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La gesta del 2 de agosto de 1954. Los Cadetes Héroes (5a. parte)

La Otra Cara

Tras evacuar el cadáver de Araneda los cadetes Wer y Ortiz decidieron informar a la Base Militar La Aurora sobre lo precario de la situación y las bajas sufridas. El Mayor Sosa consciente que deberían de jugarse el todo por el todo ordeno que dos de los tanques de la base salieran inmediatamente en apoyo a los cadetes. El combate continuaba y el cabo Luis Antonio Bosch disparaba hacia la terraza con su ametralladora apoyado por los cadetes Jesús García y Albertino Osorio, y los liberacionistas enfocaron su fuego sobre su posición tratando de silenciarlo.

Consciente de que atraía el fuego Bosch continuó atacando a quienes hacían esfuerzos para neutralizarlo y durante un pequeño impase del fuego intento levantarse para localizar los movimientos del enemigo y en ese momento recibió un impacto en el pómulo derecho; herido de gravedad su fortaleza de espíritu le permitió continuar disparando la ametralladora tendido sobre su costado, pero recibió un segundo impacto que lo hizo rodar sobre sí mismo y luego permaneció inerte.

El cadete Osorio se arrastro por la parte trasera de la casa de adobe en donde se encontraban con la ametralladora emplazada y salió en la búsqueda de ayuda; separados por algunos metros de distancia se encontraba otro grupo integrado por los cadetes Archila y Ponce quienes juntamente con el cadete Méndez Ruiz llegaron a rescatar al herido. El intenso fuego impidió que en un primer intento lo lograran sin embargo al romper con las culatas de sus fusiles una pared que los separaba del herido lograron su propósito.

A pesar de la gravedad de sus heridas al ver el esfuerzo de sus compañeros Cruz se arrastro penosamente hacia ellos y Méndez Ruiz expuesto bajo el fuego logro arrastrarlo hacia el corredor de la humilde vivienda. El sargento González quien había llegado en su auxilio ordeno que lo protegieran en ese lugar hasta que llegara un vehículo para evacuarlo. El transporte obtenido fue un pick-up y en la palangana fue colocado con precaución el herido quien con frases entrecortadas y gestos pedía agua con insistencia debido a la hemorragia interna producida por las heridas. Inmediatamente fue evacuado al Hospital Militar en donde expiró a su ingreso; siendo el segundo cadete de la Promoción 51 que de esta manera rendía su cuota de sangre por el honor de la Institución y de la Patria. De esta manera dos adolescentes que habían iniciado su amistad en una pequeña escuela del barrio Candelaria y posteriormente se habían hermanado en la Escuela Politécnica partían juntos hacia la gloria reservada a los combatientes.

La súbita aparición de los dos tanques enviados al área de combate jugó un papel decisivo en el ánimo de los combatientes de ambos bandos, para los cadetes ver llegar a sus dos compañeros en la parte superior de los mismos cuando el cansancio de combate y la incertidumbre los tenían casi al límite, fue revitalizador para su moral combativa. Para los liberacionistas sentir la sacudida que los  primeros impactos de los proyectiles de los cañones de 37 mms menguo su capacidad momentáneamente; sin embargo un grupo de paramilitares que se acercaban en un automóvil al área de combate fue informado por señas por sus compañeros que se encontraban en la terraza del hospital que uno de los tanques tenía abierta la escotilla del ametralladorista situada en la parte superior del tanque, y en una rápida y valerosa acción atravesaron el automóvil al tanque logrando que se detuviera luego de arrastrar el auto varios metros.

Ese momento fue utilizado por los ocupantes del vehículo civil para lanzar una granada de mano en su interior que logro liquidar a parte de la tripulación dejando heridos a otros e inmovilizada esa unidad. De esta manera el Segundo Regimiento de Infantería de la Base Militar La Aurora sufría sus primeras bajas en el combate y su inicial cuota de gloria por la acción decidida de sus oficiales, especialistas y tropa que jugaron un papel decisivo pues la pequeña unidad politécnica hubiera sido seguramente aniquilada al agotar sus recursos bélicos iniciales.

La Junta Militar y el Alto Mando del Ejército luego del inicio del combate habían ordenado al subdirector de la Escuela Politécnica Coronel Rolando Chinchilla Aguilar y al Comandante de la Compañía Mayor Rosales que se movieran al hospital e intentaran convencer a los cadetes para que abandonaran el ataque con la promesa de que no habría represalias ni sanciones en contra de los participantes. Esta delegación recibió una respuesta contundente de la mula Anderson, “no se retirarían hasta haber derrotado al enemigo y que este se hubiera rendido” y las insistentes gestiones fracasaron. Para Castillo Armas al acercarse el mediodía la situación era sumamente confusa pues recién había llegado al despacho Presidencial luego de una caminata por el barranco del Incienso pues retornaba de la Antigua y el paso por la Roosevelt no le había sido recomendado por sus ayudantes y al hacer un análisis de la situación encontró que en la correlación de propias fuerzas solo el Primer Regimiento de Infantería comandado por el Mayor Carlos Arana Osorio permanecía leal a su gobierno; el resto de las unidades militares a excepción de la Base Militar de Zacapa, simpatizaban con el levantamiento de los cadetes y el Segundo Regimiento de Infantería les había dado su franco y decidido apoyo.

