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Las pandemias y el medio ambiente

Poptun

Aunque la emergencia sanitaria actual estimule la creencia que nos encontramos en los tiempos finales que describe el Libro de Apocalipsis y otras profecías, también es válido mencionar que la pandemia que vivimos no es la primera que sufre la humanidad y posiblemente no será la última.  La propia Biblia describe las 10 plagas que azotaron Egipto cuando el Faraón se negó a liberar al pueblo judío.

Sin embargo, en la época contemporánea no se había experimentado una epidemia de la magnitud que incorpora el COVID-19, y que conlleva una tasa significativa de letalidad. Las enfermedades graves derivadas de virus enormemente contagiosos, han producido la muerte de miles de personas alrededor del mundo y en todos los tiempos, porque esos organismos infecciosos no respetan fronteras, no distinguen razas, etnias, ni estratos sociales.  

Hace más de cien años, el mundo percibió una enfermedad proveniente de un virus con capacidad de causar una fácil transmisión de persona a persona. La Gripe Española que inició en el año 1918 y finalizó en el año 1920, tuvo como origen un virus relacionado con las aves que luego se transfirió a los humanos.  Por ese mal murieron alrededor de 40 o 50 millones de personas a nivel mundial.  

Asimismo han existido otras pandemias altamente mortíferas para la población. La Peste Negra o la Gran Epidemia que sucedió a mediados del siglo XIV, se considera fue causada por un roedor denominado gerbilino o gerbillo proveniente de Asia. Esa enfermedad provocó aproximadamente la muerte de entre 25 y 33 millones de habitantes de Europa.

En el caso actual, el coronavirus SARS-CoV-2 que produce el COVID-19, científicos que han analizado  las secuencias genéticas del virus determinaron que no fue creado en un laboratorio como lo denuncian algunas teorías conspirativas, sino que su origen deviene de un proceso natural. Los científicos indican que la fuente del virus, es el murciélago, otros refieren que es el pangolín. Ambos animales salvajes se venden para consumo humano en mercados de China.

Otro tipo de enfermedades que han despertado alerta en la población mundial por la capacidad de transmisión o bien su alta mortalidad, emanan de virus que permanecen en algunos animales y se transmitieron al hombre. El virus que produce la fiebre hemorrágica del ébola, lo padecen los murciélagos, gorilas, chimpancés y algunas especies de antílopes. El VIH/sida es un virus que principalmente ataca a los primates (gorilas, monos y chimpancé).  La gripe H1N1 o fiebre porcina, fue producida por un virus proveniente de los cerdos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), ha declarado que las enfermedades infecciosas zoonóticas, que se transmiten de forma natural de los animales a los seres humanos, seguirán produciéndose y constituyen una amenaza regional y mundial a causa que la magnitud puede aumentar debido al desequilibrio ecosistémico y otras circunstancias afines.

En la actualidad cuando las poblaciones del mundo experimentan un confinamiento obligatorio por causa del COVID-19, el planeta ha disfrutado de un buen respiro al reducirse la contaminación.  No obstante, esa disminución es temporal y no será permanente pues pasada la crisis, indudablemente retornará. La reducción transitoria de la contaminación sólo demuestra que el ser humano es el animal más nocivo para la Madre Tierra. El hombre con su actuar poco responsable con su entorno natural ha tenido la capacidad de cambiar el clima a nivel global, y ha destruido especies de flora y fauna, hábitats y ecosistemas.   

La Organización Mundial de la Naciones Unidas (ONU), a través del Programa para el Medio Ambiente, exteriorizó por el Día de la Tierra 2020, que la “naturaleza está en crisis, amenazada por la pérdida de hábitats y biodiversidad, el calentamiento global y la contaminación. Si no actuamos, le fallaremos a la humanidad. Abordar la nueva pandemia de coronavirus y protegernos de futuras amenazas mundiales requiere una gestión segura de los desechos médicos y químicos peligrosos; un manejo sólido de la naturaleza y la biodiversidad; y un claro compromiso de «reconstruir mejor», crear empleos verdes y facilitar la transición hacia economías neutras en carbono. “

El secretario General de la ONU, en el mensaje por el Día de la Tierra, igualmente indicó que la emergencia más profunda que ahora experimenta la humanidad, es la ambiental, y que nos acercamos a un punto de no retorno.

La crisis sanitaria generada por el COVID-19 nos plantea el gran desafío de cambiar radicalmente el estilo de vida de las grandes ciudades, los hábitos, y  a formalizar cambios. De nosotros depende concientizarnos, recapacitar y dar respuestas a la crisis ambiental generada por la avaricia del hombre y una sociedad de consumo.  La pandemia actual demanda a concientizarnos sobre la necesidad de mantener un equilibrio con la naturaleza, e implementar apremiadamente hábitos para defender nuestro medio ambiente y sus recursos con el afán de promover el cuidado de nuestro hogar colectivo, puesto que  “La tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos.”

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Mireya Batún Betancourt

Abogada, Notaria y Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales, postgrado en Criminología, especialista en ejecución penal con estudios en Doctorados de Ciencias Penales y Derecho Constitucional Internacional.

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