Columnas

Clima, migración y caos

El cambio climático (CC) es producto del irracional modelo socioeconómico imperante, la ausencia de políticas de prevención y mitigación gubernamentales, y el egoísta individualismo de las sociedades acomodadas; además de los daños ambientales, se estima que el CC provocará la migración de 200 millones de personas en los próximos años, generando un caos social, habitacional, alimentario y sanitario.

Paradójicamente, las sociedades que menor responsabilidad tienen en el CC son quienes mayormente sufren sus consecuencias. Los países subdesarrollados que menos contaminan cuentan con numerosa población rural, que vive en pobreza y depende de la agricultura, la cual se ha hecho inviable por las sequías, el exceso de lluvias, la pérdida o salinización del suelo.

Son estos conglomerados sociales, que producen los alimentos que el mundo consume, quienes se ven obligados a migrar a las ciudades, para sobrevivir. Por su pobreza, se desplazan principalmente a urbes dentro de sus países, pero el flujo migratorio internacional va en incremento y será imparable. En esta dantesca escena, las mujeres, los niños y los ancianos llevan la peor parte.

El temor de Donald Trump sobre migraciones masivas a EE. UU. ya es una realidad, provocada por el modelo socioeconómico que él defiende a ultranza, el cual es depredador ambientalmente, altamente contaminante e insostenible en todos los ámbitos. En vez de atacar las causas de la migración socioambiental, fantasea con la construcción de un muro de contención, que equivale a querer tapar el sol con un dedo.

El Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte es una medida tibia e insuficiente para frenar un fenómeno planetario, provocado por sociedades consumistas como la estadounidense. En Guatemala, 7.5 millones de personas padecen desnutrición y hambre, y carecen de opciones. La mejor oferta del Plan es de $750 millones por año, o sea, Q760. por persona hambrienta, para quienes la migración es una alternativa desesperada, en un país donde no le ofrecen más que pobreza, violencia y moralejas.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), es muy difícil calcular con exactitud los volúmenes de la migración provocada por el CC, debido a la complejidad del fenómeno, pero el cálculo más reiterado es de 200 millones de migrantes para 2050. Sin embargo, dicha institución previene que las estimaciones más alarmistas están siendo superadas en la práctica, en mucho menos tiempo de lo esperado, en más lugares de los previstos. Es decir, el caos está a la vuelta de la esquina, y poco hacemos al respecto.

La devastación provocada por los fenómenos climáticos cada vez es más intensa, con mayor cobertura, y más frecuente. Esto no solo afecta a más personas, en más lugares y más seguido, sino que genera migraciones forzosas e irreversibles. Fenómenos como la salinización de los suelos requerirán miles de años para ser revertidos.

La pérdida consecutiva de cosechas ha provocado que miles de comunidades campesinas se hayan quedado sin semillas nativas, adaptadas al clima y al suelo del lugar, gracias a cientos de años de selección genética. Sin semillas, con hambre y un clima impredecible, la migración es la única opción. Esto, sin olvidar que la economía campesina-indígena produce el 75% de los alimentos del mundo. Al migrar los productores, habrá menos comida para todos.

Menos contaminación, más conciencia y mejor ciudadanía, deberían ser los pilares de nuestra acción cotidiana, antes de que el caos nos alcance. ¿Se apunta?