
Un dólar muy especial
Editado Para La Historia
El domingo 7 de noviembre de 1941 es un día fatídico en la historia de los Estados Unidos. Ese día, a las 12:48 de la mañana, hora de Washington, y siendo las 7:48 en las islas Hawái, el territorio de los Estados Unidos fue atacado por fuerzas enemigas. Ese día, sin declaración de guerra, y de la forma más infame en la medida que el embajador de Japón se encontraba negociando en esos mismos instantes con representantes del gobierno del entonces presidente Franklin Delano Roosevelt, aviones del imperio japonés atacaron la base naval norteamericana de Pearl Harbor, en la isla de Oahu en Hawái.
A pesar de ser enemigo de Japón, hubo alguien que en Gran Bretaña se regocijó enormemente con este ataque japonés a los Estados Unidos. Estamos hablando de Winston Churchill, a la sazón Primer Ministro británico, y que estaba en una posición muy crítica debido a los constantes y furiosos bombardeos alemanes a los que estaba siendo sometido su país, en particular su capital, Londres. Los británicos necesitaban desesperadamente la ayuda norteamericana para salir airosos de la contienda. Este ataque japonés hizo que los Estados Unidos no tuvieran otra opción que declarar la guerra a Japón y a sus aliados, a pesar de la fuerte resistencia que había en una buena parte de la población norteamericana de que el país entrara en guerra. Los tres principales países del eje eran Alemania, Italia y Japón, aunque otros países estaban también de su lado: Bulgaria, Finlandia y Rumania. Cuentan que Hitler, al conocer la noticia del ataque a Pearl Harbor, se enfureció contra los japoneses pues, en primer lugar, no fue consultado, cosa que era de rigor por el hecho de ser aliado de los japoneses, y porque, de esta forma, Estados Unidos entraba en guerra y él no quería a los americanos en esta contienda.
Inmediatamente después del ataque y del hundimiento de una parte considerable de la flota militar de los Estados Unidos, muchos habitantes de Hawái emigraron al continente porque todos pensaban que el siguiente paso sería la ocupación pura y simple del archipiélago. Fundamentalmente se quedaron autóctonos y unos 130,000 habitantes de origen japonés a los que inicialmente se quiso transportar a los Estados Unidos. Después, por cuestiones de logística y al darse cuenta de las graves consecuencias que esto traería sobre la economía de Hawái, decidieron solo concentrar a una pequeña cantidad en un campo de concentración en Hawái y a otros en el continente. Como ya había ocurrido en otros países ocupados, lo primero que hacían los japoneses era desvalijar los bancos y utilizar las divisas que allí ahí se encontraban para financiar su máquina de guerra. En Hawái había en circulación en aquel entonces unos 200 millones de dólares en efectivo que, para aquella época, era una cifra enorme.
Inicialmente los Estados Unidos, para evitar que su propio dinero sirviera en su contra, decidieron imponer una ley mediante la cual cada persona tuviera la posibilidad de tener solo 200 dólares y las empresas 600. El resto del dinero fue quemado ante la dificultad para repatriarlo a tierra firme. Otros dicen que sí fue llevado al continente, pero en secreto.
Al darse cuenta de que esta medida era malsana para la economía, a los pocos meses canjearon el poco dinero en circulación que quedaba y en cantidades ilimitadas, pero con la palabra HAWAII impresa, dos veces con letras pequeñas en la cara frontal y una vez con letras grandes en el dorso. En el caso de una hipotética invasión japonesa a las islas, estos billetes no podrían ser utilizados en ningún país del mundo haciendo que de inmediato perdieran todo su valor.
Así estuvieron las cosas hasta que en el año 1946 aquel dinero fue canjeado una vez más, pero esta vez por los verdaderos billetes normales de dólares norteamericanos. Esta fue una de las medidas tomadas por Washington para luchar contra una posible agresión japonesa a las islas de Hawái.
Hoy en día esos billetes con las tres palabras HAWAII impresas son artículos de colección y se venden en el mercado a muy buen precio. La próxima vez que le caiga en las manos un billete de dólares norteamericanos mire bien a ver si tiene la suerte que sea uno de los utilizados en Hawái durante los años de la Segunda Guerra Mundial.
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