
Maestro Corazón de la Educación
Antropos
“Si el concepto de maestro existiera tal y exclusivamente como florece en el hondo subjetivismo de los que nos sentimos maestros antes de haber querido serlo, no habría en el mundo de las ideas la abierta disparidad que se ha tenido sobre el valor genuino de lo que es ser maestro”.
Juan José Arévalo Bermejo.
Desde el origen de la humanidad, el ser humano comunicó a las nuevas generaciones, el conjunto de conocimientos adquiridos, para que estos se convirtieran en el soporte necesario para vivir con cierto acomodo y a su vez, éstas hacían crecer las ideas, con nuevos descubrimientos o experiencias que abundaban en el edificio del saber.
Conforme avanzó la civilización en todos los rincones del mundo, se fue afianzando la figura del mentor, sustituyendo a la de los padres. Hasta donde sabemos estas personas, eran una especie de esclavos que servían en el asiento de los hogares poseedores del poder económico y político. Cuidaban a la niñez utilizando entre otros recursos, las fábulas de los escritores de la época. Fueron los filósofos de la Grecia clásica, que convirtió entre otras sociedades, la figura pública que enseñaba en el Ágora o lugar especial dirigido a discípulos que seguían las ideas de estos pensadores.
Historiar el significado del maestro, conlleva referirnos a los diferentes estadios de la educación en su desenvolvimiento. Pero vale la pena recordar que Unesco declaró el quince de mayo como día internacional del maestro y en América Latina, el once de septiembre para recordar la presencia de las ideas educativas de Domingo Faustino Sarmiento, quien falleció ese día del año 1888.
Así mismo se debe tomar en cuenta que la historia registra la presencia del “pedagogo” en la Grecia clásica, o sea un esclavo que acompañaba al niño con quien establecían un dialogo de aprendizaje a través del relato de las fábulas de Esopo que encierran un aporte a la moralidad pública, tales como La zorra y las uvas, La cigarra y la hormiga, El lobo y el cordero, La paloma y la hormiga, El gato y los ratones, El fanfarrón, La liebre y la tortuga, El lobo con piel de oveja. Pero y además los sofistas hacían también sus aportes y filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles fortalecían el ideal griego articulado en la paideia que significaba educación y formación integral del individuo, que buscaba el sendero hacia el cultivo de ciudadanos virtuosos.
Interesante resulta ser la presencia de los Amautas en la cultura incaica. Personas consideradas como sabios responsables de formar a las clases altas en Tahuantisoyo. Los contenidos versaban sobre matemáticas, astronomía, economía, leyes, agricultura, gobernabilidad. Fueron los que formaban a la clase gobernante para estos condujeran con inteligencia y justicia a todos los miembros de la cultura Inca. Los Amautas fueron los filósofos de esta civilización, muy similares a los filósofos griegos y posiblemente de otras grandes culturas del mundo.
Habrá que recordar el modelo japonés, en donde florecieron los sensei, figuras paradigmáticas en las artes marciales y otras disciplinas, orientado a fortalecer la integralidad del ser humano, cuerpo y espíritu. En China la educación estuvo en manos de los sacerdotes, al igual que en la cultura Maya encaminado a la formación de la clase alta, en ésta se orientaron al ámbito de la astronomía y las matemáticas y en China, practicaban el confusionismo, taoísmo, budismo que se tradujo en una educación centrada en la filosofía, poesía y religión, lo cual fue fijado como los pilares de la sociedad. En la India también fueron los sacerdotes. Los estudiantes vivían con los maestros, llamados gurús, y aprendían de libros y de la vida cotidiana.
Debo hacer hincapié necesario para mencionar a los grandes maestros espirituales de la humanidad, entre los que se destacan Jesús de Nazaret, Buda, Mahoma, Confucio, Lao-Tse, Sócrates, Dalai Lama. Están presentes también figuras como Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Madre Teresa de Calcuta, Papa Francisco, Nelson Mandela, de nuestra propia época que nos alumbran en este mundo en donde fluye la incertidumbre y la ausencia de afectividad.
