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UNA TAZA DE CAFÉ

Antropos

Amanecí como casi todos los días, rebosante de alegría y optimismo por esta vida que Dios nos ha regalado. Desde la silla del comedor frente a una ventana que da al patio de la casa, cada mañana doy sorbos de un café de altura y orgánico con marca café doña Beatriz. Tengo la fortuna de gozar con los aleteos de pájaros que con sus piquitos comen retazos de pan que colocó sobre la grama verde. Vuelan después al aire en busca de sus nidos para arrejuntarse con sus polluelos. Veo a las ardillas saltando de rama en rama. O bien, gozo frente a mariposas de múltiples formas y colores sobrevolando entre las flores y los colibrís que se prenden de pétalos para alimentarse de sus mieles que la naturaleza les ofrece.

Medito. Pienso. Reflexiono. Me regocijo. Y aparecen por las hendiduras del tiempo, los recuerdos dulces y amargos. A escondidas se cuelan los dramas de la vida cotidiana. Las tragedias de pueblos e ilusiones de comunidades que buscan ser felices. 

Todo lo que veo, es un enjambre que se arremolina junto con las flores, pájaros, mariposas, colibrís y ardillas. Esto es la vida puesta como un arcoíris con todos los colores. Sólo falta ahora, caminar con el brazo de la imaginación y con el corazón de mis hermanos para luchar por la dignidad humana. 

Me siento dichoso y procuro gozar esos instantes entre sorbo y sorbo de café. Es el momento del silencio. De la búsqueda en mi ser, del sentido y destino de la vida. De los caminos y senderos que aún nos falta transitar. Me acompañan personas queridas con quienes desde muy temprano compartimos suavemente con la claridad de nuestras palabras, diversos temas de la vida en general. De las felicidades y las tristezas. Pero, sobre todo, platicamos de lo que vemos y sentimos felizmente en nuestro patio de casa. De los grupos de palomas mensajeras. De las viuditas azuladas que siempre vuelan en pareja. De los pájaros cafecitos come maíz que son los más pequeñitos. O de los guardabarrancos con plumajes de colores azules, verdes, rojos y celestes. También se acercan pájaros de plumas negras color azabache, zanates y urracas que hacen sonar con fuerza su música acompañados de manadas de pericos verdes. Vuelan otros con pecho amarillo que se llevan en sus picos la comida para asentarse sobre una rama de un árbol de mango a saborearlo. Por ahí de vez en cuando  aparece un pajarito rojo que con timidez se acerca a recoger migajas de pan. O las ardillas que corretean con gracia y agilidad, hasta llegar a la fruta que les ofrecemos  

Con el suspiro que viene de lo más hondo de mi corazón y de mis pulmones, me acomodo para sentir los vientos tenues del tiempo y gozar de un espacio lleno de colores que le dan vitalidad a mis ideas, pensamientos y emociones. Procuro con el embrujo de estos momentos tan especiales, olvidar, aunque no lo logro, las tragedias de los pueblos y las confrontaciones violentas de los que detentan el poder. Olvidar la degradación humana que generan los corruptos. Olvidar a los esperpentos del miedo. A los ogros y monstruos que nos acechan en cada esquina para agredirnos. De ahí que recuerde con fuerza e ilusión, las palabras del poeta Otto René Castillo, Nada podrá contra la vida, porque nada pudo jamás contra la vida.

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