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El Corazón que Siempre Ama

Fectiva

Hay personas que pasan por nuestra vida dejando huellas; pero una madre deja parte de su alma en cada hijo. Desde antes de que podamos entender el mundo, ya hay una mujer velando nuestro sueño, soportando cansancio, preocupaciones y dolores en silencio, solo por vernos bien. Muchas veces no comprendemos el tamaño de su amor hasta que la vida nos pone del otro lado; cuando toca cuidar, acompañar, sostener y devolver aunque sea un poco de todo lo que ellas dieron.

Mi madre fue refugio cuando estuve enfermo, fuerza cuando sentí debilidad y compañía en momentos donde parecía que el mundo se venía abajo. Y ahora que la vida ha cambiado los roles y me toca cuidarla a ella, entiendo algo más profundo: el amor verdadero no desaparece con el tiempo; se transforma en servicio, paciencia, sacrificio y presencia. Ahí es donde uno descubre que muchas madres llevan el corazón cansado, pero jamás dejan de amar.

En este Día de las Madres, no solo se honra a las mujeres que dieron vida, sino también a aquellas que dieron tiempo, lágrimas, noches sin dormir, consejos, abrazos y oraciones. A las madres que trabajaron en silencio, que lucharon solas, que escondieron sus preocupaciones para no preocupar a sus hijos, y que aun en medio de sus propias batallas siguieron siendo luz para su familia.

La Biblia nos muestra el ejemplo de amor y fe de María, la madre de Jesús. Ella estuvo presente desde el nacimiento humilde en un pesebre hasta el doloroso momento de ver a su hijo en la cruz. No abandonó, no dejó de creer, no dejó de amar. Ese corazón firme y entregado refleja el espíritu de muchas madres alrededor del mundo.

Como dice la Escritura:

“Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada.”
— Proverbios 31:28

Porque honrar a una madre no es solamente darle flores un día al año. Es reconocer su historia, valorar sus sacrificios y agradecer cada acto de amor que muchas veces pasó desapercibido.

En la vida cotidiana vemos madres levantándose antes que todos para preparar comida, trabajando agotadas para pagar cuentas, cuidando hijos aun cuando ellas mismas están enfermas, y orando en silencio por el bienestar de su familia. Tal vez el mundo no siempre las aplaude, pero Dios sí ve cada esfuerzo y cada lágrima derramada en amor.

Hoy quiero decirles a todas las madres del mundo: gracias. Gracias por no rendirse. Gracias por amar incluso cuando nadie lo nota. Gracias por ser hogar, consuelo y fuerza. El amor de una madre es uno de los regalos más grandes que Dios dejó en esta tierra.

Y si todavía tienes a tu madre contigo, abrázala, escúchala y valórala. Porque el tiempo pasa rápido, pero el amor y las memorias que sembró en tu vida permanecerán para siempre.

Feliz Día de las Madres. Que Dios bendiga, fortalezca y recompense abundantemente a cada madre por todo el amor que entregó aun en los días más difíciles.

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Harry Batún

Harry Batún es alguien agradecido con Dios por múltiples bendiciones de la vida, y apasionado por conectar la fe con lo cotidiano. Escribe desde la experiencia de quien busca aprender cada día. En su columna “Fectiva”, reflexiona sobre la vida real —con sus retos, alegrías y lecciones— mostrando cómo lo ordinario puede volverse extraordinario cuando se vive con fe y esperanza. Su lema es “La fe se activa, se vive y deja huella.”

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