
EL ENGAÑO
El primer método para estimar la inteligencia de un gobernante es mirar a los hombres que tiene a su alrededor.
Niccolò di Bernardo dei Machiavelli
Los hombres son tan simples, y tan inclinados a obedecer las necesidades del momento, que quien engaña encontrará siempre quién se deje engañar.
Niccolò di Bernardo dei Machiavelli
Engaño es el acto por el que alguien (el engañador), consciente de la falsedad de una información, la comunica a otro (el engañado), convenciéndolo o persuadiéndolo de su veracidad. Suele producirse para obtener un beneficio personal del engañador o un perjuicio del engañado.
La diferencia entre engaño y mentira es que mentir es algo centrado en el mentiroso, pues no es necesaria la intervención de nadie más y sus propósitos pueden ser muy diferentes; mientras que para el engaño es necesaria, al menos en la intención del engañador, su relación con quien vaya a ser engañado, sea con una mentira explícita o mediante otro procedimiento con el que le pretende manipular, llevándolo a engaño.
La astucia es la habilidad en el engaño; tanto para engañar como para evitar ser engañado. El mecanismo del engaño es la trampa, la treta, el ardid, la artimaña, la argucia, la asechanza o el embeleco. Si es muy torpe, en el que solo caería alguien muy ingenuo, es un engañabobos.
El análisis de la utilización del engaño como mecanismo tanto para alcanzar el poder político como para mantenerlo y ejercerlo se viene haciendo por el pensamiento político desde sus comienzos, con la «mentira dorada» o «noble» de Platón; y es evidente en el inicio de la modernidad con Maquiavelo (aunque el lema con el que popularmente se identifica la amoralidad del maquiavelismo «el fin justifica los medios»- es en realidad posterior). En plena época de la Ilustración, Federico II de Prusia convocó un concurso para responder a la pregunta «¿Es conveniente engañar al pueblo?«. Nicolas de Condorcet escribió una respuesta, aunque no llegó a presentarla (Est-il utile de tromper le peuple?, 1778). En ella argumentaba que aunque lo desearan los gobernantes, para facilitar el ejercicio del poder, e incluso los gobernados, que se despreocupan, tal gobierno no sería justo y tal existencia como súbditos no sería digna. Ya en el siglo XIX, la definición de «ideología» por Karl Marx como «conciencia falsa de la realidad» es significativa para entender su potencialidad para los movimientos sociales y políticos de la Edad Contemporánea.
La utilización del engaño por los totalitarismos del siglo XX (propaganda nazi de Joseph Goebbels, «gran mentira» de Adolf Hitler, mecanismos de autocrítica en el estalinismo) había sido de alguna manera previsto en la premonitoria obra de Franz Kafka (El proceso -escrito entre 1914 y 1915, publicado en 1925-) y llevó a su notabilísima descripción literaria por George Orwell en novelas distópicas como Animal Farm y 1984, donde los mecanismos de confusión del lenguaje («neolengua» –newspeak-) llevan al control de la verdad por el poder. Anteriores incluso son las reflexiones de Antonio Gramsci sobre la hegemonía cultural o de Walter Lippmann sobre el consenso manufacturado; posteriores, las de Ernesto Laclau sobre el significante vacío y las de J. L. Austin y Jacques Derrida sobre la performatividad (en un contexto cultural, el de la posmodernidad, en el que todo se somete a deconstrucción, vaciándose de sentido el concepto de engaño, puesto que el concepto de verdad se fragmenta en la multiplicidad de los «relatos»). Ya en el siglo XXI, se ha acuñado el término «posverdad» (post-truth).
La detección del engaño es extremadamente difícil a menos que consista en una mentira flagrante u obvia, o que contradiga algo de lo que el engañado esté bien seguro. Aunque mantener engañado a alguien durante un largo periodo de tiempo, el engaño suele ocurrir en las relaciones sociales cotidianas. Detectar el engaño es difícil porque no hay indicadores completamente confiables para ello, y porque los engañadores se benefician de la presunción de «verdad por defecto» (Truth-default theory). No obstante, el engaño pone una significativa carga cognitiva en el engañador, que debe recordar todo lo que ha dicho y hecho para que su engaño siga siendo consistente y creíble. Como resultado de ello, los engañadores suelen cometer errores, dando inadvertidamente información contradictoria de su engaño tanto verbal como no verbal.
En el País del Realismo Mágico, un buen porcentaje de la población ha venido siendo engañada desde la llegada de los españoles hasta nuestros días, con el objetivo de la conquista o la dominación política, económica o ideológica, por parte de diferentes actores constituidos en partidos políticos, grupos de presión, cámaras empresariales o sectas de diferente denominación religiosa.
El culmen del engaño se ha dado recientemente por parte de personajes que prometieron la NUEVA PRIMAVERA, pero no aclararon que sería para ellos y sus achichincles, llegando al poder por medio de un descarado fraude y hoy día se apoderan de la única institución que legalmente persigue el crimen, para satisfacer su ambición y permanecer impunes ante los desmanes y el latrocinio que llevan a cabo a esta bella nación.
¿Hasta cuándo los guatemaltecos soportaremos a los personajes protagonistas del engaño?
POR UNA NACIÓN LIBRE, JUSTA Y SOLIDARIA



