los países, la inflación estaba en el nivel fijado como metal. Lo mejor, por primera vez la región gestionó con propiedad los aranceles agresivos de Trump, y el cierre del comercio mundial fue aprovechado en varios países para aumentar sus exportaciones. Todo era un mundo feliz. El retorno obligado de migrantes desmotivó la salida hacia el norte.
La economía no miente, no hay almuerzo gratis, en el mundo toda ganancia, todo beneficio tiene un costo. Las condiciones financieras y los flujos de capital sufren vaivenes que provocan tensiones. Los inversionistas internacionales se llenan las manos de oro en los grandes mercados financieros internacionales de valores, el Dow Jones y otros crecen y provocan temor a la entrada de una nueva crisis financiera global. Las materias primas, los insumos y alimentos suben de precio.
En medio de ese caos, a la región le va bien en términos de crecimiento económico.

El límite eterno de la soñada, muy cacareada e imposible unidad de América “latina” es grande. El tema central es que no somos iguales. Cada país se defiende como puede, y si tiene que pasar sobre sus “hermanos” lo hace sin misericordia.
El FMI es claro. “Los países productores de petróleo —Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guyana, Trinidad y Tabago y Venezuela— se están beneficiando de los elevados precios de la energía. La escalada de los precios de las materias primas está incidiendo positivamente en sus balanzas de pagos, promoviendo el crecimiento y aliviando las finanzas públicas”. La historia es clara, en países desarrollados la bonanza del petróleo les da fortaleza, en países atrasados, como la América nuestra la bonanza termina en endeudamiento, concentración de la riqueza en manos de pocos, grandes inversiones de palacios en la Florida, pobreza y analfabetismo. Ya sabemos dónde terminará todo.
Sin embargo, del encarecimiento de la energía y los alimentos no se salvará nadie. Especialmente los grupos más vulnerables.
Y, si nos sos petrolero, ni cuatazo de los gringos. Además de la comida, la energía, el transporte y los servicios públicos la población cargará con los ajustes necesarios. Algunos países harán esfuerzos por mejorar la calidad y acceso a la educación, la salud y la IA. Además de aumentar la inversión en electricidad generada por energías renovables.
La inflación, el Voldemor del banco central se hará presente en todos los países. Los que no se estén preparando desde ya verán una fuerte caída en su estabilidad social y política. Si es que existiera. Como se ve en el crecimiento económico los países del istmo se defienden, pero en la desigualdad y el caos no. La inflación es equitativa, como la muerte no perdona a nadie. El crecimiento de los precios será igual para todos. Debemos estar preparados para enfrentar los costos más altos de los combustibles, el transporte, los alimentos y otros insumos. Esto hará caer un gran peso sobre las clases medias y pobres.

La economía importa
En general la planificación es inoperante como método de dirigir un país. Es valiosa para los cortos plazos y las crisis. Lo dicen bien los del FMI “… los países con los marcos macroeconómicos institucionales más sólidos serán los mejor preparados para soportar el shock. En una situación como la que atraviesa actualmente la economía mundial, es de suma utilidad que las expectativas de inflación estén bien ancladas y contar con planes fiscales creíbles y un bajo nivel de deuda. Los países que hayan acumulado espacio fiscal deberían ahora aprovecharlo con prudencia. Los que disponen de menos margen, en cambio, están ante la posibilidad de tener que endurecer tanto la política fiscal como la monetaria. Los exportadores de energía con escasas reservas internacionales o débiles fundamentos económicos no deberían desaprovechar esta oportunidad para ahorrar la mayor parte de los ingresos”.
La teoría acumuló experiencia y reglas que permiten controlar mejor, hasta donde se puede, la estabilidad económica y social. Uno de los teoremas es anclar la inflación alrededor de un margen, que de lograrse permite el funcionamiento del resto del aparato social. Otro tema singular es la credibilidad en dos instituciones. El banco central que al tener credibilidad puede manejar los instrumentos monetarios para mantener funcionando el aparato económico. Tercero, generar un superávit fiscal primario, que significa que el gobierno pueda pagar su funcionamiento con impuestos y no con deuda.
Aquí todo se pone oscuro. El populismo, de izquierda o de derecha, (que todos los políticos son populistas pues apelan al sentimiento de que sus esfuerzos y sacrificios los hacen por el bienestar del pueblo), tiene que ser manejado con discreción. Las autoridades, principalmente las fiscales se ven en la tentación de retrasar las subidas de precios de alimentos y combustibles. Las ayudas deben focalizarse en las familias, agricultores y pequeños negocios. Los grandes finqueros, los bancos, funcionarios del Estado y grandes comerciantes tienen que aportar para enfrentar la pandemia que se viene.
Gobiernos tan endeudados como los de América están asfixiados. No puede aumentar los déficit presupuestarios, el gasto tiene que ser eficiente y competitivo; los ingresos equitativos, principalmente ingresos directos; la deuda solamente puede aprobarse para inversión real.


Conclusión tentativa
En términos prácticos, uno de los factores que impiden el desarrollo, es la escasez o falta de capital productivo. Los treinta países industrializados a lo largo de su historia han acumulado una masa de capital productivo que ha desbordado sus necesidades generales y que les permiten acumular un excedente. Este excedente es trasladado hacia los países del tercer mundo de varias formas, interpretar que efectos positivos y negativos para el desarrollo pueda tener este flujo de capitales extranjeros es indispensable. Es decir, una de las hipótesis planteadas a nivel internacional es que el desarrollo puede iniciarse si el país en vías de desarrollo puede acumular un capital original. Esta posibilidad ya no es viable por el estado de desarrollo actual. Ya no se puede repetir la experiencia de los países industrializados originales, por lo que es necesario generar un capital semilla en otras formas. Uno de los métodos recomendados es atraer IED. Sin embargo la tendencia histórica nos muestra resultados ambivalentes en torno a esta atracción de capitales externos. Nos interesa ¿cuáles son los impactos positivos y negativos de la IED sobre las posibilidades del desarrollo?, ¿es deseable o hay que rechazar la IED?, ¿es posible o no que la IED sea funcional para el desarrollo?, ¿se podrá salir del subdesarrollo?, en fin estas y otras preguntas surgirán en el proceso y habrá que darles respuesta.



