
El Fuerte Liderazgo de Donald Trump
La Otra Cara
Cuando se habla de sector público hacemos referencia al Gobierno en todos sus niveles y a las entidades no gubernamentales que están bajo el escrutinio de todo el mundo y en particular de la prensa por su misma connotación social. El gobierno debería ser un libro abierto, pues al contrario de lo que ha venido sucediendo en Latinoamérica fruto de los escandalosos fraudes electorales como el que se impuso en Guatemala en el 2023 y se quiere imponer en nuestra hermana República de Honduras, los votantes eligen a un presidente porque saben que ese dirigente tiene que admitir escrutinio permanente.
El grado de responsabilidad que tiene el gobernante en una crisis hace necesario contar realmente qué fue lo que pasó, y saber cuál es la responsabilidad de quien autoriza las políticas de gobierno o los eventos que causaron la crisis. En muchas ocasiones un gobierno para tapar una crisis establece una cortina de humo, estableciendo a través de sus medios de comunicación propios o cooptados narrativas o relatos orientados a engañar a la población. Tal es el caso de lo efectuado por el impuesto Bernardo Arévalo, su marioneta Henry Sáenz (que por cierto está divulgando que seguirán burlando la ley durante el resto del mandato impuesto de Arévalo, pues pretende prolongar su estancia el frente del Ministerio de la Defensa para intentar borrar la huella de la ilegalidades cometidas (extracciones de armamento de los almacenes militares, protección de estructuras del narcotráfico, compras y construcciones obscuras, etc.)).
Engañar al equipo de Donald Trump con la complicidad del actual embajador de los Estados Unidos en Guatemala Tobin Bradley es la clara intención, pues seguramente no conocen al equipo de halcones que le rodean para asesorarlo y potenciar que ponga orden a escala mundial, por la vía diplomática o con el uso de las Fuerzas Armadas, pues la política exterior de Trump: tosca pero coherente, por ello exitosa.
La política exterior del presidente Trump es muchas cosas: abrasiva, impredecible, sin tener en cuenta la etiqueta diplomática. Pero hay una lógica consistente: realismo estratégico. Trump geopolíticamente ve a la China Continental, (pues existe la República de Taiwán) no solo como una potencia económica rival, también un Estado que promueve un modelo autoritario para el siglo XXI que pretende desplazar la influencia occidental y rediseñar las relaciones globales.
Enfrenta a Irán como pivote de la inestabilidad global, financiando y respaldando a grupos terroristas en todo el Medio Oriente, desafiando los acuerdos internacionales y posicionándose como un motor teocrático de guerra asimétrica. El enfoque de Trump es claro: llama las cosas por su nombre de manera pública y actúa en consecuencia.
Su relación con la Rusia de Putin es cauta, conociendo la capacidad nuclear y fuerte liderazgo de quien la dirige reconociendo su peso estratégico, evitando la provocación y presionando por la disuasión sin caer en la nostalgia de la Guerra Fría.
Apoya con determinación a Israel en su lucha en contra del terrorismo islámico como un imperativo no negociable, pues conocedor que es de la Geopolítica y Geoestrategia rechaza la fantasía de que la paz se puede negociar con actores cuyos documentos fundacionales exigen la aniquilación de Israel. Bajo Trump, la ambigüedad dio paso a la alineación. Y en América Latina, revela y paso a paso intenta, sin aspavientos terminar con la duplicidad cínica de la diplomacia tradicional del Departamento de Estado de los Estados Unidos.
Con determinación no olvida, y no permite que otros olviden, que el régimen de Maduro en Venezuela no es un Gobierno legitimo, igual que el impuesto a nuestra Guatemala y el que se quiere imponer en Honduras Es un consorcio criminal que se hace pasar por un Estado, al igual que el de Arévalo. Sin embargo, también entiende que enfrentarse a tales regímenes no puede ser idealista. Debe ser estratégico, o sea paso a paso. La política exterior de Trump se trata de postura, y la disrupción que sacude durante su segundo mandato al mundo.
Muchos se han visto repentinamente obligados a sentarse a la mesa. Es viral el video de una Claudia Sheinbaum, que lo detesta, intentando coquetear con él durante una de sus últimas reuniones, celebrándolo cuando bailaba bajo las notas de I.M.C.A de la inolvidable banda musical Village People.
