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La tierra reclama su espacio, nosotros reclamemos responsabilidad de las autoridades

Lugar Hermenéutico

Esta semana fueron sensibles en el país una serie de sismos, que, según el INSIVUME;  se suman a los más de 900 contabilizados solamente en este 2025, no obstante estos ocurrieron con mayor frecuencia el 8 y 9 de julio, el de mayor magnitud no supero los 5.2  grados en la escala de Ritcher, pese a ello, suman 7 personas fallecidas, personas heridas y una gran cantidad de infraestructura vial dañada, cuantificada en varios millones de quetzales, pero que importa si para eso existen los préstamos.

Los daños a la infraestructura ocurrieron particularmente por derrumbes, o deslizamientos de tierra, en cerros o zonas montañosas con pendientes pronunciadas, cerca de ríos o quebradas, particularmente en áreas donde ha habido alteraciones por construcción indebida de carreteras u otras actividades.

Dentro de estas actividades podemos citar la construcción y urbanización desordenada y anárquica en prácticamente todo el país, la deforestación inmoderada, la minería, excavación y extracción de material rocoso y suelo, especialmente en cortes de carreteras o excavaciones para cimentaciones, creando taludes inestables y por ende, desencadenando.  

Así mismo la aplicación de agua en zonas con pendientes, ya sea por riego o por fugas en sistemas de drenaje, puede saturar el suelo y debilitar su estructura, así como la eliminación de la base de apoyo de un talud, ya sea para construcción o para obras viales, también puede causar deslizamientos.  

Es importante destacar que estas actividades, a menudo combinadas con factores naturales como lluvias intensas o sismos, pueden aumentar significativamente el riesgo de deslizamientos y derrumbes, desencadenando una serie de consecuencias, recordándonos la urgencia de contar con leyes, normas y reglamentos que eviten esta realidad

Guatemala, es atravesada al menos por 4 fallas geológicas principales, razón de más para tener protocolos específicos que vayan mucho más allá de recomendar la famosa mochila de las 72 horas de la CONRED y exigir, por un lado, a las autoridades del Ministerio de Ambiente, estudios serios respecto al Estado de los sistemas lítico y edáfico, que permita caracterizar la calidad del suelo y subsuelo en el país, al menos para la autorización de las obras de infraestructura de la red vial.

Transitar por las carreteras del país, se ha convertido en una ruleta rusa, pues diariamente vemos derrumbes y deslaves, casados por desmontes o excavaciones en roca realizados a cerros y montañas, autorizados por dicha cartera sin ningún criterio técnico mucho menos vergüenza. 

Por aparte, actualmente en Guatemala, las normas antisísmicas para carreteras se rigen por el manual Centroamericano de especificaciones para la construcción de carreteras y puentes regionales, aprobado por el Consejo de Ministros de Transportes de Centroamérica en 1999 y publicado en 2001, sin embargo bien merecería la pena que la cartera encargada de establecer las bases y criterios de la construcción de carreteras, hiciera una normativa  ajustada a la realidad a las condiciones de suelo y subsuelo del país, por ello la importancia de caracterizar el estado de los sistemas lítico y edáfico en Guatemala. 

Recordemos, no hay desastres naturales, los fenómenos naturales extremos están y siempre han existido desde la formación misma de la tierra, sin embargo, los desastres los genera el ser humano por su irracionalidad e irresponsabilidad respecto a la manera en que se interrelaciona con los sistemas ambientales que le rodean. 

Es hora de ponernos serios, bien por el Presidente que se inhibió de declarar un apresurado estado de emergencia en el país, como lo hicieron sus antecesores para barrer con todo lo que pudieron, mal por la mayoría de funcionarios en su gabinete, que les quedo enorme el traje de servidores públicos,  ojalá en lo que les resta del gobierno alguien les haga entender que estamos catalogados dentro de los países más vulnerables a los fenómenos naturales extremos, más que por nuestra condición geográfica o geofísica, por las grandes vulnerabilidades sociales, tal como lo constatan los indicadores sociales, que nos tienen abanderando el subdesarrollo en Latinoamérica, inclusive ya superando al pueblo haitiano. 

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