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El Gran Dilema: Dolarizar o Abandonar el Dólar

Sueños…

El gran reto de Trump, construir otro mundo

Las escuelas de economía como todas las fuentes de pensamiento humano no tienen un asidero formal. En todas las disciplinas de pensamiento social surgen escuelas, grupos y tendencias contradictorias. Que reflejan la realidad como es compleja y dinámica.

Las escuelas de economía parece que navegan en universos distintos. Usted lee en algunos think tank que para salvar del déficit fiscal, la deuda y la inflación a un país es indispensable dolarizarse, para tener como referencia una moneda fuerte que no manifieste vaivenes de incertidumbre. Por otro lado, otros afirman que el excesivo poder del dólar otorga a Yanquilandia un poder excesivo sobre las transacciones mundiales, y que ese poder ya no refleja el liderazgo de un imperio decadente, y que hay que construir un sistema alternativo que utilice para el comercio y las finanzas internacionales otro tipo de moneda.

En sus Outrageous Predictions 2025, el Saxo Bank presentadas en diciembre 2024, ya predestinaba el futuro. John J. Hardy uno de sus analistas estrella indicaba que a medida que la nueva administración Trump pone patas arriba el sistema financiero global con enormes aranceles, el mundo se esfuerza por encontrar alternativas al dólar. Al terminar la segunda guerra mundial, Estados Unidos era el gran ganador. Aunque el ejército rojo soviético derrotaba militarmente a las fuerzas hitlerianas, Yanquilandia emergía como la gran economía mundial, producía el 60% del PIB del planeta, y tenía una teoría más realista que el imaginario “realismo” socialista. Antes de la rendición de las huestes alemanas, en Bretton Woods, los anglosajones y sionistas crearon la estructura del sistema financiero y comercial del mundo. Según Hardy, “el sistema globalista que se formó en las cenizas de la Segunda Guerra Mundial se construyó sobre la combinación de una garantía de seguridad de EE.UU. para proteger las rutas comerciales del «Mundo Libre» y el uso del dólar de EE.UU. como moneda principal para las transacciones y como reserva de valor.” Se viviría eternamente bajo un sistema de tipos de cambio fijos, dominados por un dólar poderoso.

Como todo lo eterno, no duró mucho. El exagerado endeudamiento del gobierno yanqui, la orientación al consumo y no a la producción, la debilidad militar para someter a Vietnam, y las dudas sobre la sostenibilidad del patrón oro-dólar, obligaron al presidente Nixon a romper el vínculo del billete verde con el oro en 1971, pese a ello el dólar estadounidense continuó su dominio en la economía globalizada.

Hardy, continúa su análisis recordando que ya en las elecciones estadounidenses de 2016 y el advenimiento del presidente Trump, este sería el primer presidente que se recuerda que golpea los cimientos del sistema global, exigiendo aranceles a los bienes importados para corregir los enormes datos del déficit comercial de Estados Unidos y denunciando el costo de mantener el vasto paraguas de seguridad estadounidense.

La alianza militar de Yanquilandia se debilitó. Los aliados de la superpotencia no pudieron reaccionar y suspiraron cuando Biden le arrebató el mandato a Trump, sin prever que era un aperitivo para el relanzamiento del sisma. La pandemia y Biden dieron la sensación, equivocada, de que “Trump era una aberración, no la nueva norma.” El mundo no sabe aún, lo que viene.

La historia hoy se repite, las dos veces como tragedia. Trump 2.0 regresa, y luego del primer ensayo de la desglobalización, la nueva era de Trump será el acto principal, que traerá cambios en la estructura del sistema mundial y tendrá efectos sobre el papel del dólar.

El proyecto 2025, significa que la nueva administración Trump revisará toda la naturaleza de la relación de Estados Unidos con el mundo, imponiendo aranceles masivos a todas las importaciones, al tiempo que intentará reducir los déficits con la ayuda de un Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) dirigido por Elon Musk. En solo tres meses Trump-Musk estremecieron al mundo, parece un inicio acelerado que puede terminar en forma dramática.

