
Faltó una carroza
Recordará que por esta época en años anteriores una entidad bancarIa realizaba un desfile navideño. Esta actividad congrega a miles de guatemaltecos alrededor del trayecto de recorrido y se convirtió en un evento novedoso por lo atractivo de los colores, personajes y ambiente que generaba. Sinceramente recuerdo únicamente el primero que se realizó en la noche. Fue todo un desafío encontrar un buen lugar para poderlo ver bien con mis hijos, dado que la altura no es algo que se nos haya dado en abundancia comprenderá que tuvimos que ser estratégicos para encontrar el lugar donde pudiéramos realmente observarlo.
Recuerdo la exhibición de autos clásicos y presentar un grupo de caballos peruanos muy bien amaestrados, la primera carroza emulaba esas cajitas de música de la cual emergía una bailarina. Así fueron pasando los diferentes personajes que son relacionados con esta temporada. No faltó Frosty, ni las galletas de Jengibre. Allí estuvo presente Rudulph (o Rodolfo en buen español) el reno de la nariz roja. Incluso en una de ellas iba de colado el Grinch. Ya para el cierre de la presentación venía ese regordete personaje que la marca de gaseosas que ahora pone el nombre de uno en las etiquetas se encargó de vestir de rojo y blanco desde hace ya muchos años atrás.
No habiéndonos sido suficiente, al llegar a casa, nos instalamos los cuatro frente al televisor y nos dispusimos a ver la transmisión. Fue ahí donde reparé en algo: Faltó una carroza. Curiosamente un desfile que celebra la Navidad, no llevaba alusión al Motivo de la celebración. ¿Ilustra acaso esto el espacio que todos podemos dejar en nuestro quehacer diario? Tráfico, almacenes repletos de gente, afán por conseguir el mejor regalo, pero ¿Y el de la celebración? ¿Dónde dejamos a Jesús? ¿Dónde está el espacio que le hemos dedicado en esta temporada? En las estadísticas se nos dice que los cristianos, independientemente de la etiqueta religiosa que tengamos, somos más del 90% de la población y por favor, no piense que este mensaje es de tinte religioso, sencillamente trato de hacer ver cómo dentro de la alegría que reviste la época podemos estar a punto de perder el objetivo de la celebración. Siendo esta la primera semana “del mes más lindo del año” es importante que lo iniciemos desde la perspectiva que al final de cuentas nos hace ponerle ese calificativo.
No dejemos que la algarabía, cuetes y demás situaciones que manifiestan alegría y felicidad nos desvíen de lo que esta temporada realmente debiera representar. Seguramente no fue esta la época en realidad, lo cual nos mete en otra serie de discusiones sobre si hay que celebrarla o no, pero es conveniente que exista una para poderlo hacer. Pero en medio de esa celebración tengamos cuidado de no hacer a un lado al festejado. Así que, en el desfile de su celebración le invito a que no falte esa carroza: la más importante de todas.
Telaraña de bendiciones.



