
Arévalo y el efecto vejiga, en cuenta regresiva
Kidon
Enero del dos mil veintisiete arranca el proceso electoral en Guatemala, de acuerdo con nuestro sistema democrático implica la renovación absoluta del ejecutivo, legislativo, alcaldías y PARLACEN, por un período de cuatro años.
Por fin, el comunista que ocupó la silla presidencial va de salida y junto con el todos los que utilizaron el cargo gubernamental para enriquecerse a costillas del pueblo, pues lejos quedaron aquellos discursos populistas de luchar por el pobre, la clase trabajadora, la mujer y demás grupos supuestamente vulnerables, si nomas tocaron base y lo primero que hicieron fue aumentarse el salario, así como servirse de las instituciones públicas para festejar sus baby showers, recetarse una docena de flotillas de vehículos para su uso personal y destinar el presupuesto para la compra de manjares, gasolinas y gustos superfluos, lo que por cierto criticaron cuando no tenían nada.
Su paso por la jefatura del ejecutivo deja más sombras que luces, sobre todo en temas de seguridad, educación, salud y alimentación, prueba de ello son los índices de desarrollo humano elaborados por los propios ministerios que comanda, los que demuestran como durante su gestión, la calidad de vida de los guatemaltecos desmejoró notablemente, impidiéndose la superación de los habitantes y en especial de la niñez.
Y qué decir de las vías de comunicación, las que a estas alturas del partido no ha logrado tan siquiera recapear un solo metro de asfalto, y por ello las condiciones de infraestructura de país, están en un completo estado de calamidad, donde personas y vehículos tienen que soportar no solo el calvario que ocasiona el tráfico, sino que además los baches, puentes caídos, rutas incompletas, y un sinfín de obstáculos para poder llegar a sus destinos.
Súmele los bloqueos generados por cualquier descontento comunal, en los que las fuerzas de seguridad del Estado no son más que simples espectadores de la toma de las vías de circulación, y que entre manifestaciones y el precio del combustible, hacen casi imposible trasladarse de un lugar a otro.
Pero la cosa no termina allí, la continua zozobra en la que viven los guatemaltecos, ante el temor de ser asaltados, secuestrados, extorsionados, linchados, violados, despojados de sus propiedades, sin que las fuerzas del orden puedan tan siquiera mover un dedo para proteger la vida e integridad de los afectados, menos para proteger sus bienes de las garras de los antisociales, nos lleva a la conclusión de que jamás se deberá permitir que un socialista vuelva a gobernar.
En temas de migración, narcotráfico y comercio de armas de fuego ilegales, pasamos de ser un país de contrabando a ser productores, exportadores y consumidores de drogas de todo tipo, expandiendo el negocio a diferentes continentes; llegando además a albergar con la connivencia del propio gobierno a cientos de indocumentados en su mayoría delincuentes, que en su paso por el país, toman lo que pueden de sus ciudadanos, eso sin contar con los cientos de musulmanes, africanos y demás terroristas que lo convierten en su destino final.
En el caso de las armas la cosa se pone peor, pues si tomamos en cuenta que es el propio estado a través de los robos que sospechosamente se han efectuado en los polvorines del ejército, el que se las provee a los delincuentes, para atentar en contra de la población nacional y sus fronteras.
Siendo el gobierno de la primavera, además, quien se encarga de liberar a peligrosos pandilleros, calificados como terroristas a nivel internacional, de las cárceles de máxima seguridad del país, para que ya liberados puedan tomar el control territorial y de esa cuenta expandir la venta de droga y su movilización hacia nuestros vecinos del norte.
Todo ello, se ve reflejado en las últimas encuestas que demuestran sin lugar a duda el grado de desaprobación del presidente y su gestión, algo nunca antes visto en la historia del país, pues es de tal dimensión que incluso es repudiado por quienes desde el grito y escandalo individual o colectivo se rasgaron las vestiduras porque llegara al poder para según ellos transformar de un chasquido la situación política del país para entregarla a la izquierda radical.
Una vez más quedó demostrado que no es lo mismo verla venir que bailar con ella, y por eso incluso el gobierno semillero fue excluido de integrar el círculo de países que conforman el selecto club del Escudo de las Américas, perdiendo en consecuencia los privilegios en materia arancelaria y de colaboración internacional que se brindará a los aliados.
Por ello, quiero finalizar con esta reflexión, dirigida en especial a los funcionarios públicos que quedaran luego de la salida de Arévalo, y es la siguiente: valdrá la pena pelear, perseguir, procesar o hacer enemigos por causa de este gobierno, que no solo va en caída libre, sino que además, según la historia del país nos han enseñado que antes del banderazo de salida electoral, el presidente y los que integran su círculo de poder dejan de mandar, y se vuelcan en apoyo de quien más posibilidades tiene de llegar. Piénsenlo y recuerden que el poder es efímero.
Muerto el rey, viva el rey.




