
Polémica ceremonia de París 2024 (II)
Zoon Politikón
… Sin embargo, el hombre nuevo, que es justamente un concepto de la Revolución Francesa, tiene que renacer para el socialismo. Y en ese sentido hay que citar a un autor venezolano, Carlos Rangel, que escribe la obra ‘Del buen salvaje al buen revolucionario’, precisamente tomando el término de Rousseau de la Revolución Francesa, que parte de la premisa de que el hombre es naturalmente bueno, pero es la civilización, la sociedad, quien lo hace malo. Y de ahí hay que partir del buen salvaje para justamente ser un buen revolucionario.
Por eso, indigenismo y socialismo van de la mano y estamos viendo las consecuencias en Venezuela. ¿Quién fue el que pidió derribar las estatuas de Colón? Hugo Chávez. La vieja izquierda era hispanista: Gabriel García Márquez iba a los toros, el Che Guevara iba a los toros, Fidel Castro era hijo de un terrateniente español y de hecho hacía loas a la hispanidad. Este antagonismo surge justamente con Chávez, que incluso hizo derribar la estatua de Colón en Argentina, cuya población italiana asciende incluso hasta el 69%, y la estatua de Colón fue construida por la comunidad italiana (el 12 de octubre es una fiesta exaltada por la comunidad italiana en los Estados Unidos para así marcar la profundidad de sus raíces en el continente americano dado que Colón era genovés).
¿Por qué combinamos tantos conceptos? Precisamente porque hay que ver lo que es el antes y después en la historia que implica la cristiandad y, al ser la hispanidad su máxima obra, la evangelización. Es por eso por lo que es profundamente atacada por la revolución. Entonces hay que entender esta naturaleza profundamente revolucionaria. Los historiadores se disputan, pero se acusa que, en la Revolución Francesa, sobre todo en el Terror, había lo que se conoce como matrimonio republicano. Recordemos que hasta ese momento solo existía el matrimonio eclesiástico y dentro de lo que era el matrimonio civil había una técnica para ejecutar a las víctimas, muchas de ellas sacerdotes y monjas, que los llevaban al altar para ahogarlos.
Al menos 30,000 sacerdotes fueron exiliados durante la Revolución Francesa y los decapitados oscilan los 40,000, entre ellas las Carmelitas, las monjitas. Hay que entender que la persecución fue brutal, sangrienta, y por más que quieran ocultar o desmentir o acusar que no fue tan anticristiana como alegan, la Revolución Francesa fue en esencia anticristiana. De hecho, en el afiche que anuncia los Juegos Olímpicos podemos ver que eliminaron las cruces en las cúpulas de las iglesias porque se jactan del secularismo al punto que cuando uno adopta la ciudadanía francesa aparece la mujer que personifica esta revolución. Era muy común que prostitutas con los pechos expuestos fueran justamente las que encarnaban estos rituales del culto a la diosa Razón.
Umberto Eco, autor de ‘El nombre de la rosa’, está siendo muy citado en estos días justamente porque su obra acusa que la Iglesia ocultaba el conocimiento al mundo, e incluso la risa, la alegría, etcétera. Pero vemos que la evidencia muestra todo lo contrario: quienes pusieron fin a la tradición griega filosófica fueron justamente los iluministas. Porque si bien los antiguos griegos eran paganos, buscaban la verdad, combinaban teología, filosofía y las ciencias duras. Aunque su noción de verdad era primitiva, nuestro pensamiento como occidentales que somos parte justamente de Aristóteles es la base del pensamiento y del método científico.
Mientras que los sofistas, que no buscan la verdad sino convencer, justamente rompieron al acusar que ellos sabían la verdad, que la verdad deriva del hombre, que Dios no existe. Sin embargo, rinden culto a la diosa Razón. Esto es cientificismo. El cientificismo es madre de todos los desastres de la actualidad, sobre todo de la postmodernidad.
¿Por qué? De ahí viene el racismo científico, sobre todo el racialismo, porque justamente al no tener el concepto arraigado de que somos hijos de Dios, hay esta estratificación. Incluso hubo mezcla, como pasa con los perros, para mejorar en cuanto al tipo de esclavos que vendían, por ejemplo, los Mandingos. Pero es muy importante entender justamente cómo al quebrar el espíritu cristiano de todos los hijos de Dios es que se abre el espacio para que la ciencia suplante la creación en busca de esta posverdad.
Entonces es muy importante ver lo profundo que es el espíritu anticristiano de la Revolución Francesa en hechos históricos. Vean la película ‘Vencer o morir’, donde se ve la resistencia, la contrarrevolución, la Vendée, que la revolución mal llamada francesa en realidad fue contra el espíritu de Francia, que es la hija primigenia de la Iglesia en Europa, hogar de Santa Juana de Arco. En lugar de exaltarla a Marie Curie, vean a quienes exaltaron. Fue un culto a la muerte, al sacrificio ritual, el retorno a la barbarie.
Así que pasen por alto el tema de la Última Cena si quieren, si no quieren reconocer la realidad, pero vean toda la simbología que hay en torno a la Revolución Francesa que fue profundamente anticristiana.

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