Sea como sea es capitalismo. Y el capitalismo para funcionar necesita un medio de cambio, una moneda con credibilidad generalizada. Sin moneda, sí Trump nos abandona, las consecuencias serán profundas para el comercio mundial. Este mundo lleno de contradicciones mostraría un mundo sin dólares que son esenciales para mantener en marcha las ruedas del sistema. La paradoja es que la escasez de dólares le darían más valor.

Tanto aliados como competidores, amigos como enemigos, que al fin todos lo mismo, están buscando válvulas de seguridad, tratando de encontrar alternativas. Que no son posibles por la correlación de fuerzas tan debilitada por la hegemonía multilateral.

“China y los BRICS+ realizan transacciones con dinero digital respaldado por oro y, hasta cierto punto, directamente en un nuevo yuan offshore respaldado por oro.” Europa intenta con poco éxito fortalecer el euro. Han surgido las criptomonedas estables vinculadas al oro se suman a la mezcla, ya que comienza este nuevo y dramático capítulo en los mercados financieros mundiales. “Impacto potencial en el mercado: El mercado de criptomonedas se cuadruplica a más de 10 billones de dólares, el dólar estadounidense cae un 20% frente a las principales monedas y un 30% frente al oro.”

Las fuentes de la competitividad

En lo fundamental, en la economía de mercado, fuertemente orientada a la apertura internacional, los países intentan alcanzar la competitividad, que significa colocar sus productos, con la calidad y el precio adecuados en los mercados de países extranjeros, con la mayor eficiencia y productividad posibles. Sí todos los países

compitieran en un proceso de cambio tecnológico, auge de la innovación, invento de nuevos productos y servicios, la humanidad vería fuertemente elevada su capacidad de bienestar, productividad y consumo.

Existen dos fuentes por medio de las cuales un país puede alcanzar el propósito de colocar sus productos en forma masiva en el mercado internacional, provocando inversión y empleo en su economía. Primero, la forma natural, eficiente, que provoca riqueza, liderazgo y crecimiento sostenido en el tiempo. Esto es por medio del cambio tecnológico, el esfuerzo innovador, la creación o innovación de nuevos proyectos tecnológicos y científicos aplicados a la producción, elevando la productividad y la eficiencia, este es el camino que lleva a la hegemonía en los mercados y el liderazgo. Dicho en otras palabras un cambio económico real, promoviendo nuevas ramas productivas, diversificando la producción, elevando la división del trabajo en la sociedad, generando nuevos productos y utilizando tecnologías de punta. 

Segundo, el otro camino que permite elevar las ventas en el mercado mundial, sin necesariamente elevar el bienestar de una nación es la devaluación. Al devaluar un país abarata sus exportaciones haciéndolas atractivas para los consumidores extranjeros, elevando sus ventas y mejorando el uso de sus recursos; aunque, también encarece sus importaciones, especialmente, materias primas, bienes de capital e insumos, con lo cual se deteriora la balanza de pagos.

El uso intensivo de las devaluaciones induce variaciones constantes en la balanza de pagos entre países, y cuando esas oscilaciones se hacen constantes introducen desequilibrios en el empleo, consumo y bienestar que pueden obligar a los participantes a utilizar mecanismos adicionales de intervención del gobierno en el comercio, lo que al final, por ejemplo, en los años 30 del siglo pasado generó una de las mayores recesiones del capitalismo y finalmente, ayudó, junto con factores políticos y estratégicos, a desencadenar la segunda guerra mundial.

Se cierra el telón

Decía el ucraniano Antón Chejov, sí una pistola aparece en el primer capítulo de la obra, se tiene que disparar en uno de los siguientes. Trump amenazó con cerrar el sistema mundial diseñado al finalizar la segunda guerra mundial, pues ya no sirve al primer imperio. La amenaza está a punto de cumplirse. O puede quedar en un simple ensayo fallido.

Nosotros en el tercer mundo que haremos. Tendríamos que fortalecer la unidad nacional, haciendo eficientes y competitivas las instituciones del Estado para salvarnos. Una tarea muy lejana a nuestra pocas habilidades estratégicas.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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