El Excel aguanta todo
Después de día y medio de reunión, por fin llegamos a un acuerdo del valor del grupo y de cada una de sus empresas. Los empresarios están contentos de ver una serie de documentos que sustentan que su grupo vale más del doble de lo que originalmente les habíamos presentado. Algunas de las compañías quedaron a más del triple del valor de lo inicialmente planteado.
Existen diversas técnicas y metodologías para calcular cuánto vale una empresa. Todas tienen su lógica y su aplicación. A final de cuentas lo que nos sirve es definir un método con el que todos los líderes de la Dueñez® estén conformes, y mantenerlo consistentemente a través del tiempo. De otra forma no servirá como herramienta para gestionar la creación de valor en el ejercicio del rol de dueño.
La gestión del valor demanda poder medirlo, desglosarlo, desagregarlo, de manera que podamos profundizar en las alternativas estratégicas que tenemos para detonarlo y así tomar decisiones más inteligentes y maduras. Esa medición ha de ser rigurosa y objetiva; de no ser así estaremos decidiendo sobre falacias.
No necesariamente hablamos de gestionar la creación de valor para vender nuestros negocios. Lo usual será quedarnos con ellos por años o por generaciones, pero los manejaremos contemplando esa opción para terminar maximizando el valor de nuestro patrimonio.
No es lo mismo el valor de una compañía que su precio. El valor es algo intrínseco e inherente a la forma y la efectividad con que una empresa produce riqueza. El precio es el acuerdo real que establecen el que vende su negocio y el que lo compra. El valor se calcula y se define. El precio se negocia y se pacta.
La sesión de trabajo comentada al principio estaba orientada para partir de una apreciación de valor hecha en conjunto con los líderes de este grupo. Se hicieron ajustes a los ritmos de crecimiento de algunos negocios, a las tasas del costo de capital, a las consideraciones de reinversión en futuros proyectos de expansión, al manejo de la depreciación de activos, etcétera.
Ya no estamos seguros si dominó la sensatez y la objetividad en todos esos ajustes. Lo que sabemos es que los empresarios estaban convencidos de sus criterios, y que quedaron muy satisfechos de ver cómo se incrementaron los valores de sus empresas.
El director financiero del grupo, después de ver todos esos ajustes, exclamó: “Bueno, pues pónganle lo que ustedes quieran, de todos modos el Excel aguanta todo”.
Hemos escuchado muchas veces esa expresión: “El Excel aguanta todo”. Pero el ejercicio de la Dueñez y la gestión de valor de un grupo empresarial no pueden jugar con eso. Está claro que seguir apostándole al incremento de ventas o de utilidades como medida de crecimiento o como base para fijar objetivos es insuficiente. Esos parámetros nos pueden conducir por caminos que no necesariamente maximicen el valor de nuestro patrimonio.
El Excel aguanta todo porque nuestra falta de realismo tolera todo. Porque no somos serios en nuestras proyecciones. Porque seguimos dándole más peso a las ventas y las ganancias que al valor de nuestras empresas. Porque seguimos creyendo más en los estados financieros que en nuestras proyecciones. Porque cuidamos más lo que gastamos que el costo de oportunidad que pagamos.
No podemos administrar la creación de valor si no acordamos un sistema de medición del valor de nuestras fórmulas de negocio de cara al futuro, si no tomamos en serio el potencial de creación de riqueza de cada una de nuestras empresas, si no aprendemos a pensar juntos en el futuro consensuando nuestras querencias y definiendo con claridad lo que queremos construir y el camino a seguir.
No juguemos con Excel. Es tiempo perdido, y hasta puede ser peligroso, o al menos costoso. Aprendamos a proyectar el crecimiento de nuestros negocios con números creíbles y sólidos. Acordemos el futuro a construir con ambición desprendida, con imaginación y confianza en nosotros mismos; pero también comprometámonos con nuestros planes y luchemos por hacerlos realidad.

