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A propósito del Día del Ejército

Del Escritorio del General

Encontrándome en Washington, D. C., visité el pasado sábado la Tumba del Soldado Desconocido. Esta experiencia despertó en mí un profundo sentimiento de admiración, respeto y reconocimiento hacia una nación que, a pesar de las innumerables tribulaciones que ha enfrentado a lo largo de su historia, ha sabido mantenerse firme gracias a la fortaleza de sus instituciones, al patriotismo de su pueblo y al espíritu inquebrantable de quienes han jurado defenderla.

Aquella visita me inspiró a escribir estas líneas dirigidas a mi querida Guatemala y, particularmente, a su Ejército, con el propósito de invitar a una reflexión serena sobre el país que deseamos construir: una nación en paz, segura, próspera y orgullosa de sus instituciones.

Ese recinto sagrado constituye un verdadero templo del honor, la mística, el sacrificio y la entrega absoluta en defensa de la libertad, la democracia y la seguridad de su pueblo. Resulta profundamente conmovedor observar la devoción con que miles de ciudadanos rinden homenaje a quienes ofrendaron su vida por los ideales de su patria.

Al recordar mi trayectoria militar, ahora desde la honrosa situación de retiro, vienen a mi memoria las innumerables acciones que el Ejército de Guatemala ha realizado en cumplimiento de su misión constitucional y en beneficio directo de la población. Difícilmente existe un rincón de nuestra tierra donde la presencia del soldado guatemalteco no haya significado auxilio, protección, esperanza o servicio.

Nuestro Ejército está integrado por hombres y mujeres provenientes del mismo pueblo al que sirven. Esa relación se manifiesta especialmente durante terremotos, inundaciones, erupciones volcánicas, incendios forestales, deslizamientos y otras emergencias nacionales, cuando los soldados han respondido con disciplina, solidaridad y entrega.

Recuerdo particularmente los devastadores efectos de los huracanes Mitch y Stan. En cada una de esas tragedias el Ejército estuvo hombro con hombro junto a la población, rescatando vidas, distribuyendo ayuda humanitaria y participando activamente en la reconstrucción de comunidades enteras.

Guardo con especial emoción el recuerdo del huracán Stan. Siendo Jefe del Estado Mayor hice un llamado a la juventud guatemalteca para incorporarse a las labores coordinadas por la CONRED. Al día siguiente, cientos de jóvenes acudieron al llamado. Uno de ellos exclamó con firmeza: «¡Presente, mi General!». Aquella escena simboliza la esencia de una nación unida alrededor de un propósito común: servir al prójimo.

La transformación institucional del Ejército de Guatemala ha fortalecido sus capacidades mediante la modernización de su organización, educación, entrenamiento y participación en operaciones de paz, consolidando una institución profesional al servicio de la Nación.

En este 30 de junio, Día del Ejército de Guatemala, quienes hemos tenido el privilegio de vestir el uniforme —en servicio activo o en honrosa situación de retiro— renovamos nuestro compromiso con los valores del honor, la disciplina, la lealtad y el servicio a la patria.

¡Guatemala, aquí estamos presentes!

¡Viva el pueblo de Guatemala!
¡Viva el Ejército de Guatemala!

Con liderazgo, disciplina y vocación de servicio, la misión siempre se cumple.

Agradecimiento

Mi profundo agradecimiento a mi querida hija Alejandra y a mi amada esposa Amparo, cuyos oportunos consejos, valiosas observaciones y permanente apoyo hicieron posible enriquecer esta reflexión. Su sensibilidad, criterio y amor por Guatemala constituyeron una fuente permanente de inspiración para estas líneas.

Adelante con espíritu de vencedores.

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Libre emisión del pensamiento.

Francisco Bermudez Amado

General de División ex Ministro de la Defensa, Analista político.

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