Pero la pregunta más importante no es lo que el mundo piensa de él, sino en qué se había convertido el mundo sin él, con una Durante años, diplomacia internacional cayendo en una fuerte constante al declive, en donde los procesos de paz se convirtieron en burdos negocios de la ONU y las sanciones se impusieron simbólicamente, además de un marcado sesgo ideológico de izquierda.
Se firmaron tratados para las cámaras, cerrando los ojos mientras de la mano de la OEA la ONU imponía regímenes como el de Guatemala mediante descarados fraudes electorales. Mientras el sistema global decaía, silencioso, y fatalmente. La presencia de Trump en el escenario mundial ha obligado a las naciones a revaluar sus ilusiones, rompiendo las rutinas que permitieron que su decadencia se volviera aceptable. Mientras vivimos en un mundo fragmentado de amenazas híbridas, agotamiento moral y erosión institucional. En este mundo, las naciones deben someterse a una profunda reingeniería estratégica y reconstruir lo que fue, para construir lo que debe ser:
- Nuevos modelos de Gobierno arraigados en la verdad.
- Nuevos sistemas económicos: menos dependientes de la ayuda internacional, regularmente manipulada e injerencista y más centrados en la productividad interna.
- Nuevos liderazgos positivos cimentados en la dignidad nacional, y la adaptación estratégica.
Los guatemaltecos debemos ser una Nación con su propia identidad, sus propios valores y un compromiso constitucional con la justicia, y la dignidad. Hemos contribuido al mantenimiento de la paz, la diplomacia multilateral y el alcance humanitario en todos los rincones del mundo.
El colapso global está en nuestra frontera. Está dentro de nuestras instituciones. Está dando forma a nuestra realidad diaria, y lo aceptamos en silencio, sin protestar, sin ciudadanía participativa, vigorosa y trascendental.
La presencia del Crimen Organizado y la corrupción que lo alimenta, en Guatemala y en América Latina no es solo una tragedia para la región, sino que está alimentando el desplazamiento masivo, las redes criminales y la exportación ideológica impuesta, erosionando la gobernabilidad.
El Crimen Organizado, y las narco economías se están enquistando nuestros puertos, nuestros aeropuertos e incluso nuestro discurso político están siendo tocados por amenazas transnacionales que no reconocen fronteras. Sin embargo, permanecemos demasiado callados. Muy diplomáticos ante un mundo que ya no respeta la diplomacia a menos que esté respaldada por principios y determinación. Debemos hablar, con coraje, no con condescendencia. Debemos actuar, con soberanía, no con subordinación. Y debemos reconocer que callar no es neutralidad, es complicidad.
El presidente Trump, ha forzado una provocación de conciencia. desafiando al mundo, a revaluar el costo de la inacción y a repensar lo que realmente significa el liderazgo en una época en la que el desempeño reemplazó a la sustancia. Como guatemaltecos debemos preguntarnos:
• ¿Seguimos gobernando o simplemente gestionando el declive?
• ¿Seguimos defendiendo los principios o escondiéndonos detrás del proceso?
• ¿Seguimos siendo soberanos o hemos subcontratado nuestro coraje?
Nuestra política exterior ya no debe depender de mediocres diplomáticos. Debe enfrentar la era de la geopolítica criminalizada, donde las amenazas no son solo militares, sino ideológicas, económicas y sistémicas. Debemos construir una política exterior que esté arraigada en el realismo, guiada por la claridad moral y anclada en el interés nacional. Debemos volver a ser soberanos, no solo en territorio, sino en convicción.
Trump conocedor de la crisis endémica que sacude al mundo y a su nación, atacó contra los centros de poder de Washington, la comunidad de inteligencia, el Departamento de Justicia, los medios de comunicación, y las alianzas internacionales mediocres que solo castigaban el erario estadounidense. Les ha dicho lo que nadie más se atrevió: que el sistema ya no sirve. Está utilizando el lenguaje del colapso, que se ve venir no el lenguaje de la reforma educada. Ojalá los guatemaltecos seamos capaces de comprenderlo e imitarlo…

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