Para ese momento los cadetes con el apoyo del Segundo Regimiento mantenían bajo asedio a los liberacionistas que no atinaban a organizar una contraofensiva a pesar de su ventaja numérica, y por ello decidió enviar a negociar una comisión de alto nivel conformada por el Ministro de la Defensa Coronel Ariel Rivera y los Coroneles Enrique Close de León y Héctor Medina Coronado, quienes al presentarse al lugar del combate encontraron que tras la muerte del abanderado y correr la voz de que habían otras bajas entre los cadetes las tripulaciones de dos tanques enviados por el Mayor Arana para evitar que llegaran mas refuerzos a los cadetes, indignados se sumaron a la ofensiva bajo el mando de los Tenientes Kjell Laugerud y Palomo.

Por lo tanto era de prever que la correlación de fuerzas se inclinaría hacia ellos y Castillo Armas y la Junta de gobierno corrían peligro de ser defenestrados. En ese coyuntural momento el Ministro de la Defensa Coronel Ariel Rivera fue llevado ante dos de los cadetes dirigentes; el Sargento Santizo y el cabo Morales para intentar romper el hielo y conocer los motivos reales que originaron el movimiento y los invito a subir a su vehículo y los cadetes dieron rienda suelta a sus sentimientos y le abrieron sus corazones llenos de patriotismo. El Ministro y sus acompañantes conmovidos ante la franqueza de sus subalternos y deseoso de evitar más muertes dentro de aquel grupo de adolescentes convertidos en soldados les pregunto ¿Cuáles serían las condiciones bajo las que abandonarían la lucha? y los cadetes respondieron inmediatamente:

  1. La total disolución del autodenominado Ejército de la Liberación Nacional.
  2. Que se garantice que no se tomará ningún tipo de represalia en contra de los cadetes y los efectivos militares que los apoyaron.
  3. Que se nombre a un nuevo Director de la Escuela Politécnica.

Luego el Ministro y sus acompañantes partieron para informar al Presidente sobre la situación y la emotiva pero firme posición de los cadetes, prometiendo tratar de incidir en una solución pronta. Los soldados asignados para la custodia de la Escuela Politécnica que voluntariamente marcharon a su lado hacia el combate ya habían aportado su cuota de sangre a la causa con las bajas de Fermín Hernández (quien quedó parapléjico como consecuencia de sus heridas) Ramiro Arévalo, Juan Caal, Landelino Chacón, Carlos Aquino y Jorge Icó Cano,pueslos nombresde los heridos en el combate quedaran inmortalizados en la historia que recogemos en esta crónica por la lealtad de quienes conviviendo siempre al lado de los cadetes estuvieron dispuestos a jugarse la vida al lado de sus compañeros militares.

Mientras tanto el soldado Lázaro Yucuté y los cadetes Cóbar y Marcos Moreno operando una ametralladora Mendoza de fabricación mexicana de calibre 7.62  que era parte del armamento orgánico asignado a los dos pelotones de tropa que cubrían los servicios de la Escuela, evitaban que los liberacionistas rompieran el cerco por el sector nororiente haciendo fuego con su ametralladora desde una pequeña elevación y mantener a raya a los paramilitares, por lo que efectuaban constantes viajes hacia el puesto de mando para obtener cajillas de municiones para alimentar la ametralladora.

En uno de esos viajes cuando retornaba a la posición, en el ascenso hacia la pequeña elevación Yucuté fue herido de muerte cayendo colina abajo girando sobre sí mismo. De esta manera heroica el humilde y valiente soldado murió combatiendo codo a codo con sus hermanos cadetes haciendo honor a la tradicional lealtad en combate de los soldados guatemaltecos que se repetiría históricamente durante el Enfrentamiento Armado Interno llenando hermosas páginas de nuestra Historia Militar.

Continuará… la última parte de la crónica de esta gesta militar.

Fuente: Tomo 1 de la Batallas por Guatemala (de diez)

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Oscar Platero

Historiador y escritor, Analista y docente de Inteligencia. Geopolítica, Seguridad y Defensa. Director del Instituto de Estudios Estratégicos IEE

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