
La izquierda terrorista, una amenaza transnacional.
Kidon
El departamento de Estado, de los Estados Unidos de América, calificó hace unos días como una amenaza de carácter transnacional a toda organización y persona asociada a los grupos de izquierda radical, a nivel mundial, debido a los continuos y perversos ataques de sus miembros en contra del Estado, las fuerzas de seguridad y la infraestructura, pero en especial en contra de sus ciudadanos.
El delincuente de izquierda representa un patrón similar de comportamiento a nivel global, definido tanto en su personalidad como en su forma de operar y por ello, constituye una grave amenaza, que atenta la seguridad nacional, no solo por su forma desorganizada y sucia de vivir, sino que, además, por el odio y la influencia que genera, pero en especial por los actos perversos que son capaces de ejecutar para buscar imponer su voluntad.
El hecho no creer en Dios, y de llevar una vida desordenada les permite fácilmente, por ejemplo, atentar en contra de la vida e integridad, incluso del nasciturus, buscar destruir a la familia como la base fundamental de la sociedad, imponer costumbres o prácticas vulgares o degeneradas, así como apoyar movimientos radicales o subversivos, que les permitan asegurar la destrucción institucional, así como de las fuerzas del orden público.
Añoran someter a sus ciudadanos a la miseria, y acabar con los empresarios, incitan a la inmigración ilegal de cuanto delincuente se pueda sumar a su causa, incluso para votar por el caudillo que les garantice no trabajar, critican el capitalismo, pero se alimentan de él, se llaman defensores de derechos humanos y se refugian en el periodismo o activismo callejero, desde donde buscan reclutar a los incautos con el mismo patrón.
Idolatran a delincuentes del calibre del Che Guevara y Fidel Castro, apoyan regímenes totalitarios, se ufanan en desafiar la ley, se victimizan y patalean ante la menor demostración de fuerza, pero no dudan en tomar las armas para defenestrar un gobierno legítimamente electo, e imponer a otro que les permita parasitar.
Hoy, esos mismos delincuentes de izquierda radical continúan implementando tácticas terroristas, basadas en aniquilar y descalificar a cuanto enemigo u opositor les parezca incomodo, ya sea por medio de balazos o bombazos, como en el caso de Charlie Kirk, Miguel Uribe, o incluso Donal Trump, o por medio del fraude electoral, sentando en la silla gubernamental a un marginal, como sucedió en Cuba, Venezuela o Nicaragua, o mediante la utilización de herramientas de difusión creadas con el objeto de causar animadversión en el rival, para así facilitar la aplicación del derecho penal del enemigo en busca de su encarcelación.
Ojo estimado lector, pues gran parte de esa conflictividad general fue impulsada por la derrotada USAID y los pervertidos demócratas, quienes empeñaron el caudal de impuestos de sus ciudadanos destinados supuestamente obra benéfica, pero que en realidad fueron utilizados para crear, mantener o aumentar diversos actos terroristas, imponer la inclusión y de esa cuenta alimentar la transgresión, el desorden y la sedición, afectando así la paz y tranquilidad regional.
Y Guatemala no fue la excepción, pues debido a la llegada al poder del izquierdista, Bernado Arévalo, el efecto radical de odio en el país, se incrementó, y junto con él, la conflictividad y el clima de terror, lo cual inició con una horda de delincuentes que tomaron por la fuerza las calles y zonas del país, limitando la libre locomoción de los ciudadanos, todo con el ánimo de causar temor y sentar en la silla presidencial a una persona impuesta, quien no representa la unidad nacional.
A ello le siguió la proliferación de la delincuencia transnacional, y las actividades de sicariato, la utilización de nuestro territorio como base o guarida de narcotraficantes, la toma por la fuerza de nuestras fronteras, la evasión con la ayuda del propio gobierno de una veintena de peligrosos pandilleros calificados como terroristas, el robo de varias armas y granadas llevado a cabo en una base militar y el hackeo de datos en instituciones gubernamentales, nos han colocado en una situación de riesgo latente no solo para el país, sino que para nuestros vecinos.
Por ello, difícilmente podremos salir de la crisis durante la gestión de este gobierno comunista, quien está empeñado más en buscar debilitar a las fuerzas de seguridad, que en priorizar una agenda de seguridad regional y por ello, como consecuencia de su nefasta gestión gubernamental, fue nuevamente relegado, apartado y excluido vergonzosamente, de formar parte del selecto círculo de países que integran El Escudo de las Américas, con las consecuencias negativas que esto traerá al país.
Por fortuna, estamos a cinco meses de que se inicie el proceso electoral, y de esa cuenta, tocará como nación unirnos en busca de elegir al mejor perfil para ocupar la primera magistratura nacional, debiendo escoger a quien ofrezca gobernar, sin contar con ni un solo comunista en el poder, y en su caso expulsar a los que hoy ocupan un cargo público.
El poder es efímero. Piénselo.