Recorriendo los caminos de la historia, descubrimos que en la edad media el maestro fue considerado como el eje de la educación y en la edad moderna el filósofo Juan Luis Vives, centró su ideal educativo en el estudio de las humanidades. Con el paso del tiempo se fueron abriendo más escuelas que requerían más maestros lo cual se traduce en un mejor acceso de la niñez y juventud a la vida escolar y de esa cuenta en Francia se funda la primera Escuela Normal de Maestros en 1794 y en Madrid, el año de 1839.
Toda esta dinámica educativa, fue acompañada por teóricos como Rousseau y su fenomenal libro El Emilio, Pestalozzi, Comenio, Spencer, Fichte, y más reciente, J. Dewey, a través del libro Democracia y Educación quien sostuvo que la participación activa del maestro es clave para la educación, así como para María Montessori quien colocó al maestro atrás de los niños, a quienes deberían de atender partiendo de los intereses de los alumnos, hasta llegar a P, Freire, quien definió el papel del educador en un proceso en el cual la educación es la propuesta liberadora en contra de una instrucción bancaria, porque el maestro, dice, que en tanto que educa, se educa. Nos heredó una buena cantidad de libro, pero indudablemente La educación como práctica de la libertad, es la que encierra la propuesta central de este educador brasileño. Obviamente hay muchos más teóricos de la educación que abonaron desde la teoría educativa a mejorar las formas de organización del conocimiento en los procesos de aprendizaje, hasta llegar hoy día, a la formulación del pensamiento crítico como fundamento central de una filosofía educativa adecuada a nuestros tiempos, especialmente ahora que lo agoreros de la tecnología, nos hablan de la incidencia de la inteligencia artificial en la educación, que habrá, según ellos, nuevas formas de aprender y de enseñar. Lo cierto del caso, es que aun cuando reconozco la impronta de la innovación tecnológica en la educación, ésta debe ser considerada siempre como una herramienta. La inteligencia, nos dicen los pedagogos de los países avanzados, se cultiva a través de la lectura, sin esta no es posible mejorar la calidad educativa.
En fin, debo recordar a uno de mis maestros, el doctor Antonio Pacheco, costarricense quien afirmó que todo se puede dar en el sistema educativo, aulas pintadas, computadoras de la última generación, conectividad, bibliotecas, canchas deportivas entre otros aspectos, pero si falta la presencia del buen maestro, todo lo dicho, es un vacío. Serán cosas, porque el alma de la educación sin duda alguna es el maestro. Una figura qué en algunos países más desarrollados, como Vietnam, Singapur, Japón, China, India, Suecia, Dinamarca, Noruega, Francia, España, Alemania, Inglaterra, Cuba, Chile, el maestro es querido, apreciado y sobre todo muy valorado porque estas sociedades y Estado comprenden que es esta persona la que tiene en sus manos lo más delicado, que es la formación de la niñez y la juventud. Por ello son altos los requisitos académicos y de vocación exigidos para ser maestros. Pero a cambio, el Estado los remunera adecuadamente y la sociedad los respeta como hace algún tiempo los respetábamos en las sociedades latinoamericanas.
De América Latina, hay mucho que hablar en positivo, porque existen hermosos ejemplos, pero también están los que en medio de múltiples dificultades hacen hasta lo imposible para atender con afecto, creatividad, competencias e inteligencia a sus alumnos. Claro está que observamos mala formación de los maestros, pero todo va aparejado, con el estímulo material tan necesario para motivar las inteligencias creadoras.
El debate que se abre hoy en torno al papel de los educadores consiste en redefinir la profesión, en tanto que se pueda superar lo que expresan algunos estudios, al indicar qué hasta hoy, partimos de una situación en la cual una pesada historia de malentendidos, incomprensiones, suspicacia, desconfianza u hostilidad ha hecho que los obstáculos a superar sean muchos en torno al papel de los docentes en la formación de los estudiantes.
El docente no sólo se debe preocupar por el dominio de su propia materia y la manera como enseña, sino despertar en el alumno el deseo de aprender y despertar curiosidad.
Es importante destacar la necesidad de convertir la enseñanza en un aprendizaje para la democracia, que promueva los ideales de un buen ciudadano o ciudadana. Una sociedad justa y equitativa, con un buen estilo de vida para todos y todas. Un proyecto de sociedad que incorpore esos ideales como valores sociales, entendidos como principios de libertad, igualdad y solidaridad que se conviertan en guías para la acción social.

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