OpiniónColumnas

El solidarismo, la lucha social convertida en unidad nacional

Sueños…

Vivir en Costa Rica para un migrante guatemalteco es una escuela de estudios superiores. Es comprender que los distintos grupos sociales que componen una nación pueden convivir con acuerdos nacionales forjados por todo un pueblo que quiere vivir en democracia y libertad, con base al respeto de los deberes y derechos de cada ciudadano y la intención de construir una nación en paz y progreso.

Vivir en Costa Rica es comprender que la democracia no es una serie de documentos o leyes forjados por pensadores individuales, sino que es el interés de todo un pueblo que convierte la democracia, el amor al trabajo, la equidad y la justicia en valores inapreciables de todo un pueblo.

Vivir en Costa Rica significa conocer que los grandes avances encuentran siempre a un pensador o grupo de dirigentes que leen el alma de su pueblo y construyen proyectos de convivencia y mejora de la calidad de vida para las mayorías. Es el caso del creador del solidarismo, un movimiento que busca superar el egoísmo de empresarios que buscan la riqueza como única alternativa de los negocios y de los trabajadores que en su lucha buscan destruir las bases de la gerencia empresarial. Es el caso de Alberto Martén Chavarría, un extraordinario pensador, que en la época revolucionaria de los años 40, cuando el mundo parecía enterrar el fascismo con el inicio de reformas profundas en todas las naciones que tenían el fin de crear un mundo de progreso y convivencia pacífica.

Aquella época es recordada por la revolución de octubre de 1944 en Guatemala que buscaba la construcción de una república democrática que surgía de la bancarrota de los sistemas semifeudales del capitalismo heredero de la colonia española; que en Costa Rica se materializó con las grandes reformas sociales de los años 40 encabezados por Calderón Guardia, Mora Valverde líder comunista, Sanabria Martínez, Arzobispo de San José. La conjunción de pensadores aparentemente adversarios solo es posible por la cultura de un pueblo que cree que se puede convivir con personas que piensen diametralmente lo opuesto a lo que creo yo. Esa es la grandeza de esta nación. En Costa Rica la gloriosa década de los 40 culminó con la llegada de otros grandes reformadores que culminaron los cambios progresistas, uno de sus logros increíbles, la abolición del ejército por parte del grupo de cambio José Figueres, Alberto Martén, Daniel Oduber, Rodrigo Facio, entre muchos talentos.

Martén Chavarria se graduó de la Escuela de Derecho de Costa Rica en 1933, fue presidente de la primera Federación de Estudiantes universitarios de Costa Rica en 1930, así como fundador del Partido Acción Democrática. Toma parte en la Guerra del 48 como Segundo Comandante en Jefe de las Fuerzas Insurgentes. Dentro de su pensamiento está el superar la lucha fratricida que ha hecho tanto daño en varios países de América. El se convence de reconstruir la teoría del solidarismo en Costa Rica que es la respuesta a la enajenante confrontación entre el liberalismo el socialismo, está convencido de que no existe una teoría perfecta para el modo de producción, que tanto socialismo como liberalismo tienen cualidades y defectos, y que es posible construir una tercera vía que permita el crecimiento empresarial con adecuadas medidas para proteger a la clase trabajadora y permitirle un ahorro compuesto por pagos adelantados de la pensión del trabajador realizado por el empresario y ahorros del trabajador cuya suma total se le entregue como pensión al momento de jubilarse para que pueda vivir con dignidad.

No solamente eso, junto con Rodrigo Facio y otros fundadores de la segunda república, promovieron la nacionalización bancaria, en 1948, de manera que todos los ahorros públicos y privados pudieran utilizarse para financiar el desarrollo nacional.

¿Cómo pudo el país más pobre de América latina, al momento de la independencia convertirse en uno de los más desarrollados de la región?, ¿qué ha hecho el pueblo costarricense para convertirse en una de las repúblicas democráticas más sólidas de América?, la conquista iniciada 30 años después de la de Guatemala, y culminada cerca de 20 años después deparó una región pobre, con poca población y escasos recursos para la época. Según Samuel Stone, en la Dinastía de los conquistadores, Costa Rica solamente tenía 52,591 habitantes en el año 1801.

En esas circunstancias, hasta la independencia Cartago, su centro hegemónico era solamente una dependencia de la provincia de León. La población en su mayoría mestizos y blancos solo podía luchar por la supervivencia. Se formó una sociedad de personas que cooperaban mutuamente para sobrevivir, en lugar de esclavizar a los grupos indígenas, en general. El trabajo manual no era despreciable, como en varios países de América en donde el indígena y el mestizo eran tratados como esclavos o serviles y ser hijo holgazán de terratenientes es una virtud.

