OpiniónColumnas

Beneficios del mindfulness en el ecosistema áulico

Reflexiones

«No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear.»
Jon Kabat-Zinn

El aula del siglo XXI está marcada por una estimulación constante (espacio de relaciones pedagógico-social), en un área de 4X4 conviven hasta 50 individuos, la sobrecarga de información (infoxicación) y niveles crecientes de estrés (de origen económico, social, político), tanto para quienes enseñan como para quienes aprenden. En este entorno, el mindfulness o atención plena es la práctica de prestar atención al momento presente de manera intencional y sin juzgar, ha pasado de ser una técnica de bienestar opcional a una herramienta pedagógica crucial.

Introducir la atención plena en la educación transforma el clima escolar al actuar directamente sobre la regulación emocional y el enfoque cognitivo. El mindfulness o atención plena es la capacidad humana básica de estar completamente presente, consciente de dónde estamos y lo que estamos haciendo, y no abrumados o sobreactivos por lo que sucede a nuestro alrededor, como lo dijo Herbert Mead: “somos conscientes cuando lo que vamos a hacer controla lo que estamos haciendo”. 

Aunque tiene raíces en tradiciones meditativas budistas, el enfoque que utiliza la ciencia moderna popularizado en Occidente por el Dr. Jon Kabat-Zinn en los años 70 es completamente laico y se define como: “prestar atención de manera intencional al momento presente, con curiosidad y sin juzgar”. En lugar de vivir en piloto automático (pensando en el pasado o preocupándonos por el futuro), la atención plena entrena al cerebro para anclarse en el aquí y ahora, utilizando estímulos como la respiración, las sensaciones corporales, la música (clásica, zen, tai-chi) o los sonidos del entorno en el caso del área rural.

Los docentes enfrentan altas tasas de desgaste profesional (burnout) estado de agotamiento físico, mental y emocional provocado por el estrés laboral. Es importante mencionar esta condición porque causa fatiga extrema, desmotivación, cinismo y una disminución en la productividad, afecta profundamente nuestra salud y calidad de vida, por lo que entender sus matices es clave para identificarlo. Recuperarse requiere aceptar que se padece este síndrome, por lo que se debe descansar adecuadamente y buscar apoyo como en el mindfulness ya que este ofrece herramientas de autorregulación que impactan directamente en su práctica docente diaria. El mindfulness disminuye la producción de cortisol (la hormona del estrés), ayudando a los maestros a gestionar la presión del cumplimiento del currículo nacional base, la carga administrativa y la problemática del aula.

Permite pasar de la reacción automática ante un conflicto (como un problema de disciplina) a una respuesta consciente y pausada bajo una regulación emocional, esta forma de responder al estimulo evidenciará a un docente sereno y presente modelando con calma. Esto generará un ambiente seguro y de confianza, reduciendo la tensión general en el salón de clases. Convengamos en que el mindfulness fomenta la empatía al practicar una escucha más activa y sin prejuicios.

Para el maestro la práctica de mindfulness otorga mayor claridad en la toma de decisiones pedagógicas y flexibilidad didáctica, sus relaciones serán más empáticas y horizontales con la comunidad educativa y la prevención del desgaste profesional (burnout) será mejor y tendrá una mayor paciencia ante los problemas socioeducativos.

Para los alumnos, que navegan en la era de la distracción digital y la ansiedad académica, el mindfulness fortalece las funciones ejecutivas del cerebro. Enseña a la mente a regresar al presente cuando se distrae, lo que optimiza los procesos de memoria de trabajo y retención de información, ayuda a la ampliación temporal de la atención y en consecuencia se amplía la concentración.

El mindfulness impacta en el incremento en la capacidad de memoria de trabajo y foco sostenido, en la reducción de la ansiedad escolar y en el mejor manejo de la frustración y en una mayor colaboración, empatía mutua y disminución de conductas disruptivas.

Reduce notablemente la ansiedad frente a los exámenes, ejercicios e investigaciones, permitiendo a los estudiantes abordar los desafíos académicos con mayor claridad conceptual. Aprenden a reconocer sus emociones (frustración, enojo, miedo) sin identificarse con ellas, facilitando la recuperación ante el fracaso o el error pedagógico, permite aprender a ser resiliente. Al desarrollar una mayor metacognición, se incrementa la empatía hacia los compañeros, disminuyendo los índices de conflictividad y acoso escolar (bullying).

Es importante que ahora que se está trabajando en el MINEDUC en la regulación para las futuras Escuelas Normales se tome la decisión de incluir un curso relacionado al mindfulness en la formación inicial de docentes, debido a que estudios realizados en prestigiosas universidades como Harvard y el Instituto Smithsonian a través de su división de divulgación científica (Smithsonian Magazine), ha documentado ampliamente las investigaciones de neurocientíficos y psicólogos sobre la atención plena.

Es momento de actuar con responsabilidad.

Area de Opinión
Libre emisión del pensamiento.