
Cuando el Crimen Organizado Impone su Ley
Una Guatemala Diferente Es Posible
Algunos países de América Latina están viviendo momentos de profunda oscuridad, la expansión del crimen organizado y la captura de las instituciones del Estado por estructuras criminales están destruyendo el tejido social, la confianza ciudadana y la esperanza en la democracia, lo que antes se pensaba imposible, que los criminales gobernaran desde las sombras, hoy es una triste realidad.
Con el asesinato de Carlos Manzo en México, alcalde de Uruapan, durante la celebración del día de los muertos, se demuestra el poder de la criminalidad organizada para asesinar a todo aquel que va en contra de sus intereses, este hecho ha estremecido al país y dejado en evidencia el poder de las mafias que dominan territorios, economía y decisiones políticas; su muerte no fue casualidad, sino un mensaje de terror dirigido a todos aquellos que se atrevan a desafiar a los poderes oscuros. Manzo se convierte así en un símbolo, en un mártir de la democracia, víctima de un sistema que ha permitido que los delincuentes actúen con total impunidad.
No es el único caso, en Colombia el asesinato del senador Miguel Uribe Turbay, representa otra herida en la lucha por preservar la institucionalidad y la dignidad del Estado frente a la violencia. Uribe había denunciado la penetración de estructuras criminales en la política y los nexos entre el narcotráfico y ciertos sectores de poder, su voz fue silenciada, como la de tantos otros que, desde diferentes trincheras, se niegan a rendirse ante la corrupción y la violencia. Ambos asesinatos reflejan un patrón común, la consolidación de una alianza entre crimen organizado y política, donde las estructuras ilegales ya no solo buscan dinero, sino poder, impunidad y control; las mafias entendieron que dominar el Estado resulta mas rentable que enfrentarlo, así, infiltraron ministerios, fiscalías, tribunales y fuerzas de seguridad, convirtiendo a las instituciones en escudos para proteger sus intereses.
En este contexto, resulta urgente reconocer que el crimen organizado ha dejado de ser un problema local para convertirse en una amenaza regional, e incluso continental, las rutas del narcotráfico, el lavado de dinero, el contrabando, la trata de personas y los ciberdelitos trascienden fronteras, de allí la necesidad de una respuesta coordinada entre los países latinoamericanos y especialmente con los Estados Unidos, cuyo papel es clave en la lucha contra estas redes criminales que operan desde el sur hasta el norte. Pero la cooperación no debe limitarse a la entrega de recursos o a la presencia de agencias extranjeras, es necesario un compromiso real, que priorice la depuración de las instituciones y la protección de quienes denuncian la corrupción y la criminalidad.
Los asesinatos de Manzo y Uribe deben servir como punto de inflexión, no pueden quedar impunes ni olvidados, son una advertencia y, al mismo tiempo, una llamada a la acción; la sociedad civil, los medios de comunicación, las fuerzas de seguridad y los gobiernos deben entender que no hay democracia posible cuando los criminales dictan las reglas; el alcalde Carlos Manzo de México y el senador Miguel Uribe de Colombia, murieron por creer en la posibilidad de un Estado digno y soberano, donde la ley prevalezca sobre la impunidad, su ejemplo debe encender una llama de resistencia en cada ciudadano que aún confía en la democracia, porque si callamos ante estos crímenes, los próximos mártires podrían ser los que hoy siguen creyendo que vale la pena luchar por un país mejor.
América Latina necesita recuperar la esperanza, pero esa esperanza no vendrá sin sacrificio, honrar la memoria de quienes dieron su vida por defender la verdad y la justicia implica continuar su lucha, significa exigir transparencia, fortalecer el sistema judicial, el sistema de seguridad, blindar los procesos electorales y proteger a los servidores públicos honestos. Solo así podremos romper el ciclo de violencia y criminalidad que pretende condenarnos al miedo, solo de esta manera honraremos a quienes, con su vida, nos recordaron que la libertad y dignidad, no se negocian.
AL RESCATE DE GUATEMALA.
GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES.

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