
Clases numerosas
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Es conocido como un problema muy común – al menos en Américas Latina – para el profesorado, laborar con grupos de clases muy numerosos, que inclusive en ocasiones sobre pasa el local como tal sobrepasa la capacidad de estudiantes, los cuales deben andar con sus sillas o pupitres a cuesta, para posteriormente en el mejor de los casos, devolverlas al lugar de origen.
Hecho que por si tiene más detractores que ventajas, ante la calidad de la clase, la atención individual de los estudiantes, ante la imposibilidad del docente trasladarse dentro del aula o salón de clases, pero que además favorece al poco control de la disciplina, ante la “muralla impenetrable”, impedido por lo antes expuesto.
Un docente que se sitúa en una posición – que de poseer estrado – podría avizorar o a los estudiantes situados al final, que de por sí, ya estos por estar ubicados en dicha posición a duras penas escuchan las orientaciones y menos visualizar lo que está escrito en la pizarra, luego prácticamente “la fila de atrás” resulta excluyente de la opción de aprender.
Para una clase cuya duración oscile entre 45 – 50 minutos (la llamada hora clase), que reglamentado, al estudiante se le debe dar receso, la entrada de los estudiantes, el ubicarse, el control de la disciplina, afectará el tiempo tal vez en un 15 % (para ser conservador); revisión de las actividades no presenciales (o tarea), será casi imposible; 50 minutos de clase a desarrollar, para lo cual el docente dedicó ¿un par de horas, tres?, que por todos los peros antes señalados, la acción de una buena clase se auto deteriora, asi de sencillo.
Y lo ¿peor? de todo, la imposibilidad de que el docente pueda realizar un trabajo social, en el inculcar valores, incidir en las llamadas competencias blandas (puntualidad, trabajo en equipo, comunicación efectiva y asertiva, empatía, entre otras muchas)
Con el presente texto queremos sugerir la aplicación de un sinnúmero de técnicas, para actividades grupales, cuya dinámica y desarrollo dependerá obviamente del docente, pero lo más importante, “la química” con sus pupilos a través de actividades de mucha creatividad, que rompan los esquemas tradicionales de 5 minutos para pasar la lista, 2 minutos para dictar el título de la clase y anotarlo en la pizarra, la fecha…y equiparar el resto del tiempo en introducción, desarrollo y conclusiones.
Una clase es buena, cuando lo impartido y sobre todo el aprendizaje se extienda, fuera del local donde se imparte la misma; donde predomine la inquietud de los que la recibieron, lo cual conlleve a una extensión de la clase fuera de las paredes de la institución, en la biblioteca (de la escuela o de la localidad) y en el mejor de los casos en la casa de unos de los propios estudiantes y sino sencillamente en el parque, sí en el parque.
Habrá que romper con la tradicionalidad que el docente sea un sencillo trasmisor de la información y que el aprendizaje sea unidireccional, ¡no!; habrá que modificar el “traje” a ser un en orientador, un organizador de actividades, donde se le de seguimiento a las mismas, que estas se discutan, se confronten entre los propios estudiantes, a partir de información seria y confiable.
A lo anterior, se suma la necesidad de la retroalimentación de los realizado por los jóvenes y del docente en verificar el impacto en los mismos.
Siempre he sido del criterio, que una buena clase, cambia la conducta del estudiante, mejor si todas sus clases lo logran.

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