Desde aquel momento, el movimiento solidarista, junto con una amplia gama de reformas y eventos democráticos, han fortalecido una nación con relativa equidad y oportunidades de estudio y progreso. Que por supuesto siempre enfrenta los riesgos del retroceso. Desde sus inicios la propuesta de solidarismo ha permitido el avance y ha generado bienestar a miles de trabajadores, así como estabilidad laboral en muchas empresas. Todavía hay camino que recorrer.

Es un hecho reconocido por la sociedad el baluarte del solidarismo como uno de los ejes que promueven una sociedad estable. En Costa Rica cerca del 25% de los trabajadores está asociado al solidarismo. Tiene tanto impacto social este movimiento que el día  5 de diciembre se firmó un acuerdo de cooperación y colaboración entre la junta administrativa del Liceo de Heredia, centro de enseñanza media y la Asociación Solidarista de funcionarios de la Universidad Nacional. Como un hito histórico le fue entregado a la ASOUNA el busto del ilustre pensador Alberto Martén Chavarria.

Adrián Zamora -Asouna-, los hijos del sabio y directivos del Colegio de Heredia
El solidarismo, la lucha social convertida en unidad nacional 4

Adrián Zamora -Asouna-, los hijos del sabio y directivos del Colegio de Heredia

Es la muestra de como una sociedad establece lazos, pequeños pero firmes, de solidaridad y cooperación. El destacado dirigente solidarista Adrián Zamora, presidente de Asouna, en sus palabras ante la concurrencia estudiantil, profesorado y solidarista indicó: “…es un honor estar hoy con ustedes y poder participar de este convenio y de este acto como un reconocimiento más a los aportes del Solidarismo costarricense. Somos conscientes de que generar alianzas estratégicas en el ámbito educativo es fundamental para promover la colaboración entre instituciones, empresas y organizaciones, permitiendo el intercambio, conocimientos,  experiencias y recursos.”

Recordó, el máster Zamora Ugalde que la ley define que la asociaciones solidaristas son organizaciones sociales que se inspiran en una actitud de convivencia y solidaridad humana. Que tienen su base en 3 pilares o fines primordiales: la justicia y la paz social, la armonía obrero-patronal y el desarrollo integral de sus asociados.

En resumen Adrián Zamora afirma que es la esencia de los ticos, establecer como un fundamento filosófico estos fines y que debe ser fomentado en todas las personas del país,  ya que el Solidarismo es un logro nacional, que se irradia por Centroamérica y ojalá todo el mundo. Ya que “ha generado el bienestar económico y desarrollo social a lo largo y ancho de todo el territorio nacional, con más de 1.4000 asociaciones solidaristas, a través de 76 años y más de 360 000 afiliados.”

Mediante la economía social, se constituye un tejido social que producen riqueza y la distribuyen entre sus asociados y sus familias, fomentan el ahorro mejorando la calidad de vida de las personas, gracias al trabajo colectivo con el ahorro de los trabajadores y el aporte patronal de la cesantía.

En 1949 (a los 40 años), Alberto Martén Chavarría en su cargo de Director de la Oficina de Coordinación Económica de Costa Rica, envió una carta a la Asamblea Nacional Constituyente, relacionada con el funcionamiento y propósito de la Oficina que dirigía. Junto con su carta, acompañó una Declaración de Principios indicando que:

“Sobre la base de una economía de abundancia, corresponde al Estado el implantamiento progresivo de la justicia social por medio de la educación, el fomento del solidarismo económico, la fijación de salarios, tributos justos, la protección a las cooperativas y el mantenimiento de tribunales de trabajo, instituciones de servicio, seguro y previsión sociales.”

Como parte del entramado social las asociaciones solidaristas son organizaciones sociales que se inspiran en una actitud humana, por medio de la cual el hombre se identifica con las necesidades y aspiraciones de sus semejantes, comprometiendo el aporte de los recursos y esfuerzos para satisfacer esas necesidades y aspiraciones de manera justa y pacífica. Su gobierno y su administración competen exclusivamente a los trabajadores afiliados a ellas.

Los fines primordiales de las asociaciones solidaristas son procurar la justicia y la paz social, la armonía obrero-patronal y el desarrollo integral de sus asociados. En Guatemala podemos aprender del adagio que dice: las naciones pueden aprender lo mejor de otras naciones para construir repúblicas estables, felices, progresistas.

Area de Opinión
Libre emisión del pensamiento.

Le invitamos a leer más del autor:

Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

Avatar de Cristobal Pérez-Jerez