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La sociedad libre amenazada

Del Escritorio del General 

La historia contemporánea puede interpretarse como una larga confrontación entre dos concepciones opuestas de la organización social. Por un lado, la sociedad libre, basada en la iniciativa individual, la libertad económica y la democracia representativa. Por el otro, los sistemas ideológicos que pretenden concentrar el poder en el Estado y dirigir desde el poder central la vida política, económica y social.

Esta confrontación tomó forma con la aparición del marxismo en el siglo XIX, cuando surgió la idea de que el progreso social debía construirse a partir de la planificación estatal absoluta. Bajo esa concepción, la libertad individual era considerada un obstáculo para el desarrollo de una sociedad igualitaria.

La Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia y posteriormente la revolución comunista en China en 1949 transformaron esas ideas en sistemas políticos concretos. A partir de ese momento el mundo quedó dividido en dos bloques ideológicos.

Durante gran parte del siglo XX esta confrontación se expresó en la Guerra Fría. Sin embargo, para muchos países de América Latina no fue simplemente una disputa geopolítica entre superpotencias. Fue, sobre todo, una confrontación interna en la que se enfrentaron movimientos revolucionarios inspirados en el marxismo y los Estados que buscaban preservar sus instituciones.

Guerrillas, insurgencias armadas y movimientos revolucionarios surgieron en varios países del continente. Muchos de ellos recibieron entrenamiento, financiamiento y respaldo político de regímenes que promovían la expansión de la revolución internacional.

Frente a esa amenaza, los Estados latinoamericanos se vieron obligados a fortalecer sus estructuras de seguridad para preservar la estabilidad institucional y evitar la caída de sus sistemas políticos.

Fue en ese escenario donde se produjo uno de los cambios más significativos en la política internacional de la Guerra Fría: la llegada al poder del presidente estadounidense Jimmy Carter en 1977.

La administración Carter introdujo una nueva doctrina en la política exterior de Estados Unidos basada en la promoción global de los derechos humanos. Desde el punto de vista moral, este enfoque representaba un intento por colocar los valores democráticos en el centro de la diplomacia internacional.

Sin embargo, en el complejo tablero geopolítico de la Guerra Fría, esta política tuvo consecuencias estratégicas profundas.

En varios países aliados de Washington, especialmente en América Latina, la nueva política de derechos humanos derivó en la suspensión o restricción de asistencia militar y cooperación en materia de seguridad.

Para naciones que enfrentaban insurgencias armadas activas, esta decisión alteró significativamente el equilibrio estratégico.

En el caso de Guatemala, la suspensión de asistencia militar por parte de Estados Unidos en 1977 marcó un punto de inflexión en la relación bilateral y obligó al país a buscar otras fuentes de cooperación y equipamiento militar.

Con la caída de la Unión Soviética en 1991 muchos pensaron que la confrontación ideológica había terminado. Pero las ideologías rara vez desaparecen; simplemente cambian de estrategia.

En lugar de la lucha armada, muchos de los movimientos que antes promovían revoluciones violentas comenzaron a actuar desde espacios políticos, académicos, mediáticos y judiciales.

Guatemala ha vivido intensamente esta realidad. Décadas después del conflicto armado interno, numerosos militares que participaron en la defensa del Estado han enfrentado procesos judiciales prolongados.

Hoy las principales amenazas a la estabilidad de los Estados provienen del crimen organizado transnacional, el narcotráfico y otras redes ilícitas con enorme poder económico.

Frente a estos desafíos, la defensa de la sociedad libre requiere instituciones sólidas, Estados fuertes y un profundo compromiso con el Estado de derecho.

La democracia no significa debilidad del Estado. Significa un Estado sometido a la ley, pero capaz de proteger a la sociedad.

La historia debe analizarse con serenidad, rigor y respeto por la verdad.

Adelante con espíritu de vencedores.

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Francisco Bermudez Amado

General de División ex Ministro de la Defensa, Analista político.

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